Las empresas de combustible absorben el descuento fiscal e inflan sus márgenes a costa de todos
El círculo vicioso se repite. Cada vez que el Gobierno aprueba una rebaja fiscal para aliviar el precio de los combustibles, las grandes compañías distribuidoras encuentran la manera de que el beneficio no llegue al consumidor, sino a sus propias cuentas de resultados. El último análisis de FACUA-Consumidores en Acción es demoledor: el gasóleo ha vuelto exactamente al mismo precio que tenía antes de que entrara en vigor la bajada del IVA al 10% y de 4,9 céntimos en el impuesto sobre hidrocarburos. Hemos vuelto a la casilla de salida, pero con los bolsillos más vacíos y la paciencia más agotada.
Este viernes 10 de abril, el litro de gasóleo en las gasolineras de la Península se situaba en una media de 1,911 euros, igualando el precio registrado el 19 de marzo, tres días antes de que la rebaja fiscal entrase en vigor. El precio máximo alcanzó los 2,209 euros por litro. Los números son tan claros que resulta difícil seguir hablando de casualidad o de volatilidad de mercado. Esto no es el mercado. Esto es una estrategia.
Repsol, a la cabeza de los precios más caros
Si el sector en su conjunto ya muestra un comportamiento cuando menos sospechoso, hay empresas que ni siquiera se molestan en disimular. Repsol, la cadena más cara entre las diez grandes, registraba este viernes un precio medio de 1,993 euros por litro, nada menos que 8,2 céntimos por encima de la media del sector. Una empresa que lidera el mercado nacional y que, lejos de usar esa posición para ofrecer precios competitivos, la utiliza para exprimir al máximo cada repostaje.
Cuando el Gobierno aplicó las rebajas fiscales, la bajada media que se trasladó a los surtidores fue de 19,2 céntimos, muy por debajo de los 23,3 céntimos que habrían correspondido si las distribuidoras hubieran repercutido íntegramente la reducción. Es decir, desde el primer momento se quedaron con una parte del descuento. Y una vez que el periodo de bonificación dio sus frutos en titulares positivos para el Ejecutivo, empezaron a recuperar el terreno perdido. En apenas tres semanas acumularon 14 céntimos de subida. El séptimo día después de la rebaja ya comenzó la nueva escalada.
Cuando el petróleo baja, los precios en el surtidor no se enteran
El mecanismo es tan viejo como la industria y tan descarado como siempre. Cuando el precio del crudo sube, las gasolineras lo trasladan de forma inmediata, a veces anticipándose incluso a que el incremento sea efectivo, aprovechando que tienen en sus depósitos miles de litros comprados a precios anteriores. Sus márgenes se disparan porque venden caro lo que compraron barato. Pero cuando ocurre lo contrario, la ecuación cambia radicalmente.
El miércoles pasado el precio del petróleo se desplomó. La reacción de las gasolineras al día siguiente fue reducir el precio medio en la Península 0,004 euros. Cuatro milésimas de euro. Y a primera hora del viernes, ni una milésima más de reducción. Lo que sube como un cohete, baja como una pluma. FACUA lo denuncia con datos, jornada a jornada, y la respuesta de las empresas es el silencio más rentable.
El autoservicio: más beneficio para la empresa, menos empleo y a costa del consumidor
Hay otro frente que merece atención y que suele pasar desapercibido en el debate sobre los precios del combustible. La extensión masiva del modelo de autoservicio en las estaciones de servicio ha permitido a las grandes cadenas reducir drásticamente sus costes laborales, eliminando puestos de trabajo y trasladando al cliente tareas que antes realizaban empleados. El resultado es doble: más margen para la empresa y destrucción de empleo en el sector. El consumidor paga igual o más, trabaja gratis para la gasolinera y encima le presentan el modelo como una ventaja.
La solución está clara: precios máximos, no descuentos fiscales
El debate no es nuevo, pero cada ciclo de subidas lo reactualiza con más urgencia. Los descuentos fiscales no funcionan como política de contención de precios porque no obligan a nadie a trasladarlos al consumidor. Las empresas los absorben, mejoran sus márgenes y esperan a que pase el temporal mediático. Quienes ganan son los distribuidores. Quienes pierden son los consumidores y las arcas públicas, que son las de todos.
La alternativa es la fijación de precios máximos vinculados al precio conocido del barril de petróleo. Si el precio en origen es público y verificable, no hay ninguna razón técnica que impida establecer un techo al precio en el surtidor. Lo que falta no es información ni capacidad regulatoria. Lo que falta es voluntad política para enfrentarse a unas empresas que facturan miles de millones y tienen capacidad de influencia proporcional a su tamaño.
Mientras tanto, usa los buscadores de gasolineras baratas
En ausencia de regulación efectiva, la herramienta más útil que tiene el conductor es la información. Gasolineras.FACUA.org, la web y aplicación de la asociación, permite localizar en tiempo real los precios más bajos en cualquier punto de España a partir de los datos que las propias empresas comunican al Ministerio para la Transición Ecológica. El Geoportal de Gasolineras del Ministerio ofrece también comparativas actualizadas. La disparidad entre estaciones puede superar los 30 céntimos por litro en ciudades como Madrid o Barcelona, lo que convierte estos buscadores en una herramienta con impacto económico real en el bolsillo de quien los usa.
Buscar la gasolinera más barata no debería ser necesario en un mercado que funcione. Pero mientras las empresas sigan marcando las reglas y el Estado mire hacia otro lado, es lo más parecido a una defensa que tiene el consumidor.