Más de un millón de afectados llevan toda una vida esperando

Diez años. Una década entera. Más de un millón de familias atrapadas en hipotecas referenciadas al famoso IRPH, viendo cómo sus cuotas se inflaban mientras el Euríbor bailaba a la baja. Y mientras tanto, el Tribunal Supremo en Madrid jugando a “tómate tu tiempo” como si no hubiera hipotecas que asfixian cada mes. En la práctica: dos meses de debate que parecen dos siglos, y todavía sin sentencia.

El guion es tan conocido que casi aburre: los bancos ganan tiempo, los consumidores pierden dinero, y el Supremo parece empeñado en ser el último en enterarse de que Europa ya ha hablado claro.

Una sentencia favorable a los consumidores abriría la puerta a devoluciones millonarias

El cálculo no es de andar por casa: si el Supremo se alineara con el TJUE, los bancos podrían verse obligados a devolver miles de millones de euros. Y claro, eso pone nervioso a más de un consejo de administración. La factura supera los 44.000 millones de exposición. Los afectados sueñan con recuperar lo que nunca debieron pagar; las entidades tiemblan pensando en el agujero contable.

Por eso cada día de retraso suena a táctica de manual: dejar que pase el tiempo, que se desinflen las esperanzas, que algunos afectados desaparezcan  y que al final se conforme el consumidor con migajas.

La transparencia exigida por el derecho de la Unión en el foco del debate

Desde Luxemburgo lo han repetido hasta la saciedad: la transparencia no es un powerpoint en el BOE, es explicar al cliente cómo funciona el dichoso índice, qué consecuencias económicas tiene y por qué el IRPH es más caro que el Euríbor.

Pero aquí seguimos, con la banca defendiendo que bastaba con decir “mira, está publicado en el BOE” y el Supremo haciendo como que esa explicación mínima vale. Spoiler: en Europa eso se llama falta de transparencia.

Las razones de que el IRPH resultara sistemáticamente más elevado que el Euríbor

El truco estaba en la receta: el IRPH no es un tipo interbancario limpio, como el Euríbor, sino una media ponderada que incluye comisiones y gastos de los propios bancos. Resultado: sistemáticamente más caro. Y encima muchas entidades se saltaron alegremente la recomendación del Banco de España de aplicar un diferencial negativo compensatorio. Así cualquiera gana: ellos cobrando más, el cliente pagando el pato.

El carácter oficial del IRPH no exime a las entidades del deber de transparencia

Que el índice lo publique el Banco de España no significa que el banco pueda colártelo sin explicación. Europa ya lo ha dejado cristalino: oficialidad no equivale a carta blanca. El contrato debe ser claro, comprensible y transparente. Y hasta ahora, de los cientos de casos analizados por bufetes especializados, ni uno muestra una información suficiente al consumidor.

La definitiva sentencia del TJUE del 12 de diciembre de 2024

El 12 de diciembre de 2024, el TJUE dio un nuevo revolcón al Supremo español:
– La oficialidad no exime de explicar.
– Hay que mostrar la evolución histórica del índice.
– Si no se informa con claridad, la cláusula puede ser abusiva y nula.

Vamos, que Luxemburgo volvió a pasar la escoba y dejó al Supremo en evidencia, otra vez. Y van… ¿cuántas?

La falta de transparencia debe hacer considerar a la cláusula abusiva y por lo tanto nula

El razonamiento es sencillo: si no se informa bien al consumidor, la cláusula es abusiva. Y lo abusivo, en derecho de la Unión, se anula. No hay más. Todo lo demás son maniobras para salvar la cara de la banca y marear al personal.

En este caso se está viendo la fuerza de la banca que se resiste a devolver sumas milmillonarias

No es casualidad que este proceso se eternice. La banca española no quiere abrir la caja de Pandora: devolver sumas milmillonarias, reconocer que colocaron hipotecas opacas y admitir que Luxemburgo lleva razón. El lobby financiero aprieta, y el Supremo se encoge.

Mientras, los afectados suman años de cuotas infladas, embargos, salud deteriorada y casas perdidas. El daño social ya está hecho, pero parece que nadie en la cúpula judicial tiene prisa por remediarlo.

Con sus últimas sentencias los juzgados españoles van por delante del Tribunal Supremo

La ironía del momento: juzgados de primera instancia y Audiencias Provinciales ya aplican la doctrina europea con claridad. Nulidad de cláusulas, devolución de intereses y sustitución por Euríbor. O sea, el Supremo en la cola mientras los juzgados de a pie marcan el camino.

Y no hablamos de casos aislados: Navarra, Madrid, San Sebastián, Asturias, Murcia, Cádiz… todo el mapa judicial va anulando cláusulas y ordenando devoluciones. El consumidor que acude al juzgado de su barrio encuentra justicia más rápida y efectiva que quien espera la doctrina “oficial” del Alto Tribunal.

El Tribunal Supremo tiene poco recorrido pero puede agarrarse al mantenella y no enmendalla

Todo apunta a que el Supremo tiene poco margen. Luxemburgo ha hablado alto y claro, y los juzgados españoles ya se alinean. Pero siempre queda la opción hispánica del “mantenella y no enmendalla”: resistirse, inventar matices y volver a enredar el caso para no tener que admitir que llevan años sosteniendo lo insostenible.

El Supremo no solo se juega su credibilidad; se juega su futuro como referencia. Si acaba otra vez corregido desde Luxemburgo, quedará retratado como tribunal obediente a la banca y desobediente a la Unión.

¿Qué sucederá con las ejecuciones hipotecarias ya juzgadas?

Aquí está la madre del cordero: ¿qué pasa con quienes ya perdieron su casa, ya fueron ejecutados y ya tienen sentencia firme? ¿Devolverles las llaves, la dignidad y la salud? Difícil. Lo que se llama “cosa juzgada” amenaza con dejar fuera a miles de afectados que han cargado con el IRPH sin remedio. Un escándalo mayúsculo que el Supremo no parece dispuesto a afrontar. La cuestión tiene un nombre y unos culpables.

La solución en unos días pero puede saltar la sorpresa y vuelta al TJUE y por eso hay varios posibles escenarios

La sentencia debería publicarse en cuestión de días. Pero nadie descarta la pirueta: que el Supremo se saque de la manga una interpretación que vuelva a chocar con Luxemburgo y nos obligue a otro viaje al TJUE. Sería casi cómico si no fuera trágico: otro “revolcón” más para nuestra justicia patria.

Conclusión con sarcasmo servido

El IRPH se ha convertido en la prueba definitiva de que en España los bancos tienen más paciencia que los clientes y más poder que la justicia nacional. Luxemburgo dicta, el Supremo retrasa, y mientras tanto la gente paga.

Cuando llegue la sentencia —si llega— no será solo un fallo judicial, será un examen de dignidad institucional: o escucha a Europa y da la razón a quienes llevan diez años peleando, o sigue fingiendo que aquí mandan más los balances bancarios que los derechos de los ciudadanos.

La banca y el Supremos pueden aferrarse al “mantenella”, pero el TJUE ya ha demostrado que sabe enmendalla. Y a cada revolcón, el Supremo pierde un poco más de autoridad y credibilidad.