España atraviesa otro verano marcado por el calor extremo, y con él vuelve un debate que cada año gana más fuerza: si las viviendas de alquiler deberían estar obligadas por ley a contar con climatización. Lo que hasta hace poco se consideraba una cuestión de confort empieza a plantearse como un asunto de salud pública.

La normativa debe ajustarse a los cambios climáticos

El calendario legislativo ya contempla un cambio profundo para el mercado inmobiliario español. A partir del 1 de enero de 2030, todas las viviendas que salgan al mercado, ya sea en venta o en alquiler, deberán cumplir criterios de eficiencia energética más estrictos, con certificados que garanticen un aislamiento adecuado. Esta transformación nace de la necesidad de adaptar el parque de viviendas español a un clima que ya no es el de hace veinte años. Si la ley va a exigir aislamiento térmico y certificación energética, parece razonable preguntarse si no debería exigir también los medios mínimos para hacer habitable una vivienda cuando las temperaturas se disparan.

El calor extremo mata y en España lo sabemos bien

Las cifras no dejan lugar a dudas. Solo en el mes de junio de este año, más de mil personas fallecieron en España por causas vinculadas a las altas temperaturas, según los datos del sistema de monitorización de la mortalidad diaria. Y no se trata de un episodio aislado: en el verano de 2022, uno de los más cálidos que se recuerdan en Europa, se contabilizaron más de sesenta mil muertes relacionadas con el calor en todo el continente. Los expertos insisten en que el golpe de calor, esa emergencia médica que dispara la temperatura corporal por encima de los 40 grados, es solo la punta del iceberg. La mayoría de las muertes asociadas al calor extremo se producen por el agravamiento de enfermedades previas, especialmente cardiovasculares, que se descompensan cuando el organismo no logra disipar el calor con eficacia.

Ancianos, niños y mujeres, los más afectados

No todas las personas afrontan el calor extremo en igualdad de condiciones. Los mayores tienen un sistema de termorregulación desgastado por la edad y, con frecuencia, patologías de base que se agravan con las altas temperaturas. Los niños, por su parte, todavía no han desarrollado del todo esa capacidad de regular la temperatura corporal. A ambos colectivos se suma un tercero que sorprende por su magnitud: las mujeres. Durante la ola de calor de 2022 la mortalidad femenina fue un 56% superior a la masculina, una diferencia que los especialistas atribuyen tanto a factores fisiológicos, especialmente en la menopausia, como a un mayor aislamiento social y un acceso más limitado a espacios refrigerados. Las embarazadas también forman parte de los grupos de riesgo, con mayor probabilidad de parto prematuro o bajo peso al nacer cuando se exponen a calor extremo durante el primer trimestre de gestación.

La normativa actual no recoge la obligatoriedad

Pese a la gravedad de estos datos, la legislación vigente no obliga a los propietarios a instalar aire acondicionado en las viviendas que ponen en alquiler. Que una casa alcance temperaturas insoportables en verano se considera, hoy por hoy, un problema de confort térmico y no de habitabilidad. La única excepción es que el contrato de arrendamiento especifique que la vivienda cuenta con climatización: en ese caso, si el sistema no existe o no funciona, el arrendador sí estaría obligado a repararlo o instalarlo, porque el inquilino podría haber decidido alquilar precisamente por contar con ese equipamiento.

La petición de Sumar que abre el melón

En este contexto ha llegado la propuesta del portavoz de Vivienda de Sumar, Alberto Ibáñez, que plantea que las viviendas en alquiler deban estar climatizadas por ley. El diputado de Compromís lo expuso en rueda de prensa en el Congreso de los Diputados, defendiendo que los inmuebles arrendados cuenten con «unas condiciones climáticas oportunas». Ibáñez ha puesto el foco en situaciones que califica de indignas, como pisos compartidos donde los inquilinos malviven con un simple ventilador de pie mientras pagan rentas de dos mil o tres mil euros al mes. A su juicio, exigir al menos una unidad de aire acondicionado decente no debería ser motivo de controversia en un país donde el calor ya se cobra miles de vidas cada verano.

La habitabilidad de una vivienda ante los calores extremos

La ley es clara en que la ausencia de aire acondicionado, por sí sola, no convierte una vivienda en inhabitable. Sin embargo, cuando el calor interior alcanza niveles extremos por deficiencias graves del inmueble, como la falta de aislamiento, defectos constructivos importantes o la imposibilidad de ventilar correctamente, y esto supone un riesgo real para la salud de los ocupantes, la situación podría empezar a considerarse de otra manera. Es precisamente en ese terreno intermedio, entre el confort y la salud, donde se libra hoy el debate legislativo.

Los problemas de querer instalar un aparato de aire acondicionado

Tampoco es sencillo para un inquilino tomar la iniciativa por su cuenta. Instalar un equipo de aire acondicionado requiere el consentimiento expreso del propietario y, en la mayoría de los casos, también el permiso de la comunidad de propietarios, ya que la unidad exterior suele colocarse en la fachada del edificio. Además, si la instalación se considera una obra de mejora, el propietario podría subir la renta una vez transcurridos cinco años desde la firma del contrato, o siete si se trata de una empresa, con un incremento limitado por la Ley de Arrendamientos Urbanos que en ningún caso puede superar el 20% de la renta vigente. Mientras tanto, quienes no cuentan con climatización deben conformarse con ventiladores, persianas térmicas o estrategias como ventilar solo en las horas más frescas del día.

La previsión de lo que irá llegando no es buena

Los propios expertos climáticos advierten de que este verano, calificado como el más caluroso registrado en Europa, será probablemente uno de los más frescos que quedan por vivir. Esa perspectiva obliga a repensar no solo cómo se construyen las viviendas nuevas, sino también las condiciones mínimas que debe reunir cualquier vivienda que se ofrezca en alquiler. El sector inmobiliario tiene por delante un reto que ya no admite demoras: adaptar el parque de vivienda español, tanto en propiedad como en alquiler, a una realidad climática que ha dejado de ser excepcional para convertirse en la nueva normalidad.