Dicen que los viejos pecados siempre terminan por aparecer y el caso es que como una pesadilla en diferido, esta pasada semana dos de los grandes entuertos de la crisis financiera de 2011 han vuelto a personarse en las páginas de los periódicos. La Sareb y Bankia…tanto monta, monta tanto.

La desaparición de Bankia a manos de Caixabank tenía puesta fecha desde hace meses y a pesar de su enorme trascendencia no ha causado un excesivo revuelo.  Tal vez el largo tránsito hasta su muerte, iniciado en 2004 y la inmensa cantidad de informaciones generadas en todo el proceso, tengan un poco acorchado el sentimiento general. Pero es preciso tener en cuenta que lo sucedido el pasado 26 de marzo es la consumación de unas pérdidas cercanas a los 27.000 millones de euros que asumimos casi sin pestañear,  como si fuéramos del mismo Bilbao.

El principio del fin de aquella disparatada carrera, llena de ineptitud, nepotismo , gestión política y arrogancia, sucedió el 20 de julio de 2011, con la salida de Bankia a Bolsa, el “gran éxito” en palabras de Rodrigo Rato que no podía dejar de saber lo que estaba pasando. La necesidad de liquidez forzó una fuerte campaña de comercialización de acciones hacia los clientes de la entidad que, en número de 400.000, invirtieron sus ahorros en títulos de Bankia, a razón de 3,75 euros por acción. Sólo nueve meses después, no valían nada y 1.800 millones de euros de aquellos pequeños ahorradores se volatilizaron.  En mayo de 2012, el Gobierno pidió el rescate a Europa para salvar a buena parte de las cajas

La disparatada venta de Bankia elimina de raíz la posibilidad de disponer en nuestro país de una banca pública, proyecto del que está muy claro que Nadia Calviño no era nada partidaria y que en ningún momento llegó a tener en cuenta.

Pero tal vez hubiera sido la ocasión de que Bankia pudiera haber reparado de alguna manera su terrible actuación durante la crisis financiera,  cuando miles de personas perdieron su vivienda quedando con deudas de por vida, mientras veían como sus antiguas propiedades eran traspasadas a fondos buitre a precios irrisorios.

El pasivo moral que lleva Bankia no hace sino engordar el que ya mantiene la entidad catalana. Son 3.766 viviendas que procedentes de desahucios están ahora en el  Fondo Social, menos del 50% de las que vendió a Fondos Buitre como Lone Star o Cerberus. El dinero público del que se apodera Caixabank, en un acto que podría denominarse rescate,  debería tener reflejo en un incremento de su Fondo Social, pero nada se ha comentado y como no ha habido contrapartidas,  los ciudadanos seguirán viendo denegadas sus peticiones de moratoria hipotecarias y sus activos volverá a terminar en los nidos de los buitres.

El artificio De Guindos con la Sareb se nos hunde en Bruselas

De mucho mayor calado por la cifra y sus consecuencias, sobre todo en este momento, ha sido la decisión de Eurostat de incorporar a la Sareb y su situación económica a las cuentas públicas, lo que va a tener un terrorífico impacto en el déficit y la deuda pública ya en el ejercicio 2020. Así, de repente,  aunque se veía venir, debemos, como poco, otros 35.000 millones de euros que se suman a nuestro déficit. Pasamos del 117% a algo más del 120% del PIB.

Tiene lugar así,  el fin de un artificio contable montado por De Guindos y Rajoy para intentar engañar sobre la titularidad del engendro a Europa ocultando de paso el rescate de la banca y sus consecuencias al pueblo español, lo que tampoco se entiende mucho vistas nuestras tragaderas.

De Guindos asegurando que el rescate no nos costaría ni un euro

La creación de una sociedad de gestión de activos inmobiliarios Sareb, o banco malo, fue una de las condiciones impuestas por la Unión Europea para el rescate de España en 2012. Este banco malo compraría los activos inmobiliarios tóxicos y problemáticos que tenía la banca, a un precio reducido, para  limpiar sus balances a los ojos de Europa, de las auditorías contables y de los inversionistas o accionistas.

De esta forma las viviendas y suelos que estaban en poder de las entidades después de haber sido ejecutadas las garantías hipotecarias de quienes no habían podido pagar los préstamos firmados, además de créditos fallidos de promotores, con enormes dificultades de recuperación, fueron traspasados a este «banco malo. Y la operación fue de lo mejorcito que podía haber pasado para los bancos supervivientes que se quedaron con el pastel.

Estamos hablando de que esos activos tóxicos eran unas 55.700 viviendas junto a 30.000 activos anexos, como plazas de garaje y trasteros, a los que hay que sumar más de 185.000 metros cuadrados en oficinas, una treintena de hoteles, 150.000 metros cuadrados de superficie alquilable en centros comerciales y 13 millones de metros cuadrados en solares, de los que un tercio tenían la categoría de suelo urbano.

