El revuelo causado por el nuevo modelo de tarificación eléctrica impulsado por el Gobierno no cesa, y los palos llueven sobre Rivera, Garzón y Moncloa de manera indiscriminada. Hasta la derecha, cuya única preocupación siempre ha sido que las empresas eléctricas mantengan sus beneficios porque son de los suyos, critica al Gobierno a tres bandas o al alimón.

Idioteces inmisericordes como la de enviar al personal a planchar a las 4 de la mañana no han hecho sino terminar de indignar a la población más afectada y vulnerable, con  muchos  pensando ya en poner a cargar el abanico por la noche para aliviar los meses que vienen.

El caso es que el invento del Gobierno va a encarecer la factura de la luz en todos los hogares y en algunos en bastante. Porque los horarios con tarifas más caros del día coinciden con los momentos en que las personas están en casa y necesitan calefacción, aire acondicionado, planchar o cocinar. Para qué hablar del cada vez más extendido teletrabajo que será muy penalizado con unos costes que las empresas no pagan.

Con la nueva factura eléctrica se reducen las tarifas tanto en consumo como en potencia, ciñéndose a tres o dos periodos del día respectivamente, con horas valle, llanas o punta. Pero como denuncia Facua, tanto la potencia contratada como la energía consumida serán casi un 2.000% más caras en periodo punta que en valle.

La tarifa que nos ha caído desde el pasado día 1 de junio no tiene nada que ver con las primeras conversaciones del gobierno de coalición para regular el precio de la luz. En aquel ya lejano diciembre de 2019 los dos socios, PSOE y Unidas Podemos, se comprometían con los ciudadanos a impulsar un cambio en que las tarifas eléctricas tendrían un precio más bajo para los primeros kilovatios hora (kWh) de energía consumida. Pero en lugar de mantener el compromiso, el Gobierno ha optado por la discriminación horaria y deja atrás a millones de damnificados.

Y de paso adjudica a los usuarios la responsabilidad por pagar demasiado haciendo una utilización no eficiente de la energía. Lo que es claramente una injusticia porque ni en todos los hogares disponen de electrodomésticos eficientes ni se pueden permitir no dormir por la noche planchando o cocinando para poder hacer frente a la factura.

La potencia tendrá dos periodos:

– Punta, de 8.00 a 00.00 horas de lunes a viernes salvo festivos nacionales.

– Valle, de 00.00 a 8.00 horas y todas las horas de los sábados, domingos y festivos nacionales.

El consumo tendrá tres periodos:

– Punta: de 10.00 a 14.00 horas y de 18.00 a 22.00 horas de de lunes a viernes salvo festivos nacionales.

– Llano: de 8.00 a 10.00 horas, de 14.00 a 18.00 horas y de 22.00 a 00.00 horas de lunes a viernes salvo festivos nacionales.

– Valle: de 00.00 a 8.00 horas de lunes a viernes y todas las horas de los sábados, domingos y festivos nacionales.

Como se tiene por costumbre cuando se trata con las eléctricas, ya sea este Gobierno como los anteriores –con la salvedad de Zapatero que lo intentó- se penalizará al ciudadano y se continuará permitiendo que estas empresas gocen de inmensos beneficios.

Como los que ha declarado a principios de año Endesa, que obtuvo el pasado año un beneficio neto de 1.394 millones de euros, ocho veces más que los 171 millones que registró en 2019, o Iberdrola que ha tenido unas ganancias récord de 3.610 millones de euros en 2020 y que impulsarán aun más el sueldo de Sánchez Galán que ganó el pasado año algo más de un millón de euros al mes. Las previsiones del ejecutivo eléctrico son las de llevar los beneficios de la compañía hasta los 5.000 millones de euros en 2025 y 7.000 millones en 2027. Para echarse a temblar porque ya sabemos de qué bolsillos saldrán esos dineros.

El problema que se ve de inmediato es que la reforma de las tarifas no ataca directamente las principales causas de la carestía de la luz,  que son la manera de calcular el precio del kWh y los ingentes beneficios de las eléctricas. Pero la situación viene de lejos y culpar a los usuarios de no ser eficientes en el consumo evita obligar a las eléctricas a solucionar las deficiencias del sistema.

Hace ya mucho tiempo que las “hermanas” idearon una artimaña, que pagamos entre todos,  para cubrir las pérdidas de energía que se producen por transporte, distribución, errores de medida y fraudes,  es decir por su inoperancia, hasta en un 15% de la producción total. De manera genial esas pérdidas  se prorratean entre los usuarios, de forma proporcional a su tarifa. Hay que tener en cuenta que tan sólo en fraude, cometido en su mayor parte por empresas y grandes consumidores, la CNMC estima que se alcanza una cifra anual de unos 150 millones de euros.

El problema que se vislumbra en cuanto se escarba un poco es que se ha perdido la noción de lo que la luz, el agua y el gas tienen de servicio público, identificable como básico y esencial para toda la comunidad. Y ello sucedió en el mismo momento de su privatización.

