Las comidas y cenas navideñas vuelven a llenar restaurantes, bares y salones privados en toda España. Reencuentros familiares, celebraciones de empresa, comidas con amigos… y, lamentablemente, también un repunte de prácticas abusivas por parte de algunos establecimientos de hostelería que parecen entender estas fechas como una oportunidad para exprimir al cliente sin miramientos. Al grito implícito de “ave de paso, cañazo”, algunos locales convierten la Navidad en una auténtica prueba de resistencia para el bolsillo del consumidor.

Desde la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) se advierte cada año de que no todo vale, por mucho turrón, brindis y espíritu festivo que haya de por medio. El problema es que estas prácticas no solo se repiten, sino que se están normalizando, en un contexto general de inflación, pérdida de poder adquisitivo y aumento del coste de la vida que ya afecta de lleno a vivienda, suministros y consumo cotidiano.

Algunos de los principales abusos que se pueden encontrar en estas fechas

Uno de los clásicos navideños es la imposición obligatoria de menús cerrados, eliminando la posibilidad de elegir a la carta. Esta práctica, aunque frecuente, no siempre es legal, especialmente cuando no se informa con claridad o se impone sin alternativa real. Más discutible aún es obligar a todos los comensales a consumir el mismo menú, ignorando alergias, intolerancias o necesidades alimentarias específicas.

A esto se suman los suplementos desorbitados dentro del propio menú: pequeñas variaciones que encarecen de forma notable el precio final y que, en muchos casos, no se explican adecuadamente. El resultado es una factura inflada que llega al final de la comida, cuando ya no hay margen para rectificar.

Otra práctica cada vez más extendida es exigir adelantos económicos por la reserva. Aunque pedir una señal no es ilegal, sí puede ser abusivo cuando supera el 50% del importe previsto o cuando las condiciones de cancelación son desproporcionadas. Cobrar el menú completo por la ausencia de uno de los comensales supone un enriquecimiento injusto, ya que el coste real para el hostelero no equivale al importe total cobrado.

La inventiva hostelera no conoce límites y también puedes encontrarte con otras muestras

La creatividad de algunos establecimientos no se detiene ahí. Entre las prácticas claramente abusivas que siguen apareciendo, destacan:

  • Cobrar un plus por la reserva, como si sentarse a la mesa ya fuera un servicio premium.

  • Retrasar la devolución del adelanto y convertirlo en una especie de bono obligatorio para futuras visitas, forzando al cliente a volver.

  • No ofrecer carta física, limitándose a códigos QR. Estos pueden ser útiles, pero la carta en papel sigue siendo obligatoria.

  • Utilizar precios ambiguos como “según mercado” sin especificar referencias claras, como el precio por kilo.

  • No informar del precio de los platos fuera de carta, una de las trampas más habituales.

  • Cobrar por el cubierto o el servicio de mesa, algo expresamente ilegal, ya que forma parte del servicio básico.

  • Cobrar el agua del grifo, cuando su dispensación es obligatoria y gratuita si el cliente la solicita.

  • Rechazar el pago en efectivo, algo que no está permitido, aunque sí puede rechazarse la tarjeta si se avisa antes de consumir.

  • Entregar tickets o facturas sin detallar los productos consumidos, incumpliendo la normativa básica de consumo.

Estas prácticas, lejos de ser anecdóticas, se repiten con especial intensidad en épocas de alta demanda, como Navidad, Semana Santa o verano, cuando el cliente parece convertirse en un objetivo más que en un derecho a respetar.

El cliente siempre puede pedir la hoja de reclamaciones

Frente a estos abusos, conviene recordar que el consumidor no está indefenso. Ante cualquier irregularidad, el cliente puede y debe solicitar la hoja de reclamaciones. Si el establecimiento se niega a facilitarla, es posible avisar a la policía municipal para que levante acta, una medida que suele ser más efectiva de lo que muchos creen.

Además, es fundamental conservar el tique o factura, que debe emitirse obligatoriamente y reflejar con claridad todos los conceptos cobrados. Este documento es clave para cualquier reclamación posterior ante las autoridades de consumo.

En un escenario en el que el coste de la vivienda, los alquileres, las hipotecas y el consumo básico ya tensionan la economía familiar, estos abusos en hostelería no son un problema menor. La Navidad no debería ser una excusa para esquilmar al cliente, sino una oportunidad para ofrecer un servicio honesto y transparente.

Porque celebrar no debería doler… al menos no en la cartera.

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