Todo ello estaba contabilizado en las entidades bancarias nacionalizadas y que iban a pasar a manos de otros propietarios en 107.121 millones de euros, que fueron adquiridos por el «banco malo» por 50.781 millones, es decir, con un descuento medio del 52% sobre el precio contable que tenían en las entidades. Pero alguien tasó mal y pagó demasiado a los bancos, porque la propia Comisión Europea reconoció en diciembre de 2012, que se deberían haber valorado con un descuento del 72%. Ese 20% suplementario supuso una cantidad extra, de más para los bancos de 18.000 millones. Ya se sabe que la banca nunca pierde y la española menos.

El problema nos llega porque el “truquito contable” elaborado por Luis de Guindos y el PP, que tenía como último fin la sempiterna socialización de las pérdidas entre todos los españoles, no ha aguantado más y el sombrajo se nos ha caído en el momento en que más aprieta el calor.

No es preciso ser un experto en economía para entender la burda maquinación urdida por Luis de Guindos y Rajoy. Para que una empresa sea considerada pública y sus pérdidas se endosen a las arcas nacionales, debe serlo más del 50% de su capital. Así es que De Guindos tramposo debía buscar unos socios para su banco malo que tuvieran la mayoría del capital.

Y no le resultó nada difícil vistas las expectativas económicas ofrecidas. La empresa se formó con 4.800 millones de capital (1.200 millones de capital y 3.600 de deuda subordinada) de los cuales el 45% lo pusieron las arcas públicas y el 55% las privadas -14 bancos nacionales, dos bancos extranjeros, Deutsche Bank y Barclays, Iberdrola y diez compañías aseguradoras- . La idea era contar con una empresa que comprara todos los activos tóxicos de los bancos y el dinero para la compra llegó mágicamente.

La SAREB emitió 50.781 millones de euros en bonos para comprar todos los activos al precios acordado, una cantidad que era 20 veces más de lo que habían puesto los bancos privados, cifra que fue avalada por el Estado. De esta forma si la SAREB quiebra, los bancos que han puesto el 55% del capital fundacional no tienen ningún tipo de responsabilidad sobre esas deudas.

Pero además y por aquí ha llegado el empitonamiento de Eurostat y  la jugada para los bancos, al ser el Estado el avalista único, la empresa puede considerarse pública. La Sareb fue financiada con recursos públicos que suponían un 95,31% del total, pero el porcentaje de propiedad accionarial público solo sería del 45,68%. Al mismo tiempo, los socios privados que solo aportaban el 4,69% de la financiación total, se quedaban con el 54,33% de las acciones, la mayoría de la empresa y una buena capacidad para gestionarla. ¡Muy bueno De Guindos haciendo negocios con nuestro dinero!

L situación es excelente para los bancos, han puesto unos 2.500 millones y han recibido activos financieros limpios por unos 50.000 –muy sobrevalorados- que previamente han retirado como activos tóxicos de los balances de las entidades rescatadas. Un negocio redondo,  ofrecido una vez más por el Partido Popular a sus amiguitos financieros.

Estas ayudas públicas a la banca, no son otra cosa, se acordaron entre el PSOE y el PP una tarde de agosto, cuando modificaron el artículo 135 de la Constitución y supusieron todos los recortes en sanidad, educación, pensiones, sueldos de los funcionarios,dependencia y atención a nuestros mayores que sufrimos la pasada crisis.

Pero además hay que tener en cuenta que la Sareb gestionada por los bancos  – si alguien piensa que no lo han hecho mirando para su propio peculio es que aún cree en los Reyes Magos, Santa Claus y los enanitos del bosque-, habiendo comprado activos sobrevalorados y vendido miles de viviendas a precios de derribo a los fondos buitre y SOCIMIS, que pertenecen a los mismos bancos que forman parte del Consejo de Administración, ha tenido pérdidas todos los ejercicios desde su creación.  Ha consumido ya todo el capital y la deuda subordinada – unos 4.500 millones de euros- y tiene pérdidas declaradas de unos 7.500 millones de euros, habiendo vendido ya las joyas de su cartera inmobiliaria. Si se habla de casi otros 8.000 millones de pérdidas opacas, ¿cuánto le queda por perder a esta cosa pública?…

No se abren muchas opciones para gestionar la situación y que en la que se avecina perdamos las menores plumas posibles. Los bancos, que tienen el 55% de las acciones, no se van a hacer cargo de la parte correspondiente de la deuda y el déficit, entre otras cosas porque el avalista del crédito, como bien lo sabe Eurostat, es el Estado y porque el ministro competente del negociado es Ábalos, por lo que vista su trayectoria no les va a molestar con la minucia.

Con lo que si la Sareb y sus deudas se pagan con dinero público,- a partir de 750 euros por cabeza de españolito nacido- parece lógico que sus pertenencias pasen al Estado; aunque ya sabemos que los bancos pretenderán hacer valer el 54,33% del paquete accionarial que les regalaron ¡pues buenos son ellos! De esta manera el fondo inmobiliario del banco malo podría ser el germen del parque de vivienda pública que necesitamos.  Si ya las hemos pagado y Bruselas nos va a sacar los euros de las costillas en los próximos años, ¿por qué no las ponemos al servicio de los miles de familias que las necesitan? El PSOE tiene la oportunidad de dar el trigo que la prédica anterior puso en su boca, a ver qué hace.

Eduardo Lizarraga

El rifirrafe de la Ley de Vivienda

Eduardo Lizarraga

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