Hay quienes siguen negando el cambio climático, como si la realidad se pudiera esconder detrás de un tuit o una consigna electoral. Son los mismos que, entre aplausos y discursos de “sentido común”, ponen en duda los datos científicos, el consenso internacional y, de paso, el sentido de la responsabilidad. Y lo hacen mientras el país se seca, las cosechas se pierden, los incendios arrasan y las aseguradoras recalculan las primas al alza. Si las consecuencias de ese negacionismo fueran solo para ellos, ya firmábamos todos. Pero no: el coste lo pagamos entre todos, en forma de infraestructuras destruidas, viviendas inundadas, cosechas perdidas, montes quemados y vidas truncadas.
¿Por qué se dice que España puede ser uno de los países más afectados por el cambio climático?
España es un país especialmente vulnerable. Su ubicación geográfica, su clima mediterráneo y su modelo urbanístico lo convierten en un territorio donde los efectos del cambio climático se amplifican. El aumento de las temperaturas medias, las olas de calor y la desertificación son ya una realidad palpable. Pero además, el impacto económico es demoledor: más gasto público en emergencias, menos productividad agrícola, y un turismo amenazado por fenómenos extremos. Según el informe del BBVA Research sobre las consecuencias económicas del cambio climático, España podría sufrir una caída significativa del PIB a medio plazo si no se acelera la transición energética y la adaptación territorial. Es decir, que el cambio climático no solo derrite glaciares: también derrite economías.
¿Cuáles son las consecuencias para España de este cambio climático?
Las consecuencias son múltiples y acumulativas. La desertificación amenaza ya al 75% del territorio nacional, reduciendo la productividad agraria y elevando los costes de abastecimiento de agua. Las olas de calor incrementan la mortalidad y disparan el consumo energético, afectando al bolsillo de los hogares. Las lluvias torrenciales se vuelven más frecuentes y destructivas, afectando a viviendas y comercios. Y mientras tanto, el nivel del mar sube, erosionando playas e infraestructuras costeras. Las pérdidas económicas son cuantiosas, y lo peor es que seguirán creciendo. Cada DANA, cada temporal, cada sequía prolongada se traduce en millones de euros que desaparecen en cuestión de horas.
¿Cuáles son los riesgos climáticos en España?
Los principales riesgos son bien conocidos: desertificación, sequía, olas de calor, inundaciones, vientos extremos y aumento del nivel del mar. No lo dice ningún ecologista radical, sino los propios organismos públicos y aseguradoras. España está literalmente entre el fuego y el agua. En el interior, la falta de lluvia y la erosión del suelo avanzan sin pausa. En la costa, los temporales y el ascenso del nivel del mar amenazan urbanizaciones enteras. Y aun así, hay quien insiste en negar lo evidente, mientras reclama más carreteras, más cemento, más presas y escolleras y menos leyes verdes.
¿Cómo se puede defender España de las consecuencias del cambio climático?
España puede y debe defenderse mediante una estrategia doble: mitigación y adaptación. La primera busca reducir las emisiones y apostar por las energías renovables, donde el país tiene un enorme potencial. La transición energética, la eficiencia en el consumo y la movilidad sostenible no son caprichos ideológicos, sino condiciones básicas para mantener nuestra economía viva. La segunda estrategia, la de adaptación, implica reforzar infraestructuras, conservar recursos y diseñar ciudades más resilientes. El Plan Nacional de Adaptación al Cambio Climático recoge líneas de actuación claras: infraestructuras resistentes, gestión eficiente del agua, reforestación y cooperación internacional. Pero de poco servirá si se sigue negando la urgencia del problema o se desmantelan los presupuestos destinados a combatirlo.
¿Qué consecuencias económicas y humanas tuvo la DANA de Valencia?
La reciente DANA de Valencia es un ejemplo perfecto de lo que ocurre cuando la teoría se convierte en realidad. Calles convertidas en ríos, viviendas anegadas, vehículos arrastrados, y familias que lo perdieron todo en cuestión de horas. Las aseguradoras hablan de cientos de millones de euros en daños; los ayuntamientos, de meses para recuperar la normalidad. El BBVA Research utilizó este fenómeno como modelo en su informe para evaluar el impacto económico del cambio climático: solo una DANA de este tipo puede tener un coste equiparable al de una crisis sectorial. Y no son episodios aislados, sino la nueva normalidad. Las consecuencias no se limitan al daño material: afectan al empleo, al turismo y a la confianza de los inversores.
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Pérdidas humanas:
El desastre natural dejó un trágico saldo de 225 personas fallecidas y tres desaparecidas.
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Afectados y damnificados:
La DANA impactó directamente a más de 306.000 personas, un número que pone de manifiesto la magnitud de la catástrofe.
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Impacto en la vivienda y el comercio:
Se reportó que más de 11.000 viviendas y 64.000 empresas sufrieron daños significativos, lo que dificulta la normalidad en la zona.
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Pérdida de movilidad y servicios:El desbordamiento de las infraestructuras afectó gravemente a la movilidad de las personas, con caídas en el consumo y la actividad económica.
Informe del BBVA sobre las consecuencias económicas del cambio climático teniendo como modelo a la DANA
El informe del BBVA Research advierte que el cambio climático incrementará la frecuencia y severidad de estos fenómenos, con efectos directos en el crecimiento económico. Las pérdidas en agricultura, turismo y energía podrían superar el 7% del PIB si no se aplican medidas urgentes. La DANA de Valencia se cita como un caso práctico: un evento meteorológico extremo que ilustra cómo las infraestructuras actuales no están preparadas para los escenarios que ya se están produciendo. En otras palabras: no se trata de un futuro hipotético, sino de una factura que ya estamos pagando.
¿Cómo se puede combatir el negacionismo desinformado e ideológico?
El negacionismo climático es, en el fondo, una estrategia política. Una forma de resistencia ideológica al cambio de modelo que exige la evidencia científica. Combatirlo requiere tres cosas: educación, comunicación y coherencia institucional. Educación para que la ciudadanía entienda la relación entre clima y economía, entre consumo y supervivencia. Comunicación para desmontar los bulos y explicar con claridad lo que está en juego. Y coherencia institucional para que las leyes se cumplan, las inversiones se mantengan y los discursos negacionistas no se traduzcan en recortes. Porque negar el cambio climático no lo hace desaparecer, solo multiplica sus efectos. España no puede permitirse más negacionismo: ni por ideología, ni por economía, ni por simple dignidad.