Los datos bancarios del pasado año son para echarse a temblar, ellos y mucho más el resto de los españolitos por sus consecuencias. A pesar de todos sus esfuerzos, limpios y sucios, los ingresos de la gran banca durante el pasado año fueron de 85.761 millones de euros, es decir, un 6,9% menos que un año antes. El margen de intereses fue de 60.245 millones de euros y las comisiones que perciben, muy tocadas por el bajo precio del dinero, tuvieron un descenso del 9,09% y se quedaron en 20.200 millones. En total han perdido 5.536 millones de euros, con Botín a la cabeza.

Y de estas cifras llegan los temblores, porque se les ha metido en la cabeza dar beneficios este año y para hacerlo van a exprimir los bolsillos de quienes tienen más cerca, nosotros. Y si aceptáis un consejo, alejaros del Santander, que ha perdido 8.459 millones y necesita hacer caja.

Por lo que parece, toda la oscura actividad desarrollada el año pasado para aprovecharse en lo posible de la pandemia les ha servido bien poco. Con una trayectoria ya muy definida, como sirlero nocturno en parque de extrarradio, comenzó Caixabank a endosar seguros de vida a los solicitantes de Créditos ICO, avalados por el Estado para solventar el pago del alquiler de las viviendas, el catalán, siempre más avispado, abrió un camino al que todos se lanzaron alborozados casi de inmediato, exigiendo a las pymes y autónomos afectados por la situación, la contratación de un seguro de vida. Con práctica de años en estos lances, consiguieron su propósito  convenciendo a un 11,5% de los solicitantes, y no sólo seguros de vida, que las entidades financieras también les han obligado a contratar otros productos para formalizar las operaciones.

El siguiente paso, también a costa de los ICO, ha sido bastante más lucrativo ahora que hemos comprobado la profundidad de la crisis económica. Hete aquí que las mentes pensantes de ese entramado mafioso de golfos apandadores que es la banca española, urdieron una maniobra muy digna de su extenso currículo, en el que el objetivo de que sus deudas y fiestas las paguemos a escote siempre está muy presente.

En concreto las entidades financieras capitaneadas de nuevo por Caixabank , BBVA, Santander y Sabadell propusieron a los profesionales y pymes, afianzar con los avales del ICO los préstamos que hasta ahora estaban respaldados por sus patrimonios y negocios y que la crisis económica iba a convertir en créditos de dudoso cobro. En concreto se estima que un  36,6% de la financiación a pymes y autónomos se ha destinado a renovar operaciones y no a aportar nueva liquidez. Han logrado transformar el riesgo que autónomos y pymes tenían patrimonializado y nos lo han cargado a todos mediante reestructuraciones de la deuda, con las que están colocando activos dudosos bajo el paraguas del ICO. ¡Genial!

Pero todas estas actividades de extraperlista con caspa no han sido suficientes para equilibrar una situación que se les empezó a desmoronar en 2015. Todo comenzó cuando algunos abogados españoles aprendieron el camino del Tribunal de Justicia de la Unión Europea y decidieron ningunear al Tribunal Supremo y a todo lo que hiciera para defender a los bancos. De esta forma golpe a golpe, sentencia tras sentencia, los bancos perdieron esa impunidad que les había permitido vivir por encima de nuestras posibilidades y los abogados consiguieron desmontar un trabajado entramado de cláusulas abusivas, que había convertido el contrato hipotecario en una casi perfecta trampa para cazar el dinero ajeno. Y lo que es peor para la mafia, todos dejamos de ver a la sucursal bancaria de la esquina del barrio como a un amigo y la comenzamos a ver con antifaz y ganzúa, como al Caco Bonifacio.

Para qué hablar de los tortuosos productos financieros de exóticos nombres que comenzaron a aparecer a principios de siglo y con los que engañaron a viejecitas, jubilados y otras personas indefensas, que se vieron sin los ahorros porque su director de sucursal de toda la vida era un golfo que  había abusado de su buena fe y desconocimiento.

Pero en una mezcla de tormenta perfecta y Ley de Murphy o de no habrá paz para los malvados, desde el inicio de la crisis los bancos iniciaron una cuesta abajo de la que todavía no han visto el final y es que aún quedan por terminar de escribir algunos grandes capítulos llenos de charranadas anteriores que serán “a devolver”, como la cuestión del IRPH.

A las sentencias en su contra, que les comieron la imagen y la bolsa, hay que añadir la política monetaria seguida por el BCE, que ha llevado el precio del dinero al -0,52%. Y eso es terrible para el negocio bancario, porque los diferenciales se han despeñado. Y también les han bajado las comisiones máximas que pueden cobrar al gestionar fondos de inversión o carteras, que eran un robo manifiesto tapado por los intereses que decían te daban, como si alguna vez hubieran dado algo aparte de sartenes baratas. Por si esto fuera poco, han tenido que ir cerrando o adecentando sus oscuros negocios bancarios de créditos rápidos, con intereses usurarios y amparados por una marca B para que no se reconociera al Santander o al Sabadell detrás…pero eran ellos.

