Desde que Putin inició la invasión de Ucrania, los precios de la energía, que ya estaban altos, subieron áun más y no han dejado de subir en los mercados internacionales. En principio, nos fijamos en los precios de los combustibles tradicionales, como el gas y la electricidad, pero no son los únicos. El resto de combustibles y tecnologías para calentarse también han subido.
La biomasa ha sido la gran apuesta de estos ultimos años como fuente de energía alternativa para calentarse, como es el caso de los pellets. Sin embargo, como consecuencia del aumento de la demanda de este tipo de combustibles, se ha producido un considerable incremento de su precio en otoño, siendo hasta un 67% más caro respecto al año anterior.
Este incremento de precios se ha producido a pesar de la rebaja fiscal aplicada por el Gobierno, que reduce del 21% al 5% el IVA sobre el precio de los pellets. La incesante subida ha terminado absorbiendo esa reducción y ha provocado que el peso recaiga sobre los consumidores, llegando a pagar en diciembre de 2022 un precio similar al que había en septiembre antes de la bajada del IVA.
La escasez de producto ha sido uno de los principales argumentos. Sin embargo, según la Sociedad Española de Biomasa (Avebiom), la producción de pellets se ha incrementado casi un 20% en 2022 respecto al año anterior: de 641.700 toneladas en 2021 a 768.000 toneladas en 2022. Por lo que, al final, todo apunta a que se trata de un aumento injustificado de los precios para incrementar los márgenes de beneficio de fabricantes y distribuidores.
Aun así, el pellet sigue siendo la opción calorífica más económica, suponiendo un ahorro de hasta un 20% frente al coste que genera una caldera de condensación de gas natural. Y hasta un 57% más barato respecto a un sistema de radiadores eléctricos sin acumulación de energía. Así lo ha reflejado un estudio de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), que ha analizado un total de siete marcas de pellets, entre las que se observan importantes diferencias de precio.
OCU pide que se potencie la biomasa autóctona, como recurso energético local, y que se incremente la inversión en la limpieza de montes para el mayor aprovechamiento de la biomasa forestal. Con estas medidas se cumpliría con los objetivos de economía circular y, sobre todo, se evitarían incendios como los vividos en los últimos años, además de fomentarse la creación de puestos de trabajo de calidad en zonas rurales, lo que ayudaría a combatir la despoblación en estas zonas.