La crisis de vivienda en Cataluña sigue empeorando 📉. Mientras miles de familias buscan desesperadamente un hogar asequible, el parque de vivienda protegida no deja de menguar. Por cada nueva vivienda de protección oficial que se construye, se pierden cuatro, ya que muchas pierden su calificación y entran en el mercado libre, vendiéndose a precios mucho más altos.

Los datos son alarmantes: en 2024 se calificaron 1.893 viviendas de protección oficial, pero caducaron más de 7.116. Esto supone un saldo negativo de 5.223 pisos protegidos menos. Y la previsión para 2025 no es mejor: caducarán 7.853 viviendas adicionales, según datos oficiales.

La situación actual es consecuencia de décadas de políticas de vivienda erróneas

El problema no es nuevo, sino el resultado de décadas de políticas fallidas 🏚️. Durante años, la estrategia ha sido incentivar la construcción de vivienda asequible en propiedad, pero con un plazo de caducidad. ¿El resultado? Miles de pisos protegidos han salido del mercado regulado para engrosar la oferta privada, donde los precios son inaccesibles para muchas familias.

En Cataluña hay actualmente 96.692 viviendas protegidas, pero solo 37.067 (un 38%) tienen protección permanente. El resto, casi dos tercios, acabarán perdiéndola en algún momento 📆. Peor aún: 19.651 de esas viviendas fueron promovidas con dinero público por el Govern, ayuntamientos o diputaciones. Es decir, que fondos públicos han servido para alimentar un mercado especulativo en lugar de garantizar el acceso a la vivienda.

El dinero público no debe ir a parar a los bolsillos privados

Cada vez que una vivienda protegida caduca y entra en el mercado libre, alguien hace negocio 🏦. Y no son precisamente las familias que necesitan un techo. La política de vivienda ha estado diseñada para beneficiar a promotores y grandes propietarios, en lugar de garantizar un parque público de vivienda real y duradero.

Mientras tanto, en el Registro de Solicitantes de Viviendas Protegidas hay más de 100.000 familias esperando una solución 🏠. ¿Cómo es posible que, en plena crisis de acceso a la vivienda, sigamos permitiendo que miles de pisos pierdan su calificación protegida?

El Govern promete la construcción de 50.000 nuevas viviendas públicas antes de 2030, pero los números no cuadran. En los próximos cinco años, caducarán 32.005 viviendas (de ellas, 3.012 en Barcelona ciudad). Y antes de 2035, la cifra total será de 44.326 viviendas que perderán la protección oficial. Es decir, el supuesto crecimiento del parque público se verá neutralizado por la falta de una legislación efectiva que impida la desaparición de vivienda protegida.

La constante subida de precios expulsa a miles de familias del mercado

Mientras la vivienda protegida desaparece, los precios del alquiler y la compra siguen disparados 🚀. La falta de oferta regulada empuja a miles de familias a un mercado especulativo que se aprovecha de la escasez para encarecer aún más los precios.

El problema es especialmente grave en ciudades como Barcelona, donde los alquileres han subido un 50% en los últimos años. Cada vez son más las personas que deben destinar más del 40% de sus ingresos a pagar un alquiler o una hipoteca. Esto no solo dificulta el acceso a la vivienda, sino que obliga a muchas familias a abandonar sus barrios o incluso a buscar residencia fuera de Cataluña.

Si no se toman medidas urgentes, la vivienda dejará de ser un derecho para convertirse en un privilegio accesible solo para unos pocos.

El Govern identifica más de 28.500 pisos vacíos que podría expropiar por ley

Ante este panorama, una de las soluciones que baraja el Govern es la expropiación de pisos vacíos en manos de grandes propietarios. Se han identificado más de 28.500 viviendas vacías 🏚️ que, en teoría, podrían destinarse a alquiler social.

Pero esta medida no deja de ser una promesa sin efectos inmediatos. La expropiación es un proceso lento, complicado y con una fuerte oposición por parte de los grandes tenedores de vivienda, que tienen intereses en mantener la escasez de oferta para sostener precios altos.

Mientras se debaten fórmulas, las cifras siguen cayendo en picado 📉. Cada año se pierden más viviendas protegidas de las que se crean, y la solución sigue sin llegar.

¿Hasta cuándo seguiremos perdiendo vivienda protegida?

La situación es insostenible. No basta con prometer nuevas viviendas públicas si al mismo tiempo se sigue permitiendo la desprotección de miles de pisos cada año.

Es urgente una reforma legislativa que:
Blinde la vivienda protegida con carácter permanente.
Regule los precios del alquiler para evitar subidas abusivas.
Acelere la expropiación de viviendas vacías para aumentar la oferta de alquiler social.
Incentive el alquiler asequible en lugar de la compra con caducidad.

El acceso a la vivienda no puede depender de la especulación ni del interés de unos pocos. Si no se actúa con firmeza, seguiremos perdiendo cuatro pisos de protección oficial por cada uno que se construya, agravando aún más una crisis que ya afecta a miles de familias.

Años atrás, la vivienda protegida era principalmente de compra. De hecho, de todo lo que se ha perdido en los últimos dos años, solo un 1% era de alquiler, que es precisamente la modalidad que ahora se quiere potenciar. Las administraciones también piden más herramientas para que todas las nuevas viviendas protegidas tengan una calificación permanente.