Siguiendo al pie de la letra el viejo dicho de que «cuando Dios cierra una puerta abre una ventana», la Banca española, que para esto del dinero debe ser muy católica y que lleva muchos años viviendo por encima de nuestras posibilidades, ha decidido abrir de par en par el portón de las comisiones a los usuarios. Grandes, pequeñas, medianas…todas valen para equilibrar una situación que les tiene con un pie en el tártaro y con otro en la reducción de sus glamurosos sueldos y prebendas, planes de jubilación incluidos.

Así, la banca tradicional ha empezado a hacer modificaciones en las condiciones de sus clientes, donde han incrementado el cobro de comisiones de mantenimiento tanto de cuentas como de tarjetas. A raíz de ello, millones de sufridores bancarios van a tener que pagar al año hasta 240 euros por mantenimiento de sus cuentas «de toda la vida».  El cobro de estas comisiones a los usuarios es el plan B de la banca española para mantener a flote su maltrecho negocio tras el desastre de su tradicional y principal vía de ingresos, que eran los intereses por prestar dinero. Ahora lo que está de moda es cobrar por guardar el dinero e incrementar los intereses que nos cobran por un dinero que está al -0,52%.

Su socio en estas cosas del atropello económico, el Banco de España,  no determina un límite máximo de las comisiones que pueden cobrar las entidades financieras, por lo que éstas tienen libertad absoluta para establecer sus comisiones bancarias y gastos repercutibles. Siempre y cuando lo sean por servicios efectivamente prestados o gastos habidos  y se nos haya avisado previa y personalmente de ello, que suelen preferir no hacerlo.

A pesar de estas cortapisas las comisiones son múltiples y variadas; las entidades financieras aplican hasta siete tipos de comisiones sobre los depósitos y las cuentas. Las de administración, en función de los apuntes y de mantenimiento por «el servicio de caja básico» son las más frecuentes, aunque a ellas se les pueden añadir otras muchas, dependiendo de la imaginación y lo que se haya tomado para desayunar el responsable de ese negociado.

Los créditos hipotecarios incluyen hasta diez tipos de comisiones, con algunas de ellas condenadas en firme por abusivas, pero que siguen sobreviviendo en los contratos, por si el usuario no está “atento y perspicaz”.

Para los autónomos y las pymes se tiene la particular deferencia de adjudicarles más de un tercio del total de comisiones y recargos existentes. Está claro que como son muchos en población los ingresos son mayores. Dedicar esfuerzos comisionistas a esos 35 del Ibex como que no, que son hermanos y no primos.

Para el final dejamos cinco comisiones que gravan los créditos al consumo y los préstamos personales. Apartado éste que acaban de convertir en su “ Plan C”.

No es ninguna broma, pero demuestra muy a las claras el particular sentido del humor que exhiben nuestras entidades financieras o sus ansias carroñeras, que todo puede ser; y es que ante la terrible situación económica que está viviendo una gran parte de la población de nuestro país los bancos han decidido ayudar al consumo y a la sociedad en general subiendo sus tipos de interés. Y lo hacen a pesar de que el precio del dinero continúa en el -0,52%. Dicen que obedecen al siempre oportuno Banco de España, para salvaguardarse del riesgo que suponen los posibles impagados, ¿y para disminuir el riesgo suben el interés y lo que tendrán que devolver los afectados?…jajajaja ¿a que parece broma? Como lo de las comisiones mensuales de 20 euros de «mantenimiento»…por cambiar el aceite y los filtros a la cuenta todos los meses…jajaja.

Risas y jolgorio aparte, que maldita la gracia que tienen este grupo de golfos apandadores venidos a más, no podemos permitirnos unas entidades financieras que sangran constantemente a nuestro país, incluso cuando estamos comenzando a vivir un drama que aún no sabemos cómo acabará. Para salir cuanto antes necesitamos reactivar la economía y en nuestra España de hoy en día eso se llama turismo y consumo interno. Es más lógico controlar los créditos y darlos a bajo precio, como en Europa  que están a una media del 5,67%, que ponerlos al 9,01% por si se produce algún impagado, pero claro está, se gana menos.

Con la absorción de Bankia perdemos un patrimonio que es de todos en beneficio de unos pocos y lo que es más importante, dejamos pasar la ocasión de disponer de una banca pública, como tienen sin problemas de conciencia muchos países de nuestro entorno, que utilizan el papel de fumar para hacer cigarrillos. Hubiera sido muy importante para que este país y sus gentes pudieran pasar con menos daños los procelosos tiempos que llegan.

Eduardo Lizarraga

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