¡Al fin! El Tribunal Supremo ha dicho lo que muchos llevamos años mascullando entre dientes: Hacienda no puede seguir valorando inmuebles como quien calcula el precio de una barra de pan. Ya no bastará con sentarse en un despacho, sacar unas tablas del catastral, mirar el edificio en Google Maps, y tachán: aquí tienes tu tasación inflada, acompañada de una carta amable que te invita a pagar más ITP, Sucesiones o Donaciones. Pues no, señores. El Supremo ha hablado y, por una vez, lo ha hecho claro, contundente y con aroma a justicia: si Hacienda quiere tasar, que se levante de la silla, gaste sus zapatos y llame al timbre.
A partir de ahora Hacienda deberá llamar al timbre para valorar nuestra vivienda 📞
“Ding dong, soy Hacienda y vengo a valorar”. Esto, que suena a comedia de mal gusto o película de terror, según se mire, deberá ser desde ahora la regla general. La sentencia del 24 de junio del Tribunal Supremo obliga a que el perito visite el inmueble, salvo que exista una justificación excepcional y debidamente motivada para no hacerlo. Ni fotos desde la calle, ni presunciones sobre el estado del interior, ni comparaciones genéricas con viviendas de la zona.
La excusa de que «parece que está reformado» o que «según se observa desde fuera» ya no cuela. La pereza institucional, que se ha convertido en costumbre, no puede sustituir la garantía de derechos.
La ITP, herencias y donaciones con contribuyentes disconformes podrán ser reclamadas
Esto no es solo una sentencia aislada. Es una llave maestra que abre la puerta a revisar valoraciones previas. Si alguien ha pagado más de lo justo en el ITP, en una herencia o donación porque un perito valoró el inmueble sin poner un pie dentro, hay posibilidad de reclamar. Y ojo, que hablamos de miles de euros en muchos casos.
Esta jurisprudencia reconoce que la metodología utilizada por Hacienda era arbitraria y que vulneraba derechos fundamentales como el de defensa, el de igualdad y el de motivación de los actos administrativos.
No basta con aplicar coeficientes genéricos sobre valores catastrales o testigos de mercado
Aplicar coeficientes sobre valores catastrales o echar mano de testigos de mercado que nada tienen que ver con tu vivienda concreta es, en términos técnicos, un atajo fiscal injustificable. Lo ha dicho el Tribunal Supremo y lo sabía cualquiera que haya comprado o heredado una vivienda en mal estado, sin reformas, con distribuciones peculiares o con humedades.
Porque no, no es lo mismo un piso de 90 metros con parquet de roble y aire acondicionado que otro de los mismos metros con gotelé, ventanas de madera y sin un azulejo sano en el baño desde 1978. Y si Hacienda quiere tratarlos como iguales, ahora tendrá que justificarlo.
Ni fotos de Google Maps ni de la caseta del perro desde la calle, el Supremo obliga a la visita del inmueble 🚗🌍
Hay que reconocerle a Hacienda su creatividad: usar Google Maps, fotos desde la acera y comparativas de portales inmobiliarios como si fueran informes técnicos serios. Pero el Tribunal Supremo ha puesto fin a esa fantasía burocrática. Para valorar un inmueble hay que inspeccionarlo. Y si no se puede, hay que justificarlo. Y no con un «no me dio tiempo» o «es que era festivo».
Se acabaron los tiempos de tasar desde la oficina, sin despeinarse. El Supremo ha dicho que esa forma de actuar no es objetiva ni garantista. Y no, tener fotos del jardín o del felpudo tampoco es suficiente.
La actuación de Hacienda pasaba por encima de los derechos de los contribuyentes que tenían que pagar más ❌
Durante años, la Agencia Tributaria y sus homólogas autonómicas han obviado que estaban jugando con el dinero de ciudadanos que, además de pagar sus impuestos, tenían que tragarse valoraciones que no se ajustaban a la realidad. Se trataba de una especie de tasación fantasma: aparecía, inflaba, y desaparecía sin dejar rastro ni justificación alguna.
¿Que el piso está sin reformar desde que lo compró tu abuela? Da igual, testigo de mercado. ¿Que tiene aluminosis? Coeficiente medio. ¿Que no hay ni ascensor? Pues te toca pagar como si lo hubiera. Esta sentencia viene a poner límites a esa arbitrariedad institucionalizada.
No ha sido la primera sentencia del Supremo pero Hacienda estaba terca ⛔️
Esta no es una sentencia aislada. El Supremo ya se había pronunciado en la misma línea en varias ocasiones. Pero Hacienda, fiel a su estilo, ha hecho oíos sordos mientras seguía recaudando. No olvidemos que el fisco no es precisamente rápido corrigiendo sus excesos: solo actúa cuando un tribunal le obliga.
Y lo ha hecho. De forma contundente. La sentencia del 24 de junio establece una regla clara: la visita del perito es la norma. Su ausencia es la excepción y debe justificarse debidamente. Nada de «a ojo». Nada de «parecido razonable». ¡Inspección real o nulidad de la valoración!
¿Y qué va a pasar a partir de ahora? 🤔
Se abre la puerta a una avalancha de reclamaciones. Todos aquellos que han sufrido una valoración sin inspección presencial pueden tener base para pedir revisión.
También se pone en duda la eficacia del sistema actual de «valores de referencia» que se implantó en 2022, que ya arrastra su propia polémica y que muchos juzgados están cuestionando por vulnerar la seguridad jurídica.
Si Hacienda quiere seguir valorando, deberá dotarse de peritos competentes, bien formados y que puedan acudir a los inmuebles, sin recurrir a «atajos estadísticos». Y si no tiene medios suficientes, pues que no valore. O que acepte la valoración del propietario.
¿Y con todas las tasaciones imaginativas realizadas? 🤯
Pues si no hubo visita y no se justificó su ausencia, la valoración podría ser anulable. Esto abre la vía a:
- Rectificaciones de autoliquidaciones.
- Devoluciones de ingresos indebidos.
- Recursos de reposición o reclamaciones ante los Tribunales Económico-Administrativos.
Eso sí, como todo en este país, no será automático. Habrá que pelearlo y sino que se lo cuenten a los de la cláusula suelo o el IRPH. Pero ya hay doctrina. Ya hay jurisprudencia. Y ya hay hartazgo.
Hacienda también tiene que trabajar y hacer calle 🙄
Durante décadas, el mantra «Hacienda somos todos» ha servido de coartada perfecta para abusos camuflados de eficiencia. Pero ahora, por fin, el Supremo ha dicho basta. Si Hacienda quiere cobrar más, tendrá que ganárselo. Nada de valoraciones imaginativas, ni de informes de copia y pega. ¡A patear la calle y tocar puerta, que ya era hora!
Y si no pueden, que lo digan. Pero que no nos sigan tomando el pelo con «tasaciones automáticas» que no se ajustan ni a la lógica ni a la justicia. Porque no todo el monte es orégano. Y no todo lo que se parece a una casa vale lo mismo.

Eduardo Lizarraga