Opinión

El virus hunde el turismo, infecta el inmobiliario y arrasa la hostelería

Hay sectores económicos que caminan de la mano y que cuando el uno se constipa el otro tose. Pero cuando uno de ellos representa nada menos que el 14,3% del PIB, como es el turismo, y tiene problemas como los actuales, son muchos los sectores afectados, multiplicándose los daños económicos.

A falta de otras estadísticas, hemos conocido hace unos días la Encuesta de Gasto Turístico correspondiente al primer trimestre del año. Y entre ellos podemos entresacar los del mes de marzo, con la mitad del mes ya en estado de alarma. Es cierto que el sector estaba parándose desde mediados del mes de febrero, cuando comenzaron a llegar noticias de contagios fuera de China, pero los datos son para llorar. Los turistas que visitaron nuestro país gastaron 2.215 millones de euros, es decir, una caída del 63,3% frente a los datos del año anterior. Y a partir de ese momento el vacío.

Sin turistas, con los españoles confinados y los negocios cerrados, la hostelería puede reducir este año las ventas entre un 55 y un 60%, lo que representa entre 67.000 y 72.000 millones de euros menos y una pérdida de más de un millón de puestos de trabajo. Se estima, que al menos un 15% de los negocios de hostelería del país no podrán sobrevivir a la crisis que nos viene y cerrarán de forma definitiva.

Las comunidades más afectadas serán las que más dependencia presentan del turismo. Es decir, Andalucía, Cataluña y Madrid son las que perderían más puestos de trabajo, al disponer de más del 50% de los empleos existentes en hostelería.  En porcentaje sobre el total de empleo existente en cada autonomía, Baleares y Canarias serán las que sufrirán la situación en mayor medida, con posibles pérdidas del 10,2%  y del 7% de sus puestos de trabajo totales respectivamente. Son las dos regiones españolas con mayor dependencia del turismo en su economía, llegando en ambos casos a un tercio del PIB.

En el sector inmobiliario las cifras no son mejores. No se había terminado mal el año y aunque los primeros meses ya se notaba una estabilización a la baja y parecía que iba a ser un año de transición, encarándose un 2021 otra vez de crecimiento, la situación ha dado un vuelco absoluto. Los datos publicados por el INE en enero de este año mostraban una caída del 2,65% interanual en tanto que los del Consejo General del Notariado llevaban el ajuste al 5,92%. Bajada en las operaciones de compraventa y también en los precios, que en la misma fecha caían un 1,49%. Y si los cambios legislativos introducidos en el sector por el Gobierno: limitación del aumento de las rentas al IPC, aumento del plazo de duración de los contratos de arrendamiento y sobre todo la nueva ley hipotecaria, junto a los anunciados de control de alquileres en las zonas calientes de las ciudades y cambios en la fiscalidad de las socimis ya estaban generando advertencias de desincentivación de las inversiones inmobiliarias, ¿qué puede pasar con la crisis inmobiliaria que ya está en marcha? Y a ello hay que añadir la necesidad de liquidez de muchos pequeños inversores, la caída de la demanda en vivienda nueva y el problema con los desahucios que llegará de nuevo a partir de octubre.

Con datos de la bola de cristal, las nuevas previsiones del Fondo Monetario Internacional y de la Unión Europea estiman que en nuestro país el PIB podría caer un 13%, cifra que el Banco de España lleva hasta el 13,7%. Esta dramática reducción del PIB tendrá un efecto inmediato sobre el aumento del desempleo, que podría llegar al 20%, rondando los 4,8 millones de parados. Y el mercado de la vivienda sufriría una contracción de entre el 25 y el 30% en operaciones de compraventa. Teniendo en cuenta que el 2019 se cerró con un descenso del 2,52% y unas ventas totales de 568.180 unidades, no quiero aplicar ese 25 ó 30% de descenso porque quisiera dormir el fin de semana. La caída no se detendría hasta mediados de 2021, dependiendo de cuál sea la tasa de desempleo y el descenso final de la economía

Así las cosas parece más que razonable que se intente impulsar el turismo de una u otra manera. Y así lo ha entendido la Unión Europea en la que al menos 27 millones de empleos directos o indirectos dependen de la actividad turística, representando un 10% del PIB de toda la UE. La contracción, al menos de un 40% de la actividad,  para todo el 2020, es un desastre de proporciones desconocidas. Ya se está hablando además que hasta el 2023 no se recuperarían los datos del pasado año. Es decir, nada de V y cuatro años de vacas flacas.

Para hacer frente a esta situación la Comisión Europea ha pedido que se aporte un mínimo de 500.000 millones de euros, dejando aparte las acciones de cada país. Porque con cifras, que como en el caso de Grecia, con más del 20% del PIB en la cesta turística, todos los países europeos se están viendo afectados. No en vano uno de cada dos turistas del mundo visita Europa cada año.

Francia, con más de 90 millones de turistas, es el primer destino mundial y el sector turístico representa un 8% de su PIB algo más diversificado que el español o el griego.

El Gobierno francés, que ha reconocido la salvación del turismo como una prioridad nacional, ha anunciado un plan de inversiones de 18.000 millones de euros, de los que tan sólo 1.300 millones serán de inversiones públicas directas, siendo el resto, más de un 92%, ayudas al paro de los casi 2 millones de franceses afectados por la caída del sector turístico y créditos para las empresas.

