Acabas de encontrar las mejores propuestas de vivienda en Pamplona

Levantadas para defender a sus habitantes de los peligros del exterior y de las invasiones de sus enemigos, las murallas habían pasado de ser meros muros o tapias en la época prerromana, hasta constituir grandes y potentes cinturones defensivos, bordeados de fortines y preparados contra la artillería, a partir del siglo XIV. Pero lo que había dado vida y seguridad a las ciudades durante casi dos mil años las ahogaba en el siglo XIX.

El fin de las guerras napoleónicas, que mostraron la inutilidad de las murallas ante los avances militares, marcó el asentamiento de la revolución industrial en toda Europa y abrió un periodo de crecimiento y tranquilidad. Y con ellos la caída de las defensas de las grandes ciudades europeas que, poco a poco, se fueron deshaciendo de unos límites que les constreñían en espacios insalubres y les impedían crecer.

En España, por poner un ejemplo,  Barcelona se deshizo de ellas en el año 1854, despegando como ciudad y pudiendo construir el Eixample. En el medio siglo que medió entre 1854 y 1900 la ciudad ganó 350.000 habitantes y superó las 500.000 almas.

La situación en Pamplona era algo distinta. Su consideración como fortaleza militar hacía que cualquier decisión sobre el mantenimiento de las murallas pasara por la decisión de los militares. Y ésta era firme: las murallas se quedaban. Y con ellas toda una serie de limitaciones, como la de no poder construir en el terreno que mediaba entre ellas y 1200 metros a su alrededor, la distancia que alcanzaba un disparo de cañón de la época, para que los hipotéticos enemigos que quisieran atacar la ciudad no pudieran protegerse y quedaran en descampado.  Y no se acababan aquí las limitaciones, sino que más allá de esa distancia todas las construcciones debían ser de madera y no superar una determinada altura.

La visita del rey Alfonso XII en 1884 marcó el inicio de las negociaciones con los militares, que terminaron transigiendo y vendiendo su permiso a cambio de dinero y metros cuadrados, llegaba el primer Ensanche. Así, en 1891 se derribaron los baluartes de San Antón y de la Victoria, junto con la puerta de San Nicolás  que se instalaría posteriormente en los jardines de la Taconera.

Este primer Ensanche, o Ensanche Viejo, comprendió sólo cinco manzanas de casas que se demostraron rápidamente insuficientes para las necesidades de crecimiento de la ciudad. La zona corresponde al actual Parlamento de Navarra, La Escuela de Artes y Oficios, La Alhóndiga… Se hacía necesario continuar con la expansión, pero aún se tardaría más de dos décadas.  Las negociaciones con los militares se iniciaron en 1901 y fueron largas y complejas, con petición de grandes cantidades de dinero por su parte y la continua argumentación de la defensa de la ciudad. Hubo que esperar a la Primera Guerra Mundial, que convenció a los militares de la inutilidad de las murallas ante las nuevas armas, sobre todo la aérea, facilitando la posibilidad de construir nuevos barrios con pisos en venta para vivir en Iruña-Pamplona.

El derribo de las murallas de su parte sur se inició el 25 de julio de 1915. El nuevo barrio tendría un trazado ordenado de forma reticular diseñado por el arquitecto municipal Serapio Esparza», con manzanas cuadradas con un patio interior. Era una clara reminiscencia tardía de los ensanches del SigloXIX en especial del Ensanche de Barcelona. Seguía, por tanto, el mismo planteamiento de malla octogonal con dos ejes principales, las actuales avenidas de Baja Navarra y Carlos III, orientando las calles en la dirección de las del Casco Viejo. Esta orientación conseguía ventilación e iluminación natural para las viviendas.

La construcción se llevó a cabo en dos fases. En ambas se alternaron edificios de varias plantas con otros de baja altura. Estos pequeños edificios con forma de chalet quedaron atrapados cuando en las manzanas se reedificaron bloques modernos de viviendas. Aún persisten en la Colonia Argaray este tipo de viviendas de baja altura. Una parte importante de los edificios entonces realizados fueron derribados a lo largo del siglo XX, con la construcción de otros más modernos donde la oferta de pisos en venta para vivir en Iruña- Pamplona es amplia.

A comienzos de la década de 1950, llega la industrialización que trae una gran afluencia de mano de obra y la necesaria construcción de nuevos barrios alrededor de la ciudad y al otro lado del río: La Chantrea, San Jorge, La Milagrosa y en la zona sur, Echevacoiz y Abejeras.

La década de los 60, ve surgir San Juan, al que le siguen ya en los 70 y 80 Ermitagaña e IturramaMendebaldea se edifica ya en los 80 y le secundan Azpilagaña y Mendillorri.  Iruña-Pamplona continúa creciendo y surgen los nuevos barrios de Buztintxuri, Ezkaba y Lezkairu en todos ellos es posible encontrar una amplia oferta de  pisos en venta para vivir en Iruña-Pamplona.

Hoy en día la vieja ciudad pirenaica  tiene casi 200.000 habitantes, que se distribuyen entre los nuevos y los antiguos barrios. En Azpilagaña, Ermitagaña-Mendebaldea, La Milagrosa / Arrosadia, Buztintxuri-Euntzetxiki, Iturrama, Chantrea, Rochapea, San Jorge, San Juan, Ensanche I, Ensanche II, Ezcaba, Lezcairu Mendillorri y Casco Antiguo. En todos estos barrios la oferta de pisos en venta para vivir en Iruña- Pamplona es abundante, al igual que las agencias inmobiliarias y los profesionales, como  Navarraviviendas.net que pueden ayudarnos en la búsqueda de nuestra casa.

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