Según datos del Banco de España, la tasa de dudosidad de los créditos a hogares para la adquisición de vivienda era del 3% en el segundo trimestre de 2021. Este indicador dimensiona la financiación hipotecaria concedida a particulares que presenta problemas de impago. De ahí que sea relevante para evaluar el correcto funcionamiento de la concesión de crédito, la solvencia de las entidades, y, en última instancia, la estabilidad del sistema financiero en su conjunto.

Una tasa del 3% nos está diciendo que el deterioro de la economía producido por la crisis sanitaria no parece que esté teniendo incidencia sobre las tasas de dudosidad del sector. Ello está siendo posible gracias a las medidas de protección de rentas a través de ERTES y el apoyo financiero llevadas a cabo a través de moratorias, que han supuesto un importante soporte para las economías familiares.

La tasa de dudosidad, en sentido amplio, hace referencia a qué porcentaje del saldo vivo en el sector privado residente (incluyendo inmobiliarias, constructoras y hogares) puede considerarse dudoso, es decir, que tiene riesgo de impago porque acumula un retraso de al menos 90 días en sus obligaciones de devolución.

Por ponerlo en perspectiva, el 3% actual de tasa de dudosidad es la mitad que la que se registraba en el año 2014, que alcanzó el 6,1%, el máximo en la serie histórica desde el estallido de la crisis financiera. Si además de la dudosidad de los hogares incluimos la de las actividades inmobiliarias y la de la construcción, obtenemos la dudosidad del conjunto del sector privado residente, que actualmente asciende a 54.218 millones de euros, que supone un 4,4% del saldo vivo concedido.

Se trata de una situación realmente saneada si compara con el 13,6% que alcanzó a finales del año 2013 la dudosidad del sector privado residente, tres veces más que el actual. Si lo miramos en volumen de crédito, estamos hablando que en 2013 existían 197.000 millones de euros considerados dudosos en el sector privado, frente a los 54.000 actuales.

La diferencia con la época de la burbuja es considerable en el caso de las actividades inmobiliarias y la construcción. Las primeras muestran una tasa de dudosidad del 4,6% frente al 38% (nueve veces más) que alcanzaron en junio de 2014. La construcción, por su parte, se mueve en una tasa de dudosidad del 9,1%, frente al 34,3% de finales del año 2013.

En todos los segmentos se ha mantenido de forma continuada la tendencia descendente iniciada a partir de 2014, aunque la intensidad de la reducción ha sido mucho mayor en Construcción y Actividades Inmobiliarias. Ello es debido al intenso proceso de venta de carteras de créditos dudosos, que salieron de los balances de los bancos para pasar a estar bajo la gestión de fondos de inversión extranjeros.

La situación a futuro es compleja de predecir, pudiera ser que las tasas se resientan cuando los estímulos fiscales y otras medidas de apoyo se vayan retirando gradualmente, aunque la tendencia podría verse compensada en cierta medida por la reactivación de la economía dentro de un contexto de perspectivas económicas favorables. En este sentido la entrada de los fondos europeos puede impulsar la reactivación de la economía.