Entiendo muy bien que no sea lo más habitual estar viendo una película de indios de final muy conocido, con John Wayne repartiendo sopapos como panes, mientras que España se batía el cobre con los italianos el pasado 6 de julio y tal vez aún menos enterarse del resultado al día siguiente. Pero supongo, que con algunos otros a los que me añado, nos parece más sorprendente que mientras todas las empresas del IBEX hacen hasta lo ilegal para incrementar sus beneficios a nuestra costa,  todos estemos hablando – Pedro Sánchez incluido- de chuletones y escalopes grasientos.

En este primer semestre del año hemos asistido con tranquilidad pasmosa a las  desvergonzadas subidas de los costes de los suministros básicos, luz, gas, combustibles, a los que les sumamos las comisiones bancarias y gracias a Nadia Calviño lo haremos también en breve con subidas en las telecomunicaciones.  Del SMI ni hablamos que parece bolivariano.

Al parecer consideramos natural y de Dios, que estas grandes empresas cotizantes en Bolsa, dirigidas por personajes respetables con corbatas de Gucci y trajes de Armani, tengan todo el derecho a hacerlo y de paso hundirnos un poco más en la miseria. Al fin y al cabo sólo somos pobres pollos que alimentan el sistema, aunque algunos viven la ficción de poder dejar de serlo.

Y nos equivocamos,  como siempre cuando miramos al mundo desde ras del suelo y con esos anteojos velados que nos colocan desde que nacemos, impidiéndonos  ver con claridad y tener perspectiva.

El velo se ha descorrido un poco en los últimos meses, lo suficiente para que si estamos avezados y no tenemos los conductos cerebrales obstruidos por la grasa de tanto chuletón, podamos contemplar el escenario en que se mueven los que empobrecen  nuestras vidas con sus decisiones y necesidades. Ahora sin tanto glamour parecen más una banda de gángsteres con delincuentes a su servicio,  que la cúpula empresarial que debiera ser el orgullo de nuestro país.

El escándalo es mayúsculo, pero como desde los medios de masaje se bajan los grados del lenguaje empleado en su tratamiento, hasta convertirlo todo en menos de presunto y la información se coloca en la páginas económicas, casi, casi, ni nos enteramos. No son únicamente políticos  los que ahora desfilan por los juzgados, sino que también lo están haciendo o lo harán muchos de esos “respetables encorbatados” con trajes de 5 ó 6 veces el SMI.

El “caso Villarejo” ha manchado a muchos de estos prebostes del IBEX y ahora los vemos más cercanos que antes y también más miserables. La contratación de los servicios del ex comisario ha llevado a la imputación de más de treinta directivos y ex directivos de cuatro de las grandes firmas del selectivo: BBVA, Iberdrola, Repsol y Caixabank. Policías, políticos, algún juez, financieros, presidentes y altos directivos de las mayores empresas del país…todos mezclados  en los informes policiales y enseñándonos lo que pueden llegar a hacer por el poder. Y por una vez, sin bambalinas.

Todo comenzó con el BBVA de Francisco González en 2004 y la amenaza de que Luis del Rivero de Sacyr entrara en su Consejo de Administración y pudiera descabezarlo. La respuesta del presidente del BBVA fue la guerra sucia y contratar al comisario Villarejo por algo más de medio millón de euros,  para que “con malas artes” echara abajo la operación. Lo consiguió y todos ganaron. Luis del Rivero se embolsó casi 150 millones por la operación bursátil, Francisco González siguió en el banco muy fortalecido y Villarejo se forró.

Y a partir de ahí, con espionajes, chantajes y el boca a boca, que eso también debe funcionar entre toda esta patulea del Madrid de los milagros, Villarejo se hizo un nombre entre la mafia del IBEX, y se embolsó cantidades mayores aún por definir, pero que podrían superar los 30 millones de euros, enfangando de paso a la cúpula empresarial del país.

Espió, grabó y buscó trapos sucios durante tres lustros de empresarios, políticos, periodistas… Trabajó para unos y para los contrarios. Manchó, con la complicidad y los pagos de sus directivos a Repsol, el BBVA, Caixabank e Iberdrola. Pero también al Grupo Planeta, la Constructora San José, La Mutua Madrileña, Persan…y lo que no sabemos.