El expolio que para todos los españoles supuso la privatización de Endesa por Aznar y su venta posterior, con el oscuro y desastroso episodio de la creación de la figura del déficit de tarifa por Rato,  continúa como causa principal del disparatado mercado eléctrico español, sus abusos hacia los consumidores, estafas de los contadores y raterías varias. Empresas intocables que intervienen al estado y que fundamentan sus beneficios en deudas increíbles, costes inasumibles y pobreza energética para 4,5 millones de españoles, no pueden ser honradas y fiables, ni muchísimo menos. Y la falacia de Aznar de no poder mantener una compañía eléctrica pública, choca con la realidad de  países con participación pública en compañías eléctricas como Italia, Francia, Suecia, EEUU, Holanda, Australia, Japón… Pero aquí nos venden que una compañía eléctrica pública es de comunismo bolivariano y se quedan tan anchos.

Años después de Aznar, con los socialistas en Moncloa, el gobierno de Zapatero quiso volver a controlar la eléctrica. Lo intentó en 2005 a través de la OPA de Gas Natural. Pizarro, a la sazón presidente de Endesa, difundió que tras la operación estaba la mano negra de los catalanes  y el gobierno del PSOE- y, con la complicidad del PP, que lo convirtió en el héroe del momento, se revolvió para hacerla abortar. Gastó generosamente millones de euros en asesores legales y consultores para frenarla y terminó impulsando una contraopa de la alemana E.ON. Tras 2 años de una batalla político económica extraordinariamente agresiva y costosa, la constructora española Acciona y la estatal italiana Enel, con el concurso financiero del Banco Santander, formalizaron en una mañana la compra de Endesa por más de 40.000 millones de euros. Una de las operaciones más caras de la historia económica europea. El patriotismo había conseguido que en lugar de quedar en manos de Gas Natural, que era una empresa catalana, fuera a parar a ENEL, la eléctrica nacional de Italia.

Y el negocio fue redondo, primero, en los dos años de luchas por su control y con sucesivas OPAS y contraopas, el valor de la acción subió desde los 25 hasta los 41 euros. La subida del valor de las acciones exige más dividendos para remunerar el capital y como la tarifa eléctrica garantiza la rentabilidad de las empresas, ésta crece en paralelo al aumento de cotización de las mismas.

Para que esta fantástica operación financiera no impactara súbitamente en el precio de la electricidad, Rato, ministro de Economía en 1998, camufló el incremento del precio de la luz instaurando el “déficit de tarifa. El saldo acumulado alcanzó a principios de 2014, los 30.000 millones de euros, importe que las eléctricas ya han cobrado en su mayoría, convirtiendo los títulos de deuda en ingresos adelantados. A finales de 2019 la deuda era de 16.602 millones de euros, alrededor de un 12% inferior a la de 2018.

No es de extrañar que el hacedor de la operación que ha generado tantos beneficios, tenga un puesto en el Consejo de Administración de Endesa, remunerado con 200.000 euros. Y poco es para quien facilitó la venta de nuestra mejor y mayor empresa pública al Estado de Italia, que a través de Enel ha sacado ya unos 30.000 millones de Endesa por ventas accionariales y dividendos.  Del patriotismo de Aznar mejor ni hablamos, que parece no ir más allá de una pulserita en la muñeca.

Este nuevo intento de cambio de facturación del sector eléctrico no es más que un mero parche que no ataca el verdadero problema. Como sucede con la vivienda y otros sectores, la privatización ha convertido un bien de primera necesidad en un producto especulativo  que deja a la ciudadanía y a los gobiernos sometidos a los intereses empresariales.  El derecho esgrimido por estas empresas  al beneficio y a la seguridad jurídica de sus intereses no puede permitirse cuando la obtención del beneficio se realiza en bienes y servicios básicos e imprescindibles para la vida. Pero ahí está la base de un negocio que les convierte en millonarios.

Y no estamos ante un Gobierno valiente a la hora de tomar decisiones necesarias. Continúa en la senda marcada por la política neoliberal que manda en Europa e incluso justifica que además de derechos son bienes de mercado,  dándoles el mismo rango o inferior aunque son los derechos de la ciudadanía frente a los de grandes corporaciones los que debiera defender. Pero los afectados por esta nueva legislación son millones, con especial incidencia en los colectivos más vulnerables, con hogares de escasa eficiencia energética, sin electrodomésticos de última generación y sujetos a unas obligaciones laborales que convierten esa exigencia de eficiencia energética y cambio de horarios en un sarcasmo. Y podían haberse ahorrado la sugerencia de planchar a las 4 de la mañana, que es una completa muestra de insensibilidad ante la situación a la que han condenado a demasiados hogares.

La progresiva privatización de bienes y servicios imprescindibles para el bienestar de los ciudadanos, como la Sanidad, la Educación, la Vivienda o la Energía, está acabando con la Europa que se diseñó tras la II Guerra Mundial e impidiendo que nuestro país sea un mejor lugar para vivir. Ante la política neoliberal que inmola a los ciudadanos en el altar del beneficio tan sólo queda la opción de la empresa pública, que es de todos y no de unos pocos. Pero hace falta más valor y más progresismo. Y estos no lo tienen.

La necesaria empresa eléctrica nacional

Periodista económico

Eduardo Lizarraga

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