El ataque de Estados Unidos e Israel a Irán encarecerá llenar el depósito
Suben los carburantes, y con ellos, la ansiedad de millones de conductores europeos. Mientras en Oriente Próximo vuelan misiles, en Europa vuelan los precios del diésel y la gasolina. Y, como siempre, el consumidor, rehén de la geopolítica, paga la factura.
La subida ha empezado por el diésel, que ha escalado un 2,2% en solo una semana, alcanzando ya los 1,388 €/litro, según datos de la OCU. Pero esto no es más que un aperitivo. Según la misma organización, el impacto del reciente bombardeo de Estados Unidos e Israel sobre Irán no se ha reflejado aún en los surtidores. El mercado del crudo se comporta como un animal herido: no reacciona al instante, pero cuando lo hace, embiste con fuerza.
En concreto, los futuros del gasóleo han subido un 22% desde el inicio del conflicto el pasado 13 de junio. La gasolina, aunque menos afectada, también apunta maneras con un incremento del 10%. Y en términos prácticos, esto se traduce en un encarecimiento inminente del 10% para el diésel y del 4% para la gasolina. Es decir: el diésel rondará los 1,52 €/l y la gasolina superará los 1,53 €/l.
Lo más inquietante es que este repunte no solo afecta a quienes llenan el depósito. Como recuerda la OCU, los carburantes son un vector clave de inflación, porque afectan al transporte, a la producción, a la distribución de alimentos y a la logística. La espiral de precios está garantizada, y no hay quien ponga freno.
El cierre del estrecho de Ormuz desencadenaría una crisis energética
La situación, ya de por sí delicada, podría agravarse si se produce lo que muchos temen y Teherán ha dejado caer entre líneas: el cierre del estrecho de Ormuz. Por ese corredor marítimo pasan a diario más de 17 millones de barriles de petróleo, lo que representa casi una quinta parte del consumo mundial. Si Irán bloquea el paso —como ya hizo en 2019 mediante sabotajes a petroleros—, el precio del petróleo podría duplicarse en cuestión de semanas.
Las consecuencias serían catastróficas para Europa, que depende en gran medida del suministro marítimo de crudo. Y especialmente para países como España, que importa el 99% del petróleo que consume. La factura energética, ya de por sí insostenible, podría dispararse aún más, empujando el IPC por encima del 4% en un contexto en el que la inflación parecía remitir.
Mientras tanto, los organismos internacionales cruzan los dedos, el BCE calla y los gobiernos se limitan a recomendar que comparemos precios en las gasolineras. La OCU, por su parte, sugiere consultar su comparador online, donde es posible ahorrar hasta un 10% en el repostaje. Pero incluso esas pequeñas diferencias pueden evaporarse en los próximos días, cuando la nueva ola de subidas llegue con fuerza.
Evolución del precio de los combustibles y previsiones
El diésel rompe su tendencia a la baja y lidera las subidas
Desde el pasado otoño, tanto el diésel como la gasolina habían dado un pequeño respiro a los conductores. En el caso del diésel, el precio llegó a bajar un 9,2% hasta octubre de 2024, mientras que la gasolina se abarató un 8,9%. Pero esa tendencia cambió poco antes de Navidad, y desde entonces la espiral ascendente no ha hecho más que intensificarse.
En lo que llevamos de 2025, el precio acumulado todavía refleja cierta contención:
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Gasolina: -4,14% en lo que va de año
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Diésel: -5,4% respecto a enero
Sin embargo, la realidad es que estas cifras ya han quedado superadas por la escalada actual. De hecho, el precio medio del depósito de diésel (55 litros) ha pasado de 80,85 euros en 2024 a 74,58 euros en 2025, pero esta diferencia se estrecha día a día. Con las subidas anunciadas, llenar ese mismo depósito volverá a costar más de 83 euros en cuestión de semanas.
En el caso de la gasolina, llenar un depósito medio cuesta ahora 80,5 euros, frente a los 88,8 euros del año pasado. Otra diferencia que pronto será historia si se confirman los pronósticos.
Comparativa con años anteriores y máximos históricos
Pese a la alarma generalizada, los precios aún no han alcanzado los máximos históricos del verano de 2022:
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Gasolina: llegó a los 2,141 €/l
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Diésel: rozó los 2,10 €/l
Pero los analistas advierten que el contexto actual podría ser más explosivo que el generado por la invasión rusa de Ucrania. En aquel entonces, el mercado reaccionó por miedo. Ahora reacciona con hechos: bombardeos, amenazas de bloqueo y tensiones reales en una de las zonas más sensibles del planeta.
Impacto internacional: ganadores y perdedores
¿Quién pierde?
Entre los más perjudicados, destacan:
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España, Italia y Grecia: países con alta dependencia energética y escasa capacidad de almacenamiento.
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India y China: grandes consumidores de crudo que verán afectadas sus cadenas logísticas e industriales.
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Europa en general, que aún no ha completado su transición energética y sigue atada al petróleo.
Para las familias europeas, el impacto será claro: más caro ir al trabajo, más caro hacer la compra, más caro calentar la casa. El consumo se resentirá, lo que puede llevar a una ralentización del crecimiento económico justo cuando parecía recuperarse.
¿Quién se beneficia?
Los beneficiados son los de siempre:
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Países productores como Arabia Saudí, Emiratos Árabes, Irak o incluso Venezuela.
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Rusia, que verá cómo se encarece su petróleo y gas, mejorando sus ingresos pese a las sanciones.
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Estados Unidos, gracias a su producción de fracking y su influencia en los mercados de futuros.
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Grandes petroleras como ExxonMobil, Shell o TotalEnergies, que celebran cada subida con dividendos récord.
Incluso algunos fondos especulativos están haciendo su agosto apostando al alza en los futuros del crudo.
La inevitable repercusión sobre el IPC
El combustible como motor de la inflación
Con un peso específico en el IPC español del 8,3%, el precio de los carburantes no solo afecta directamente al dato mensual, sino que actúa como multiplicador en múltiples sectores:
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Transporte por carretera
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Distribución de bienes
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Producción agroalimentaria
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Servicios urbanos y movilidad
Por cada 5% de subida sostenida en el precio del crudo, el IPC puede aumentar entre 0,2 y 0,4 puntos, según estimaciones del Banco de España. Y si, como pronostica la OCU, el diésel sube un 10% adicional, podríamos ver una subida directa del IPC interanual cercana al 0,5% sólo por el transporte.
Una tormenta perfecta para el consumidor
Mientras las cancillerías se devanan los sesos intentando mantener la paz en Oriente Próximo, la economía doméstica europea está siendo bombardeada por los precios. En España, el consumidor vuelve a pagar el pato. Lo hace en la gasolinera, en el supermercado y en el recibo de la luz.
Las soluciones estructurales, como una transición energética real, una movilidad eléctrica eficiente o una política fiscal que compense estas crisis, siguen sin llegar. Mientras tanto, la realidad aprieta: llenar el depósito cuesta más, y vivir también.
Y lo peor —una vez más— es que no depende de nosotros, sino de un juego geopolítico con reglas oscuras y consecuencias muy claras.