El BCE ha vuelto a cumplir el guion. En su reunión de abril, el Consejo de Gobierno ha decidido mantener los tipos de interés sin cambios: la tasa de depósito se queda en el 2%, el tipo de financiación en el 2,15% y la ventanilla de emergencia en el 2,4%. Son ya siete reuniones consecutivas sin tocar el precio del dinero, una racha de inmovilismo que, paradójicamente, no ha impedido que el euríbor siga escalando posiciones. Porque lo que el BCE no ha movido, el mercado sí lo está moviendo, y los hipotecados españoles lo están notando directamente en el bolsillo.
¿Por qué sube el euríbor acercándose ya al 3% si el BCE mantiene los tipos?
Que el banco central no suba tipos no significa que el euríbor se quede quieto. El índice de referencia más utilizado en las hipotecas variables cotiza hoy en tasa diaria en el 2,848%, un nivel que no se veía desde septiembre de 2024. La razón es que el euríbor no anticipa lo que el BCE ha hecho, sino lo que el mercado cree que va a hacer. Y el mercado, a la vista del comunicado de Lagarde y del contexto geopolítico, tiene muy claro que los tipos van a subir en junio. Así de sencillo, y así de preocupante.
El detonante es conocido: el conflicto en Oriente Medio sigue sin resolverse, el estrecho de Ormuz permanece bloqueado y el precio del barril de petróleo ha vuelto a dispararse, superando los 120 dólares. En ese escenario, la inflación de la eurozona cerró abril en el 3% interanual, el nivel más alto desde finales de 2023, frente al 2,6% de marzo. El BCE lo ha reconocido en su propio comunicado: «los riesgos al alza para la inflación, y a la baja para el crecimiento, se han intensificado». Esa frase, seca y técnica, contiene toda la incomodidad del momento.
La subida de las hipotecas
La media del euríbor en abril de 2026 se ha cerrado en el 2,747%, lo que supone una subida respecto al 2,565% de marzo y un salto considerable frente al 2,143% de hace exactamente doce meses, que es el dato con el que se comparan las hipotecas variables en su revisión anual.
Las cifras concretas no dejan lugar a interpretaciones optimistas. Para una hipoteca media de 163.378 euros a 25 años con un diferencial de un punto sobre el euríbor, la revisión de abril supone pagar 840 euros al mes, esto es, 53 euros más que un año atrás. Multiplicado por doce mensualidades, el sobrecoste anual se sitúa en torno a los 636 euros. Más de medio sueldo de muchas familias que en su momento firmaron pensando que el euríbor se quedaría bajo control.
Para quien contrate ahora una hipoteca, el golpe tampoco es menor. Tipos más altos significan cuotas más caras, y cuotas más caras implican mayor dificultad para pasar los filtros de solvencia de la banca, que exige que los ingresos tripliquen la cuota mensual. El acceso a la financiación se está encareciendo justo cuando los precios de la vivienda siguen en máximos históricos. Una combinación verdaderamente hostil para el comprador.
La inflación contenida, pero amenazada por la subida del crudo
Hay una lectura algo más tranquilizadora, aunque hay que cogerla con pinzas: el IPC subyacente, que excluye energía y alimentos frescos, se relajó ligeramente en abril hasta el 2,2% interanual, lo que indica que el impacto inflacionario sigue concentrado, de momento, en el componente energético. La inflación no ha saltado todavía a otras categorías de consumo.
Pero ese «de momento» tiene mucho peso. Con el petróleo por encima de los 120 dólares y el gas natural licuado bajo presión, el contagio a precios industriales, transporte y alimentación es una cuestión de tiempo, no de probabilidad. Lagarde lo reconoció en rueda de prensa: los costes energéticos «afectarán a los ingresos de las empresas» a través de la cadena logística. Y cuando los costes suben para las empresas, tarde o temprano suben para el consumidor.
Riesgos de subida de la inflación y parón al crecimiento: la peligrosa estanflación
La palabra que todos tienen en mente pero que Lagarde se niega a pronunciar con propiedad es estanflación: inflación alta combinada con crecimiento débil o nulo. El PIB de la eurozona creció apenas un 0,1% intertrimestral en el primer trimestre de 2026, una cifra que certifica la fragilidad de la actividad económica. Al mismo tiempo, la inflación sube. El escenario tiene todos los ingredientes del problema, aunque la presidenta del BCE insista en que la situación actual no es comparable a la de los años setenta.
Puede que técnicamente no lo sea. Pero para una familia que ve cómo su hipoteca sube, los suministros se encarecen y el mercado laboral empieza a dar señales de enfriamiento, los matices académicos importan poco.
Se esperan subidas en junio y en julio
Lagarde fue todo lo clara que suele ser, que no es mucho, pero suficiente para leer entre líneas. Dijo que «seis semanas es el tiempo adecuado para evaluar el progreso de la inflación y determinar si hay que tomar medidas». Traducción: la subida de tipos en junio es una posibilidad muy real. Las firmas de análisis consultadas apuntan en la misma dirección: Federated Hermes considera que el Consejo se reserva margen para actuar en junio, y Allianz prevé subidas en junio y septiembre. Desde varios frentes se habla incluso de una segunda subida antes de que termine 2026.
El mercado ya descuenta más de 80 puntos básicos de subida este año, algo más de tres movimientos al alza. Si se confirman, el euríbor podría situarse en niveles no vistos desde los años de las subidas agresivas post-pandemia. La barrera psicológica del 3% empieza a parecer menos infranqueable de lo que parecía hace apenas dos meses.
Los daños en las infraestructuras auguran años complicados
Incluso en el escenario más optimista, en el que la guerra en Oriente Medio termina en las próximas semanas, los expertos advierten de que el daño energético no desaparecerá de golpe. La planta de gas natural licuado de Ras Laffan, la mayor del mundo, responsable del 18% del GNL global, ha perdido según Qatar Energy un 17% de su capacidad y su recuperación llevará entre tres y cinco años. Lo mismo ocurre con decenas de puertos, oleoductos, refinerías y pozos de la región afectados por el conflicto.
Esto significa que aunque se firme la paz, los precios de la energía no volverán a los niveles previos de forma inmediata. El BCE seguirá enfrentando presiones inflacionarias de origen estructural durante meses, quizás años. Una mala noticia para quienes esperaban que la resolución del conflicto trajera consigo un alivio rápido del euríbor.
Las perspectivas para el euríbor los próximos meses
El comparador hipotecario HelpMyCash ha planteado tres escenarios posibles para los próximos meses. Si las negociaciones de paz se prolongan sin resolverse, el euríbor se mantendría en torno al 2,7%. Si hay acuerdo de paz, podría descender progresivamente hasta cerrar el año cerca del 2,3%. Y si el conflicto escala de nuevo, el BCE podría verse presionado a subir tipos con más agresividad y el euríbor superaría el 3% con relativa facilidad.
El condicional, como apuntan los propios analistas, es el tiempo verbal que mejor define el momento. Nadie quiere hacer predicciones tajantes cuando el conflicto que determina la inflación se negocia en Islamabad y el precio del barril se decide en los mercados de futuros. Lo que sí es seguro es que abril de 2026 pasará a los registros como un mes complicado para los hipotecados españoles, y que mayo no apunta a ser muy diferente.