Octubre, ese mes que los mercados suelen vivir con el estómago encogido, ha cumplido con su fama. El euríbor ha cerrado el mes con una media del 3,239%, apenas unas milésimas por debajo del 3,247% de septiembre, lo que pone fin a tres meses seguidos de subidas. Dicho así suena a tregua, pero conviene no confundir un respiro con una buena noticia: hace un año el índice estaba en el 2,187%, de modo que la subida interanual supera holgadamente un punto porcentual. Para quien tenga que revisar su hipoteca ahora, la estabilización llega tarde y, sobre todo, llega muy arriba.

Tampoco la evolución diaria invita a relajarse. El indicador pasó del 3,177% del 6 de octubre al 3,308% del jueves, y cerró la última semana del mes en el 3,306%. Es decir, la media mensual se ha frenado, pero el día a día sigue apuntando hacia arriba. Una calma algo engañosa.

¿Cómo afecta el euríbor de octubre a las hipotecas variables?

La factura llega en el momento de la revisión, y esta vez es abultada. Tomando como ejemplo una hipoteca de 150.000 euros a 25 años con un diferencial del 1%, quien revise anualmente pasará de pagar 725,99 euros a 811,68 euros al mes. Son 85,7 euros más cada mes, más de 1.000 euros al año que salen directamente del presupuesto familiar sin que nadie haya pedido permiso.

Los que tienen revisión semestral tampoco se libran. En su caso, la cuota pasa de 770,95 euros a 811,68 euros, un aumento de unos 40,7 euros mensuales, lo que supone cerca de 240 euros de sobrecoste en el semestre. Menos doloroso, sí, pero el mensaje es el mismo: la era de las cuotas contenidas ha quedado atrás y cada revisión se está convirtiendo en un pequeño susto.

Las razones por las que el BCE subirá los tipos en diciembre

El Banco Central Europeo cumplió el guion en su reunión del pasado jueves y dejó los tipos en el 2,5%, tras las dos subidas aprobadas en junio y septiembre. Pero casi nadie interpreta la pausa como un cambio de rumbo, sino como un simple aplazamiento. Si no hay movimiento en noviembre es, sencillamente, porque ese mes no hay reunión. La próxima cita está fijada para el 17 de diciembre, y llega con la coincidencia de que el BCE presentará entonces sus proyecciones macroeconómicas actualizadas.

Los motivos para apretar de nuevo están sobre la mesa. La inflación roza el 4% empujada por el encarecimiento de la energía, y las condiciones financieras se endurecen por la tensión en el mercado de bonos derivada de la situación fiscal de Francia. La propia Christine Lagarde reconoció que el Consejo de Gobierno llegó a debatir una subida en octubre y dejó entrever que los próximos datos podrían despejar el camino en diciembre. Los analistas dan por hecho un alza de 0,25 puntos, y los mercados van más allá: descuentan alrededor de tres subidas adicionales que llevarían el tipo de depósito al 3% en abril de 2027.

Las consecuencias para el mercado hipotecario

El problema no es solo lo que pagan hoy los hipotecados, sino lo que van a encontrarse quienes quieran firmar mañana. Los bancos no esperan a que el BCE decida: si dan por segura la subida de diciembre, la incorporan ya a sus ofertas. Y eso se traduce en diferenciales menos generosos, hipotecas fijas más caras y criterios de concesión más estrictos. La guerra comercial por captar clientes que vimos en los años de tipos bajos empieza a parecer un recuerdo lejano.

Para el mercado inmobiliario, el efecto es evidente. Con precios de la vivienda todavía en máximos y un crédito cada vez más caro, la capacidad de compra se estrecha, especialmente para los jóvenes y para quienes dependen al cien por cien de la financiación. Más esfuerzo financiero, menos operaciones posibles y una demanda que, tarde o temprano, tendrá que ajustarse a lo que los bolsillos permiten.

La economía se está quedando sin margen para nuevas subidas

Ahora bien, hay motivos para pensar que el euríbor no tiene recorrido infinito. Los futuros del euríbor a tres meses sitúan su techo para diciembre de 2027 en torno al 3,3%, muy cerca de los niveles actuales. Y empiezan a aparecer voces que dudan de que el BCE tenga que ir tan lejos como esperan los inversores.

Konstantin Veit, gestor de carteras de PIMCO, cree que los riesgos apuntan a menos subidas de las que descuenta el mercado, aunque admite una incertidumbre excepcional. Todo dependerá, según su análisis, de si la subida de la energía se contagia de forma persistente al resto de la economía. En Danske Bank, Rune Thyge Johansen es todavía más concreto: espera una última subida en diciembre hasta el 2,75% y tipos congelados durante todo 2027, lo que dejaría al euríbor estabilizado en el entorno del 3%.

Si esa lectura se confirma, puede que estemos cerca del techo. Pero que el euríbor deje de subir no significa que vaya a bajar, y para miles de familias el daño ya está hecho. Una economía con la inflación tensionada, el crecimiento frenado y los hogares cada vez más ahogados por sus cuotas tiene poco margen para soportar muchas más vueltas de tuerca. El BCE lo sabe. La pregunta es si actuará en consecuencia o si volverá a pasarse de frenada.