La inflación cerró 2025 en España con una subida del 2,9%, un dato que, aislado, podría interpretarse como una cierta estabilización de los precios. Sin embargo, tal y como advierte la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), esta cifra media no refleja el impacto real que la inflación tiene en los hogares, especialmente cuando se cruza con el elevado coste de la vivienda, las hipotecas tensionadas por el euríbor que sube y un mercado del alquiler cada vez más inaccesible.

La OCU subraya que la inflación subyacente se mantuvo en el 2,6%, lo que confirma que el problema va mucho más allá de episodios puntuales en energía o alimentos. Detrás de la aparente contención se esconden incrementos desproporcionados en partidas esenciales que deterioran de forma constante el poder adquisitivo de millones de familias españolas, obligadas a destinar una parte creciente de sus ingresos a gastos básicos.

La alimentación continúa descontrolada

La cesta de la compra sigue siendo uno de los principales focos de preocupación. Aunque el IPC de alimentación se situó en el 2,7%, dos décimas por debajo del índice general, la OCU alerta de que los productos más consumidos en el día a día siguen encareciéndose.

Durante 2025 se han registrado bajadas relevantes, como el aceite de oliva (-31,6%) o el azúcar (-7,5%), pero estas reducciones no compensan el fuerte aumento de otros alimentos básicos. Destacan los huevos (+31,3%), la carne de vacuno (+17,2%), el café (+16,3%), el aceite de girasol (+9,7%), las legumbres y hortalizas (+7,3%), los frutos secos (+7%), el pescado congelado (6,2%), la fruta (5,2%) o la leche entera (5,2%). La inflación ha golpeado con especial dureza a los productos frescos, afectando sobre todo a los hogares más vulnerables.

Otras subidas que rondan o superan el 10%

Más allá de la alimentación, la OCU identifica varias partidas con incrementos que superan ampliamente el 10%, convirtiéndose en auténticos sumideros del presupuesto familiar. La electricidad subió un 12,6%, consolidando la energía como uno de los gastos más difíciles de controlar. De hecho, 2025 ha sido el tercer año con la factura media más cara desde la creación de la tarifa regulada PVPC, con un coste medio de 69,34 euros mensuales.

El transporte también ha experimentado fuertes subidas. El tren se encareció un 12,2%, en gran parte por la retirada de ayudas tras la pandemia, mientras que el metro y el tranvía aumentaron un 8,4%. Especialmente significativa fue la subida del transporte combinado de pasajeros (+26,7%), además del incremento de los vuelos internacionales (+7,4%).

A ello se suman los seguros, con un aumento del 10,4% en los seguros privados de salud y del 8,8% en los de vehículos, sin una justificación clara. Por último, la tasa de basuras se disparó un 30,3% interanual, convirtiéndose en una de las partidas más inflacionistas del año y vulnerando, según la OCU, el principio básico de “quien contamina paga”.

Una inflación del 2,9% en diciembre superior a la media europea

El IPC de diciembre confirmó el cierre de 2025 con una inflación por debajo del 3%, pero España se ha comportado peor que la media europea. Mientras la zona euro cerró el año con una inflación media del 2%, España escaló desde el 2% de mayo hasta situarse en torno al 3% en el índice armonizado, alejándose progresivamente del entorno europeo.

Este diferencial evidencia que los problemas de precios en España tienen componentes estructurales, especialmente vinculados a la vivienda, la alimentación y los servicios básicos, que no se están corrigiendo con la suficiente eficacia desde el ámbito político.

Los cuatro grandes aspectos que afectan a las familias españolas

Según el análisis de la OCU y de distintos agentes sociales, la presión sobre los hogares se concentra en cuatro grandes ámbitos: vivienda, alimentación, energía y servicios esenciales. En el conjunto del año, vivienda, hostelería y alimentación han sido los componentes que más han empujado el IPC al alza.

Si se amplía la perspectiva, la alimentación se ha convertido en el gran quebradero de cabeza de la economía doméstica, con una subida acumulada del 33,9% en los últimos cuatro años. Algunos productos, como los huevos, casi han duplicado su precio; las carnes acumulan subidas cercanas al 55% y la leche se ha encarecido un 46%.

Controlar los precios y no sólo los salarios

Aunque los salarios por convenio subieron de media un 3,53% en 2025, por encima del IPC, la pérdida real de poder adquisitivo sigue siendo evidente. “Tienes que dedicar cada vez más sueldo a cubrir tus necesidades básicas”, advertía Joaquín Pérez, secretario general de USO, quien reclama que 2026 sea el año de la subida salarial, empezando por el SMI, pero con pactos vinculantes y mayor compromiso institucional.

Sin embargo, tanto sindicatos como organizaciones de consumidores coinciden en que no basta con subir salarios. La clave está en contener los precios, especialmente en vivienda y alimentación. “El mercado no puede regularse solo cuando hablamos de bienes básicos”, insisten desde USO y la OCU, que reclaman una mayor implicación de las administraciones para evitar que la inflación siga erosionando la economía de las familias españolas.