Dicen que “poco dura la alegría en casa del pobre” y durante este mes ha sido justo una semana lo que ha durado en casa del hipotecado a interés variable, es decir, en algo más de 3 millones de familias.

Todos estamos pendientes del euríbor desde que comenzara a subir a finales del 2021 desde valores negativos cercanos al -0,5%. Y empezó a coger velocidad poniéndose en positivo en abril del 2022 y en una subida vertiginosa impulsada por el BCE, alcanzó el 3,953% el pasado día 10 de marzo.

La influencia de la tormenta financiera causada por el desastre del Silicon Valley Bank al otro lado del Atlántico, a la que siguió la del Credit Suisse, un clásico europeo fundado en 1856, impulsó al euríbor hacia abajo y durante una semana vivimos la ilusión de que la pesadilla podría darse la vuelta. Nada más lejos de la realidad, la pronta actuación del Banco Nacional de Suiza impulsando la compra de Credit Suisse por parte de su rival UBS, en apenas 3.000 millones de euros y las palabras de Lagarde, asegurando la estabilidad financiera en la zona euro, han conseguido que de nuevo el euríbor vuelva a la senda alcista.

Y no ha sido pequeña la caída del índice hipotecario por excelencia, que en una semana ha descendido un 0,6% desde el  mencionado 3,953% del día 10, al 3,322 de ayer mismo, día 21 de marzo. Pero hoy ha vuelto a recuperar el positivo y se ha colocado en el 3,468%. Todas las voces de los analistas aseguran que seguirá subiendo.

Porque, aunque la Reserva Federal (Fed) de Estados Unidos ha acordado este miércoles una subida de 0,25 puntos en los tipos de interés, que se situarán ahora en una horquilla entre el 4,5 y el 4,75%, en un nuevo intento para contener la inflación, siendo ya la octava subida en un año, Lagarde continúa asegurando que va a seguir cumpliendo con su hoja de ruta para bajarla en la zona euro.

Ya lo confirmó el pasado 16 de marzo, antes de la decisión de la Fed, subiendo los tipos un 0,5% y subrayando que, a pesar de los problemas financieros, el BCE mantiene intacto su compromiso de estabilidad de los precios para estabilizar la inflación en el 2% en el medio plazo.

Y este medio plazo, a pesar de la mejoría, va a hacerse muy largo para los que tengan que sufrir un euríbor que puede acercarse al 5%. Y también para los bancos españoles que ya están previendo el comienzo de problemas en el cobro de las hipotecas a partir de abril. Y fijan su mirada en las más de un millón y medio de hipotecas variables firmadas entre 2016 y 2021, con los tipos en el cero y que pueden ser las más perjudicadas por la escalada del euríbor, por ser muchas de ellas de hogares vulnerables.

Estas hipotecas, que representan más de 155.000 millones de saldo vivo hipotecario, apenas pagaron intereses hasta el pasado año. Pero ya ha saltado la voz de alarma porque con más de un 3,5% de intereses con el euríbor, la morosidad, hasta ahora casi inexistente, está comenzando a resurgir.

La situación no se va a solucionar en unos meses ni tampoco en tres años, porque aunque se ha experimentado una cierta mejoría, en el BCE estiman que la inflación se mantendrá por encima del 5,3% este año, para bajar ligeramente del 3% el 2024 y situarse en el 2,1%, aún por encima del objetivo, en el 2025.

Ante este panorama sabemos que Lagarde seguirá subiendo los tipos de interés y que en su perspectiva no contempla otras medidas posibles ni otros objetivos. De tendencia liberal, siempre ha estado del lado de los bancos, rechazando la reestructuración de la deuda griega y suavizando las medidas contra la especulación de capitales. Revisando su tarjetero podremos encontrar a todos los banqueros y financieros importantes del mundo y muy posiblemente a ninguna persona que tenga una hipoteca.

Su actitud la podemos entender muy claramente cuando en medio de las turbulencias financieras y teniendo que empezar a pensar en rescates, se ha negado a limitar la distribución de dividendos o de los movimientos de recompra de acciones por parte de las entidades financieras, transmitiendo a la vez cierta tranquilidad. Considera que están bien capitalizados y avisa que cuentan con mecanismos y que actuará si es necesario.

De momento, sus continuas subidas de tipos de interés están impulsando las ganancias de los bancos, con grandes beneficios en el 2022 y poniendo en grave situación el equilibrio económico de millones de familias y también los puestos de trabajo de muchos europeos en todos los sectores…industrial, inmobiliario, turismo…

La próxima reunión del BCE será en mayo y esta vez Lagarde no ha avanzado cuál podrá ser su orientación, que dependerá de los datos macro que vayan saliendo. Una pista y mala podrían ser las declaraciones de los llamados “sabios alemanes”, miembros del Consejo de Expertos Económicos del Gobierno alemán, que han declarado que la inflación sigue estando muy por encima del objetivo del BCE, “lo que sugiere la necesidad de nuevas subidas de tipos de interés este año.

En estos momentos el tipo de interés medio al que nuestros bancos conceden hipotecas se mueve alrededor del 3,6%, es decir el mayor interés desde abril del 2012 y más del doble (1,418%) al que se registraba en enero del pasado año. Con la inflación todavía alta y con la cerrazón de actuar sobre otros componentes económicos como los beneficios empresariales o los precios energéticos, los tipos continuarán subiendo, seguro que por encima del 4% para el verano y se acercarán al 5% si la inflación no cede.

De momento el mercado laboral sigue aguantando porque el consumo también lo hace. Con casi un tercio de nuestro PIB ligado al consumo interno, el equilibrio es delicado y los precios energéticos, la alimentación y el incremento de las cuotas hipotecarias están haciendo mella en la economía familiar.  Sin caer en el catastrofismo van a ser necesarias medidas para ayudar a todas las familias con problemas y evitar que la renta familiar vaya a engrosar los beneficios extraordinarios de estas grandes empresas. Con la energía ya se ha actuado, con la alimentación se ha puesto un parche -bajada del IVA- que no funciona y con las hipotecas aún no se ha hecho nada, porque hablar de acuerdo voluntario no obligatorio es como una chacota checa.

En países vecinos como Francia, la situación no es tan grave. Sus sueldos medios son mayores,  39.971 euros frente a los 27.570 en España y el coste de la cesta de la compra es casi un 25% menor que en España -toca preguntarse por qué-.

En nuestro país los empresarios se resisten a elevar los salarios,  y ayer mismo volvieron a reunirse con CCOO y UGT sin ninguna propuesta que hacer. Pero si la inflación y el precio de la vivienda -sea en la cuota hipotecaria o el alquiler – continúa elevándose, el choque será inevitable. El propio BCE ha acusado a los beneficios empresariales de estar detrás de la alta inflación y en España la situación es más que evidente. Se hace necesario actuar más pronto que tarde, porque no es de justicia que sea finalmente el dinero público quien contribuya a estos beneficios, pero en año electoral se muestra un tanto difícil legislar, como ya podemos estar comprobando. Y la Ley de Vivienda que ni está ni casi ya se la espera, es sólo una muestra.

Periodista económico

Eduardo Lizarraga

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