El último en aparecer como imputado por el juez Manuel García-Castellón ha sido Ignacio Sánchez Galán, presidente de Iberdrola y que deberá responder en sede judicial sobre su posible participación en la contratación de los servicios del comisario José Manuel Villarejo por la eléctrica para diversos espionajes y actividades oscuras. Uno más en la guerra sucia ahora percibida, en que se mueven nuestras modélicas grandes empresas y empresarios de tronío con uniformes impecables.

En un informe incorporado al sumario del caso Tándem, se dice que entre 2004 y 2017 Iberdrola pagó 1,13 millones de euros al comisario José Manuel Villarejo para financiar una decena de operaciones encubiertas, con espionajes a rivales y porquerías diversas.

Estas son las empresas y los directivos, espejo de España, que convierten nuestra vida en un poco peor para defender sus sueldos y beneficios, abusando de los pobres pollos del corral y dejándonos exangües,  con la complicidad de los políticos y jueces que dirigen el país. Seguro que salen de este trance como siempre,  sin pisar la cárcel  y con sus sueldos y pensiones intactos.

Recordemos el caso de Alfredo Sáenz Abad, vicepresidente del Banco de Santander, directivo de banca mejor pagado de España, con unas ganancias de 10,2 millones de euros en 2009, condenado a 6 meses de cárcel y multa de 9.000 euros por delitos de acusación y denuncia falsa cometidos en 1993 mientras era presidente de Banesto.  Don Alfredo, que metió en la cárcel a empresarios inocentes a sabiendas, con la complicidad del juez Estivill, fue indultado por el Gobierno de Zapatero que cambió la condena a 6.000 euros de multa para que pudiera seguir ejerciendo como banquero,  nadie se inmoló a lo bonzo ante la Audiencia Nacional por el hecho. Por cierto, el sr Sáenz  se retiró con una pensión y unos seguros por valor de  99,2 millones de euros.

Pero ahora  no sólo sospechamos  de lo que son capaces, ¡lo sabemos! y también de que la ética y la moral son desconocidas para ellos. Y si normalizan el espionaje,  el chantaje e incluso se habla de que el Windsor se quemó por alguna documentación que debía desaparecer,  ¿de qué no se servirán para lograr sus fines empresariales y económicos? Después de visto su comportamiento podemos entender que cualquier vileza o delito está a su alcance, y que como no se atreven a arremangarse y meterse en faena, encargan a otros los trabajos. Unas veces actúan como en Rififí, con planes minuciosamente preparados, con limpieza, con tecnología y sin errores visibles, otras son delincuentes de baja estofa, casi aluniceros.

Jajaja…¿os imagináis a “Don Ignacio” y a Paco González con antifaces y ganzúas, como el Caco Bonifacio?

Pues seguro que no habrán sido ellos, pero otros han entrado en el despacho de un pequeño bufete de abogados de Donostia, en la Plaza Marugame y lo han destrozado todo sin llevarse nada, ni ordenadores ni móviles, para demostrar que no ha sido el robo el motivo del delito.  Resulta esclarecedor que este pequeño bufete de abogados, “Abogados Res”,  sea el principal causante de que las instituciones financieras españolas estén a punto de perder en Luxemburgo, ya sin dilación, lo que han esquilmado a más de un millón de familias con la cláusula IRPH a lo largo de más de una década.

No es la primera vez que José María Erauskin y su compañera en Abogados Res,  Maite Ortiz, son víctimas de extraños robos, incluido el hackeo de sus ordenadores con desaparición de archivos y tampoco que estén en las listas negras de la banca para cualquier servicio o prestación. Esta es la calaña de algunas de nuestras empresas del IBEX y sus dirigentes.

Para sentirse bien en España es preciso estar orgulloso del país y de sus logros, no sólo los del pasado sino sobre todo los del presente en que se ha cambiado la perspectiva. Y no hablo de ganar la copa, la europea o la que sea, que también, ¿por qué no?, sino de tener unos jueces justos, unos políticos honestos y unos empresarios que miren por su país para algo que no sea exprimirlo. No es una banderita en la muñeca, es un comportamiento ético por encima del económico y el ideológico. Y si hay que llamar al orden a los empleados y limpiar la parcela habrá que ponerse a ello cuanto antes, porque ya está claro que cuando aparece alguien para defendernos se lo llevan por delante.

La mafia del IBEX muestra sus vergüenzas

Eduardo Lizarraga

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