Llega julio y con él la pregunta de siempre: playa, montaña, pueblo o, directamente, quedarse en casa. La última encuesta de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), realizada sobre una muestra representativa de la población española de entre 25 y 79 años, confirma que el mapa de las vacaciones de los españoles no ha cambiado gran cosa en el último año, aunque sí hay matices que merece la pena comentar.

La playa sigue siendo, con diferencia, el destino estrella: un 33% de las familias la elegirá como opción principal este verano, destinando de media 1.502 euros al conjunto de alojamiento, transporte, alimentación y ocio. Es una cifra que, dicho sea de paso, da para pensar: no es precisamente una cantidad simbólica, y en un contexto de precios al alza en todo lo relacionado con el turismo —desde el alquiler vacacional hasta la cesta de la compra en las zonas costeras— cada vez exige un esfuerzo mayor a las economías domésticas.

Diferentes presupuestos y opciones

No todos los destinos salen igual de caros, ni mucho menos. El extranjero, que es la opción principal para un 11% de los encuestados, dispara la factura hasta los 2.641 euros de media por familia, casi el doble que la playa nacional. En el otro extremo está el pueblo, refugio vacacional de un 8% de las familias y, con diferencia, la alternativa más económica: apenas 583 euros de media. La montaña, elegida también por un 8%, se sitúa en un término medio con 935 euros.

Estas diferencias tan marcadas dicen mucho sobre cómo se organiza el ocio estival en España. No es solo una cuestión de gustos, sino de bolsillo: el pueblo y la casa familiar siguen funcionando como colchón para quienes no pueden o no quieren asumir el coste de un hotel en la costa o un vuelo al extranjero. En cuanto al tipo de alojamiento, el hotel sigue siendo la opción mayoritaria con un 35%, seguido del apartamento en alquiler (20%), la vivienda propia (18%) y las casas de familiares (14%). Los campings (7%) y las casas de amigos (4%) completan un abanico que, en conjunto, refleja una notable diversidad de estrategias para hacer que las vacaciones cuadren con el presupuesto disponible.

Un 30% de los españoles no se irán de vacaciones

El dato que probablemente más llama la atención de esta encuesta es otro: hasta un 30% de los encuestados no tiene previsto salir a ningún sitio estas vacaciones. Y no es un porcentaje que se quede quieto: en la encuesta de 2022 la cifra era del 25%, lo que apunta a una tendencia al alza nada tranquilizadora. Da la sensación de que, año tras año, una parte creciente de la población renuncia directamente a hacer las maletas, y no parece descabellado pensar que la inflación acumulada de los últimos ejercicios —en vivienda, en energía, en alimentación— tiene mucho que ver en esta decisión.

Conviene no perder de vista esta cifra cuando se habla de «la España que veranea»: una de cada tres personas consultadas se queda en casa, y eso debería formar parte del debate tanto como los datos de ocupación hotelera o los precios de los vuelos. Las vacaciones, para un tercio de la población, ya no son ese derecho casi automático que muchos siguen dando por hecho.

Los consejos de OCU para tener vacaciones sin sobresaltos

Para quienes sí van a viajar, OCU aprovecha la encuesta para recordar una serie de recomendaciones básicas que, aunque puedan parecer de sentido común, conviene repasar cada año porque los problemas se repiten con machacona insistencia: apartamentos que llegan sucios, habitaciones de hotel más pequeñas de lo anunciado, suplementos de última hora que aparecen de la nada y, el caso más grave, alojamientos que directamente no existen y que solo sirven para quedarse con el dinero del anticipo.

Las recomendaciones de la organización son claras y bastante fáciles de seguir. Lo primero es buscar plataformas o agencias de viajes fiables y con buenas referencias, y aplicar el mismo criterio a los hoteles o apartamentos que se anuncien en su propia web. En segundo lugar, conviene priorizar los alojamientos que ofrezcan cancelación gratuita, una garantía nada desdeñable por si surge algún imprevisto que obligue a anular o cambiar las fechas. También es fundamental revisar con calma las condiciones de contratación, prestando atención a los posibles suplementos y a los horarios de entrada y salida, detalles que muchas veces se pasan por alto en el momento de reservar y que luego generan disgustos.

OCU insiste además en usar siempre pasarelas de pago seguras, preferiblemente a través de la propia plataforma de contratación, comprobando que la URL empieza por https:// y que aparece el icono del candado en el navegador. Y por último, aunque parezca un detalle menor, recomienda guardar los folletos publicitarios, los pantallazos de la web y todos los mensajes intercambiados con la plataforma o con el particular. Esa documentación, que cuesta tan poco reunir sobre la marcha, puede acabar siendo decisiva si las cosas se tuercen.

Reclama cuanto antes y con pruebas documentadas

Si, pese a todas las precauciones, las vacaciones acaban torciéndose, OCU recuerda algo que muchos consumidores desconocen o postergan: conviene reclamar cuanto antes y siempre por escrito. Dejar pasar el tiempo, confiando en que «ya se arreglará», suele jugar en contra del consumidor.

Siempre que sea posible, lo más recomendable es intentar llegar a un acuerdo amistoso con la otra parte, algo que ahorra tiempo, dinero y disgustos a ambos lados. Pero cuando eso no funciona, también existe la vía judicial, y aquí hay un matiz importante que conviene tener presente: no es necesario recurrir a abogado ni procurador cuando la cantidad reclamada es inferior a 2.000 euros, lo que simplifica bastante el proceso para la mayoría de los casos habituales de vacaciones frustradas.

Hay, eso sí, un aspecto que puede complicar las cosas: si el alojamiento se contrató directamente con un particular, no cabe reclamar ante los organismos de consumo. En ese escenario, el margen de maniobra se reduce y conviene tenerlo muy presente antes de decidirse por una reserva informal, por muy tentador que resulte el precio.

Al final, entre quienes se van a la playa, quienes cruzan fronteras y quienes se quedan en casa por elección o por necesidad, el verano español sigue siendo un fiel reflejo de la economía real del país. Y las recomendaciones de OCU, aunque suenen repetidas, siguen siendo la mejor forma de que esas vacaciones —para quien pueda permitírselas— no acaben siendo un quebradero de cabeza más.