Italia, el país más afectado por el Covid-19 en Europa, quiere recuperar el impulso turístico con sus nacionales, dándoles unas ayudas en descuentos y deducciones por un monto total de 2.400 millones de euros,  para que puedan viajar este verano por su propio país. Además gastará otros 1.600 millones en promoción internacional y desinfección de los establecimientos. Quiere dar seguridad a sus posibles visitantes y considera que puede adelantar al 3 de junio la reapertura de las fronteras, si el virus no vuelve a tomar protagonismo; medida que a tenor de sus últimos datos podría ser algo precipitada y que podría resultar muy contraproducente si hay que dar marcha atrás. También quiere eliminar la cuarentena impuesta para los turistas procedentes de la Unión Europea.

Grecia, con 2.850 contagios y 166 fallecidos  ha sido unos de los países europeos menos castigados por el Covid-19. Su delicada situación económica no le permite muchos esfuerzos, pero contempla un conjunto de ayudas de 1.000 millones de euros a las empresas afectadas. En estos momentos tanto la península como sus islas han abierto ya las playas.

Alemania, con un 4,4% de su PIB ligado a la actividad turística, no ha tomado medidas directas de impulso al sector. Pero si que está ayudando a sus grandes empresas afectadas por el desastre turístico, como a Lufthansa, a la que podría rescatar con 9.000 millones de euros. También el Grupo TUI, principal turoperador europeo, ha visto como se autorizaba un crédito por 1.800 millones de euros. Para convencer a su Gobierno de la gravedad de la situación, ha tenido que despedir previamente a casi 8.000 trabajadores. Parece que la recomendación del Gobierno alemán a sus nacionales, de que no se viaje a otros países, podría ser retirada a primeros de junio.

En nuestro país se está a la espera de que el Gobierno organice una cumbre con las Comunidades Autónomas más afectadas, para fijar un Plan de Salvación Nacional para el sector. Y será bueno que se den prisa para un sector muy nervioso y castigado, sobre todo después de que la patronal turística haya difundido que espera una caída en la actividad del 81% hasta finales de año. La cuarentena a los turistas extranjeros, que ya se está aplicando, no ha sentado muy bien al sector y tampoco que en Baleares se haya devuelto a su país a varios alemanes que no podían justificar un domicilio en las islas. En todo caso, la cuarentena podría ser cosa de días hasta que la Unión Europea organice los pasillos seguros.

Porque esta es la propuesta de Bruselas para poder salvar el turismo dentro de la Unión este verano. En primer lugar una desescalada progresiva en tres fases, que dependerá de la situación epidemiológica en cada país. Parece que Italia está intentando correr mucho –Venecia vacía aprieta para sobrevivir- y podría pagarlo si la epidemia se recrudece.

La primera fase comenzará a partir del 15 de junio y se intentará la creación de corredores seguros entre países de igual situación ante la contención de la pandemia. El objetivo es la circulación laboral y familiar entre estos países.

En la segunda fase, con una epidemia que se supone ya más contenida, se podrá comenzar a dar cobertura a viajes casi turísticos, aunque la situación en hoteles, restaurantes, playas y ciudades no tendrá nada que ver con la que disfrutábamos. La Comisión Europea quiere dejar claro que frente a los intereses económicos de las empresas, prima la seguridad de los ciudadanos y sus derechos, que no podrán ser conculcados por los intereses, por ejemplo, de las compañías aéreas. Empresas a las que no se obligará a mantener vacío el asiento central, aunque se deja autonomía a los países miembros para que tomen esta medida si lo consideran conveniente.

En España, como en el resto de Europa, el sector turístico se resiste y es lógico, a dar el año por perdido. Pero la realidad es tozuda y sin una vacuna –puede tardar años- y con una seroprevalencia del 5%, lo que junto a la canallada de asumir 300.000 muertos en la búsqueda de esa inmunidad, aleja de forma definitiva la absurda teoría de la inmunidad de grupo, el turismo extranjero se va a resistir a viajar. Aunque le pongamos alfombras rojas de seguridad casi absoluta.

Así las cosas, parece que lo más inteligente para el sector es centrarse en el turista nacional, o incluso en el francés que puede venir en coche. Y aquí llegan algunas sorpresas, porque una reciente encuesta realizada a una muestra de más de 2.500 españoles indica que la mitad no espera realizar ningún viaje turístico este verano, sea por el Covid 19, sea por la situación económica que viene, que va a ser muy lamentable. Otro 20% hará turismo por España a sus lugares habituales, aunque huyendo de la masificación, un 8%  que pensaba salir al extranjero lo hará por nuestro país, frente a otro 9% que mantienen sus planes de viaje al exterior; el 10% restante elegirá lugares del interior de la península huyendo del riesgo de contagio. También,  casi la mitad de los que viajarán, considera que gastará menos dinero que el pasado año.

La situación del turismo y la hostelería para este verano es muy complicada. Por más que se elimine la cuarentena y se abran los aeropuertos, el turismo extranjero va a brillar por su ausencia. La pandemia no ha desaparecido y nadie viaja por gusto a un lugar en el que se están muriendo personas y se corre el riesgo de infectarse. No podemos ocultar los datos y todavía no son buenos ni lo van a ser en unos meses, como poco. Va a primar la seguridad y en ese concepto la primera resolución que aparece es quedarse en casa este año.

Y es esa seguridad y los esfuerzos que hagamos para mantenerla, lo que puede dar una oportunidad para destinos que, superado el contagio y sin riesgo, se conviertan en lugares seguros para la práctica vacacional del turismo, frente a destinos de mayor riesgo o sensación de inseguridad. Las estrictas medidas de tipo sanitario darán ventajas competitivas a los destinos que las implanten. Lo contrario, el querer correr, ocultar datos y aparentar normalidad puede irnos muy en contra. No cometamos la torpeza de querer simular que no ha pasado nada.

Eduardo Lizarraga

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Eduardo Lizarraga
Periodista Económico CEO en www.aquimicasa.net
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