Hubo un tiempo en el que la vivienda era un asunto de páginas económicas y de tertulias de domingo. Ese tiempo se acabó. Hoy es la principal preocupación del país, por delante de la sanidad, de las pensiones y de la política, y ya no lo dice solo el CIS. Lo confirma también el III Barómetro de Vivienda y Dignidad, y lo dice con una contundencia que debería hacer saltar las alarmas en cualquier despacho ministerial, autonómico o municipal. Aunque mucho nos tememos que en esos despachos el problema de llegar a fin de mes con un alquiler de cuatro cifras no forma parte del día a día. Y quizá por eso nadie lo vio venir.
El estudio del Consejo General de la Arquitectura Técnica de España
El informe, elaborado por el Consejo General de la Arquitectura Técnica de España (CGATE) y GAD3, se presentó este pasado jueves en la Asociación de la Prensa de Madrid y deja una cifra que lo resume todo: el 54% de los españoles sitúa la vivienda entre los dos problemas más importantes del país. Hace un año eran el 42%. Son 12 puntos más en apenas doce meses, un salto que no se explica por una moda pasajera sino por una realidad que se agrava a ojos vista. La sanidad, con un 35%, y la situación política, con un 33%, quedan muy por detrás. Que la política preocupe menos que poder tener un techo dice bastante de lo que los ciudadanos esperan, o han dejado de esperar, de quienes les gobiernan.
El principal obstáculo para la compra de vivienda: los problemas económicos
Cuatro de cada diez españoles se plantean comprar o alquilar una vivienda en los próximos cinco años. Planteárselo es fácil; conseguirlo, otra historia. El 41% señala las dificultades económicas o laborales como la principal barrera, seguidas de la falta de una oferta adecuada (32%) y de los problemas para conseguir financiación (31%). Es decir, no hay dinero, no hay casas y los bancos no prestan a quien no tiene dinero. Un círculo perfecto.
Y las consecuencias no se quedan en el plano inmobiliario. Entre quienes no pueden cambiar de vivienda por motivos económicos, el 38% reconoce sentir inseguridad sobre su estabilidad personal o familiar, un 13% ha retrasado la decisión de tener hijos y un 12% ha aplazado o descartado formar una familia. Luego habrá quien se sorprenda con los datos de natalidad. Mientras tanto, el 65% de los jóvenes de entre 18 y 29 años necesitó ayuda para independizarse, y en más de la mitad de los casos esa ayuda fue el dinero de sus padres. El ascensor social ahora se llama transferencia familiar.
El precio del alquiler vampiriza el bolsillo de los españoles
Si comprar es una carrera de obstáculos, alquilar es la trampa que impide siquiera entrenarse para ella. El barómetro pone el dedo en la llaga: el alquiler se come los ingresos hasta el punto de eliminar cualquier posibilidad de ahorrar para una vivienda propia. El inquilino paga, paga y vuelve a pagar, y a final de año descubre que sigue exactamente donde estaba, solo que con un contrato más caro en el horizonte. Hay quien destina más de la mitad de su sueldo a la renta, y con ese esfuerzo no hay entrada que se reúna ni hipoteca que se firme.
Los problemas de habitabilidad: vivir en casa sin vivir bien
El acceso no es el único problema. El 53% de los españoles reconoce algún problema de habitabilidad en su vivienda. El más frecuente es el frío o el calor por un aislamiento deficiente (26%), seguido de los ruidos (18%) y las humedades (16%). Además, una de cada cuatro personas que necesita hacer mejoras en su hogar no tiene dinero para afrontarlas. En el mercado de segunda mano, el 38% cree que el Certificado de Garantía Técnica mejoraría las cosas y el 57% apoyaría prohibir la venta de viviendas con una calificación técnica desfavorable. Pagar mucho por vivir mal empieza a ser la norma.
La dificultad de los requisitos exigidos para alquilar una vivienda
A todo lo anterior se suma la burocracia del miedo. Uno de cada tres inquilinos considera complicados los requisitos para acceder a un alquiler: nóminas, avales, meses de fianza, contratos indefinidos y, si se tercia, el certificado de buena conducta del abuelo. Entre quienes ya destinan más de la mitad de su sueldo a la renta, el porcentaje se dispara hasta el 53%. Paradójicamente, a quien más le cuesta pagar es a quien más se le exige para poder hacerlo.
Una preocupación transversal que nadie quiso ver
Conviene subrayarlo: este no es un problema de izquierdas ni de derechas, ni de una comunidad autónoma concreta. Es transversal. Afecta al joven de Madrid y al de Málaga, al votante de unos y al de otros. Durante años, gobiernos de todos los colores han tratado la vivienda como un asunto menor, a golpe de anuncio, plan y foto. Quizá pensaron que, como ellos no tienen problemas para pagar su casa, sus votantes tampoco. Se equivocaron, y el barómetro se lo recuerda con números.
Garamendi, el SMI y la misma canción de siempre
Mientras los precios de venta y alquiler no dejan de subir, ya podemos ir preparándonos para escuchar de nuevo a Antonio Garamendi advertir de que, si sube el Salario Mínimo Interprofesional, las empresas cerrarán. Es la canción de cada año. Lo curioso es que la subida salarial que se discute resulta ridícula comparada con lo que se han encarecido las viviendas. Si los sueldos avanzan a paso de tortuga y los alquileres a paso de liebre, la brecha no deja de crecer, y con ella una crisis de proporciones que todavía no somos capaces de medir.
Las soluciones al problema que aportan los españoles
Los ciudadanos, al menos, sí tienen propuestas. La más respaldada es aumentar la oferta de vivienda pública en alquiler asequible (25%), seguida de limitar los precios del alquiler (23%), reducir impuestos (20%) y liberar suelo para construir más viviendas (16%). Ninguna es nueva, todas se han prometido alguna vez y casi ninguna se ha cumplido a la escala necesaria. Los españoles han hecho su diagnóstico y han dejado sus recetas sobre la mesa. Ahora falta que alguien con responsabilidad de gobierno las lea antes de que el 54% se convierta en algo mucho peor.