La presión social, institucional y normativa sobre el alquiler vacacional empieza a dar resultados. Disminuye el número de pisos turísticos en España un 12,4% interanual y el dato no es menor en un contexto marcado por la escasez de vivienda habitual, el encarecimiento del alquiler y la dificultad de acceso a la compra. Según las últimas cifras del Instituto Nacional de Estadística (INE), en noviembre de 2025 el parque de viviendas turísticas se situó en 329.764 unidades, 46.699 menos que un año antes, con una reducción paralela de más de 272.000 plazas.

Durante años, la expansión de este modelo fue señalada por buena parte del sector como uno de los factores que ayudaron a cronificar la crisis residencial, especialmente en centros urbanos y enclaves costeros. La conversión masiva de viviendas en alojamientos de corta estancia redujo oferta estable, tensionó precios y aceleró procesos de desplazamiento poblacional hacia la periferia. Hoy, el ajuste estadístico confirma que la concienciación institucional y el control de la legalidad comienzan a corregir parte de esa deriva.

El Gobierno atribuye el descenso a la nueva regulación que ha impulsado el Ministerio de Vivienda

El Ejecutivo vincula esta caída histórica a la entrada en vigor del Registro Único de Arrendamientos de corta duración, obligatorio desde julio de 2025, y a la reforma de la Ley de Propiedad Horizontal, que permite a las comunidades de propietarios vetar o condicionar la implantación de viviendas turísticas con mayoría cualificada de tres quintas partes.

El registro estatal ha actuado como filtro efectivo. Más de 84.000 solicitudes han sido revocadas por incumplimientos, desde ausencia de licencia hasta falta de autorización vecinal o incompatibilidad urbanística. En total, cerca de 300.000 viviendas han obtenido número de registro, pero el proceso ha depurado el mercado y ha reducido la oferta irregular. La muestra publicada por el INE en noviembre es la primera plenamente posterior a la obligatoriedad del sistema, lo que explica en parte la magnitud del ajuste.

La disminución por comunidades autónomas

El retroceso no ha sido homogéneo. La Comunidad Valenciana lidera la caída en términos absolutos, con más de 16.000 viviendas turísticas menos y un descenso superior al 25%. Cataluña, Madrid, Baleares y Galicia también registran recortes de doble dígito. En términos relativos, destaca Murcia, con desplomes superiores al 30%.

Solo Andalucía y Extremadura muestran ligeros incrementos, aunque en el caso andaluz, pese al crecimiento del 1,5%, la comunidad sigue concentrando el mayor volumen absoluto, con más de 91.700 viviendas turísticas activas.

El total de pisos turísticos por regiones

Andalucía, Comunidad Valenciana, Cataluña y Canarias concentran cerca del 72% del total nacional. Málaga se mantiene como la provincia con mayor número de viviendas turísticas, seguida de Alicante y las provincias canarias. Sin embargo, incluso en estos polos turísticos tradicionales, el crecimiento sostenido parece haber tocado techo tras el máximo histórico de agosto de 2024, cuando se superaron las 403.000 unidades.

Desde ese pico, el parque se ha reducido un 18,2%, lo que marca un punto de inflexión en una serie estadística que, desde 2020, se movía de forma estable entre las 300.000 y 400.000 viviendas.

El número de pisos turísticos cae hasta el 1,24% del total de viviendas

Más relevante que el dato absoluto es su peso sobre el conjunto del parque residencial. Las viviendas turísticas representan ahora el 1,24% del total de viviendas en España, dos décimas menos que en mayo y el porcentaje más bajo desde febrero de 2023. En agosto de 2024 llegaron a suponer el 1,52%.

La reducción de plazas también es significativa: 1,62 millones frente a los casi 1,9 millones de un año antes. La capilaridad del fenómeno sigue siendo notable en determinadas zonas, pero su intensidad se modera.

La previsión para este año

La cuestión clave es si este descenso aliviará la crisis del alquiler. Los expertos recuerdan que, aunque la vivienda turística ha contribuido a tensionar determinados mercados, su peso agregado sigue siendo reducido y la solución estructural pasa por aumentar la oferta residencial estable.

Aquí entra en juego el papel de la obra pública y la promoción de vivienda asequible. Sin un impulso decidido a la construcción y rehabilitación de vivienda protegida, el ajuste del alquiler vacacional será insuficiente para contener precios. La función social de la vivienda, reforzada por las nuevas herramientas de control, necesita ahora complementarse con una política activa de generación de parque público y colaboración público-privada.

La caída del 12,4% no resuelve por sí sola el problema de acceso, pero sí envía una señal clara: la regulación, cuando se aplica con control efectivo, puede corregir desequilibrios. El reto para 2026 será consolidar esta tendencia, evitar la reactivación irregular y, sobre todo, transformar viviendas disponibles en hogares accesibles para quienes buscan residencia habitual. #Vivienda #PisosTurísticos #MercadoInmobiliario #Alquiler #ObraPública #RegistroÚnico #Aquimicasa