Un 11,5 % en un año y un 2 % el último mes 📈

El mercado inmobiliario en España vuelve a hacer de las suyas, es decir, la de unos pocos. Los datos más recientes no dejan lugar a dudas: el precio de la vivienda ha subido un 11,5 % de media en un año y un 2 % sólo en el último mes. Por una vez da igual la fuente que se consulte: portales, notarios, registradores, tasadoras o el INE. Todas coinciden en que el acceso a una vivienda digna se aleja cada vez más del horizonte para la mayoría de los españoles. Y la clase política, que dice nos representa, corrigiendo su currículum y mirando el de sus vecinos.

La situación es tan insostenible que, en ciertas ciudades, los precios alcanzan niveles absurdos. Hablamos de capitales como Madrid, Barcelona, San Sebastián o Palma, donde la relación entre salario y precio de la vivienda es una broma de mal gusto. Y mientras tanto, el alquiler tampoco da tregua. La tasa de esfuerzo media ya supera el 45 % en muchas zonas del país. A este paso, los españoles no van a poder vivir en casas, ni siquiera en habitaciones. Tendremos que conformarnos con un cartón bajo el puente más cercano.

Ligar el precio de la vivienda a los incrementos salariales 🧾

Una de las propuestas que empieza a tomar fuerza —aunque más como idea decorativa que como política real— es ligar la evolución del precio de la vivienda a los incrementos salariales. En teoría, esto permitiría contener las subidas especulativas y evitar que el mercado se dispare como lo está haciendo actualmente.

Sin embargo, la idea tiene un problema de base: los salarios en España llevan décadas estancados, mientras el precio de la vivienda no ha dejado de subir, es decir, aunque se hiciera partiríamos de una situación ya injusta. Según datos del INE, el salario medio apenas ha crecido un 6 % en los últimos 10 años, mientras que el precio de la vivienda se ha incrementado más de un 40 % en el mismo periodo. ¿Cómo se pretende aplicar una medida así sin tocar los márgenes de beneficios de bancos, fondos buitre o grandes tenedores? Tendríamos el lío montado, defendiéndose con todos los medios a su alcances… que son unos cuantos.

Además, esta medida solo tendría sentido si se aplicara de forma estructural y vinculante, sin dejar que las Comunidades Autónomas actuaran a su libre albedrío, algo que ni el actual gobierno ni los anteriores han tenido el valor de plantear. Como siempre, el lobby inmobiliario pesa demasiado en la política española como para permitir este tipo de atrevimientos.

La falta de oferta no es el problema, pero es la excusa de siempre 🔄

Una de las cantinelas que más se repiten, tanto en medios de comunicación como en discursos políticos, es la supuesta “falta de oferta” de vivienda. Es el argumento favorito de promotores, constructoras y algunos economistas de plantilla: si hay pocos pisos, los precios suben. Y aunque suena lógico, no es cierto del todo.

España tiene más de 3,5 millones de viviendas vacías. Muchas de ellas son propiedad de bancos, fondos de inversión o grandes empresas, que las mantienen fuera del mercado para especular con ellas o para utilizarlas en alquiler turístico o de lujo. El problema no es la falta de casas, sino que esas casas no están disponibles para quien las necesita.

A esto hay que sumarle el auge del alquiler turístico, que expulsa a los residentes de sus propios barrios y encarece artificialmente el precio del alquiler al aplicar unos criterios de rentabilidad que superan los de la vivienda residencial. La falta de regulación efectiva, especialmente en grandes ciudades y zonas costeras, ha convertido la vivienda en un producto financiero más que en un derecho. Y mientras tanto, los españoles seguimos buscando hogar… sin éxito.

No hay solución… porque no hay voluntad política 🤷

Si algo ha demostrado la evolución del mercado inmobiliario español en los últimos 30 años es que no hay solución posible sin voluntad política. Y eso, por desgracia, es justo lo que no tenemos.

Los gobiernos de turno, sean del color que sean, han apostado por el mismo modelo: desregular, facilitar el crédito, beneficiar al gran propietario y dejar que el mercado actúe “libremente”. El resultado está a la vista: precios disparados, ciudades cada vez más gentrificadas, jóvenes sin posibilidad de emanciparse y una tasa de propiedad ficticia basada en deuda perpetua. Y todavía hay que escuchar voces interesadas que piden se deje «al mercado » actuar libremente… como si no se llevara haciendo décadas.

Las medidas anunciadas —desde los avales ICO para jóvenes hasta la ley de vivienda— son parches que no tocan la raíz del problema. De hecho, muchas veces agravan la situación al generar más demanda artificial sin resolver la oferta especulativa o llevando las ayudas a engordar la bolsa de los propietarios.

Y por si fuera poco, los fondos de inversión internacionales han encontrado en España su paraíso particular: regulación laxa, rentabilidades altas, tribunales favorables y una administración pública inoperante. Ahora están dejando Cataluña para centrarse en otras regiones y, como siempre sucede, algunos ven la situación con optimismo y otros le aplican sesgos catastrófistas.

El problema se inició con la burbuja y nunca se corrigió 💣

Para entender cómo hemos llegado hasta aquí, hay que volver a principios de los años 2000. La burbuja inmobiliaria que estalló en 2008 se gestó durante años de política hipotecaria expansiva, desregulación del suelo y cultura de la propiedad incentivada desde las instituciones.

Tras el pinchazo de la burbuja, lejos de corregir el modelo, se optó por rescatar a bancos, sanear activos y dejar el mercado en manos de inversores internacionales. Así llegaron los fondos buitre, las SOCIMIs y las subastas de vivienda pública. Todo lo que no debía hacerse… se hizo.

El resultado fue un nuevo ciclo especulativo basado en el alquiler, en el que los mismos actores que provocaron la crisis de 2008 volvieron a hacer negocio. Y como no aprendemos nada, ahora estamos en plena segunda burbuja, esta vez aún más injusta y excluyente.

Perspectivas a corto plazo: sálvese quien pueda 🚨

Las previsiones no son alentadoras. Según la mayoría de analistas, el precio de la vivienda seguirá subiendo en los próximos meses, especialmente en las zonas costeras, grandes ciudades y áreas con demanda internacional. El retorno de los tipos de interés previstos para 2025/26 podría incluso reactivar el crédito hipotecario y alimentar aún más la espiral alcista.

Mientras tanto, el salario medio apenas sube, el desempleo juvenil sigue siendo uno de los más altos de Europa y el parque público de vivienda continúa sin desarrollarse. La tormenta perfecta está servida y llamando a la puerta.

No parece que el gobierno actual —ni los alternativos— tenga ni la capacidad ni la intención de enfrentarse al problema. Así que solo quedan dos caminos: resistir o salir corriendo. Muchos optan ya por emigrar, volver a casa de los padres o resignarse a compartir piso de por vida. Otros cruzan los dedos y esperan que la lotería —literal o figuradamente— les salve de dormir al raso.

Muchas obligaciones y pocos derechos

¿Dónde está el derecho constitucional a una vivienda digna? Probablemente enterrado bajo millones de hipotecas, alquileres abusivos y contratos basura. Y lo peor de todo es que nos hemos acostumbrado a vivir en esta distopía inmobiliaria como si fuera normal.

El problema de la vivienda no es técnico, es político. Y mientras no se afronte con valentía, seguiremos empobreciéndonos para pagar un techo… si es que lo conseguimos. 🏚️

Periodista económico

Eduardo Lizarraga

WWW.AQUIMICASA.NET