El mercado de la vivienda nueva en la Comunidad Valenciana vuelve a marcar máximos históricos y consolida una tendencia alcista que ya no puede considerarse coyuntural. Según la última edición del Estudio de Vivienda Nueva en la Comunidad Valenciana elaborado por Sociedad de Tasación, el precio medio autonómico ha alcanzado los 2.261 €/m² al cierre de 2025, tras registrar un incremento interanual del 8,6%, superando así los niveles previos a la burbuja inmobiliaria de 2007. Este crecimiento sostenido se explica por la combinación de una demanda muy activa, una oferta claramente insuficiente y el encarecimiento continuado de los costes de construcción, un cóctel que vuelve a tensionar el acceso a la vivienda, especialmente en las áreas urbanas más dinámicas.
El precio también sube en el resto de las capitales
Valencia capital lidera el crecimiento del precio de la vivienda nueva entre las capitales de provincia, con un aumento interanual del 9,2%, situándose además por encima de la media nacional, que se ha situado en el 8,9%. En términos absolutos, el precio alcanza ya los 2.538 €/m², el valor más alto de toda la serie histórica, confirmando la presión que sufre el mercado residencial en la ciudad. Alicante y Castellón también mantienen una evolución claramente ascendente, aunque con ritmos algo más moderados. En Alicante, el incremento anual ha sido del 7,9%, situando el precio en 1.859 €/m², mientras que Castellón ha registrado una subida del 6,4%, hasta alcanzar los 1.758 €/m². Estas cifras reflejan que la tensión de precios no se limita a un único núcleo urbano, sino que se extiende de forma homogénea por el conjunto del territorio autonómico.
El precio en otros municipios destacados
Más allá de las capitales, el encarecimiento de la vivienda nueva también se deja sentir con fuerza en municipios de alta demanda residencial y turística. Benidorm se sitúa como el municipio con el precio más elevado, alcanzando los 2.545 €/m², seguido de Benicàssim, con 2.160 €/m², ambos impulsados por la escasez de suelo finalista y el atractivo de la vivienda como activo de inversión y segunda residencia. En términos de evolución interanual, destacan municipios como Torrent y Gandía, donde los precios han alcanzado nuevos máximos históricos tras incrementos del 8,5% y 8,2% respectivamente, confirmando que el encarecimiento ya no es exclusivo de los grandes polos turísticos o capitales, sino que se extiende a áreas metropolitanas y ciudades medias con buena conexión y servicios.
El Índice de Confianza
Pese al fuerte aumento de precios, el Índice de Confianza Inmobiliario de Sociedad de Tasación se mantiene en niveles claramente positivos. Al cierre del segundo semestre de 2025, la Comunidad Valenciana registra 60,9 puntos, por encima del umbral de equilibrio de 50 y situándose como la cuarta autonomía más optimista de España, solo por detrás de Navarra, Asturias y la Región de Murcia. Aunque el indicador ha retrocedido una décima respecto al trimestre anterior, la lectura sigue siendo clara: promotores, técnicos y agentes del sector continúan percibiendo un escenario favorable, alineado con la tendencia nacional, que también permanece en zona de optimismo. Esta confianza, sin embargo, contrasta con las crecientes dificultades de acceso a la vivienda para amplias capas de la población.
El Índice de Esfuerzo Inmobiliario
El encarecimiento sostenido de la vivienda nueva tiene un impacto directo en el Índice de Esfuerzo Inmobiliario, que mide los años de sueldo íntegro necesarios para adquirir una vivienda tipo. En la Comunidad Valenciana, este indicador se ha situado en 6,5 años al cierre del cuarto trimestre de 2025, 0,2 puntos más que el año anterior, aunque todavía por debajo de la media nacional, que se eleva a 7,6 años. Aun así, el incremento del esfuerzo confirma que el acceso a la vivienda se complica de forma progresiva, especialmente para jóvenes y hogares con rentas medias, en un contexto de salarios que no crecen al mismo ritmo que los precios residenciales.
Previsiones para el 2026
De cara a 2026, los expertos apuntan a una moderación del crecimiento, pero no a una corrección significativa de los precios mientras no se resuelva el problema estructural de la oferta. La falta de vivienda nueva, los retrasos administrativos, la escasez de suelo urbanizable y la limitada capacidad de la obra pública para compensar el déficit residencial continúan actuando como freno a la contención de precios. En este escenario, la vivienda nueva se consolida como un bien cada vez más inaccesible para una parte creciente de la población, reforzando el debate sobre la necesidad de políticas públicas de vivienda más ambiciosas, capaces de aumentar el parque disponible y aliviar la presión sobre el mercado, antes de que la tensión actual se traslade de forma definitiva al conjunto del sistema residencial.