La crisis del acceso a la vivienda entre los jóvenes europeos ha dejado de ser una cuestión doméstica para convertirse en un problema estructural de primer orden en la Unión Europea. Y España se sitúa, según los últimos informes comunitarios, entre los países más afectados. Un reciente estudio de Eurofound, la agencia europea para la investigación en políticas sociales, lanza una advertencia clara: la vivienda se ha convertido en una barrera casi infranqueable para millones de jóvenes, con consecuencias sociales, económicas y demográficas de largo alcance.

El informe sitúa a España en el grupo de países donde el mercado del alquiler es más inaccesible, junto a Bulgaria, Irlanda, Polonia, Portugal y algunas regiones de Austria e Italia. En muchas zonas del país, alquilar un piso estándar de dos habitaciones exige destinar prácticamente todo el salario mensual de una persona joven, un escenario incompatible con una vida autónoma, estable y digna.

En muchas zonas del país, se requiere casi la totalidad del sueldo medio para alquilar un piso de 2 habitaciones

Los datos que maneja Eurofound son contundentes: en numerosas regiones españolas el alquiler consume más del 80% del salario medio juvenil, una proporción que desborda cualquier criterio de sostenibilidad financiera. Este nivel de esfuerzo económico obliga a miles de jóvenes a compartir vivienda, volver al hogar familiar o aceptar condiciones residenciales precarias.

La situación es aún más extrema en determinadas zonas del país, donde el alquiler supera directamente el 100% del salario medio, lo que significa que una persona joven que viva sola no puede permitirse alquilar una vivienda aunque destine todo su sueldo. En la práctica, esto elimina de facto la posibilidad de emancipación para una parte significativa de la población joven.

Desde el punto de vista del mercado inmobiliario, este fenómeno genera un efecto perverso: una demanda cautiva que no puede convertirse en demanda solvente, lo que agrava la desigualdad entre quienes ya tienen vivienda y quienes intentan acceder por primera vez al sistema residencial.

Las zonas costeras son las más tensionadas

Eurofound identifica un patrón especialmente problemático en las zonas costeras de España y Portugal, donde la presión sobre el mercado residencial es todavía mayor. Estas áreas, altamente atractivas para el turismo y la inversión inmobiliaria, concentran una fuerte competencia entre el alquiler residencial tradicional, el alquiler vacacional y las segundas residencias.

El resultado es una reducción drástica de la oferta disponible para residentes y una escalada de precios que expulsa a los jóvenes del mercado. En muchos municipios turísticos, los propietarios obtienen mayores rendimientos destinando sus viviendas al alquiler de corta duración, lo que vacía el mercado residencial de pisos asequibles y estables.

Desde una perspectiva social, esta dinámica está provocando un fenómeno de desplazamiento residencial, en el que los jóvenes se ven obligados a abandonar las zonas donde trabajan o donde han crecido, rompiendo tejidos sociales y económicos.

Desde 2010, los precios de venta han subido en promedio un 55,4% y los de alquiler un 26,7%

La crisis actual no es coyuntural. Según Eurofound, desde 2010 los precios de venta de la vivienda han aumentado un 55,4% de media en la Unión Europea, mientras que los alquileres se han encarecido un 26,7%. Este incremento se ha producido muy por encima de la evolución de los salarios, especialmente entre los jóvenes, que concentran una mayor precariedad laboral.

Esta divergencia entre precios de la vivienda e ingresos ha erosionado progresivamente la capacidad de emancipación de toda una generación. En el caso español, el retraso en la salida del hogar familiar ya supera los 30 años de media, con efectos directos sobre la natalidad, la movilidad laboral y la cohesión social.

Muchos jóvenes residen en viviendas de mala calidad

Una de las conclusiones más preocupantes del informe es que pagar más no garantiza vivir mejor. De hecho, los jóvenes son el grupo más expuesto a viviendas de baja calidad, con problemas estructurales, hacinamiento o ubicaciones degradadas.

Entre los jóvenes de 18 a 29 años, los datos son especialmente reveladores:

  • En Portugal, el 38% sufre problemas de humedad, goteras o deterioro.

  • En España, el porcentaje asciende al 31%.

  • En Chipre, alcanza el 27%.

Esta realidad muestra que el mercado está empujando a los jóvenes hacia viviendas más caras, pero peores, lo que incrementa su vulnerabilidad residencial y deteriora su calidad de vida.

Se pide a los Estados tratar por igual la propiedad y el alquiler

Ante este escenario, Eurofound reclama un cambio profundo en las políticas de vivienda europeas. El informe critica las medidas basadas exclusivamente en ayudas monetarias o incentivos fiscales a la demanda, ya que estas pueden terminar inflando aún más los precios.

La prioridad, según la agencia europea, debe ser aumentar de forma estructural el parque de viviendas asequibles, especialmente para quienes acceden por primera vez al mercado. Entre las soluciones propuestas destaca un “recurso crucial sin explotar”: la rehabilitación de edificios vacíos para destinarlos a vivienda residencial.

Además, el informe insta a los gobiernos a garantizar la neutralidad fiscal entre propiedad y alquiler, es decir, tratar ambos regímenes de tenencia por igual, evitando que el sistema fiscal favorezca de forma sistemática la compra frente al alquiler o viceversa. Este equilibrio es clave para construir un mercado más justo y menos especulativo.

Una crisis que condiciona el futuro de Europa

La dificultad de acceso a la vivienda no es solo un problema inmobiliario: es una amenaza para el modelo social europeo. La imposibilidad de emanciparse retrasa la formación de hogares, reduce la natalidad, limita la movilidad laboral y condena a una generación a vivir en una permanente precariedad residencial.

Desde Aquimicasa, donde analizamos a diario la evolución del mercado de la vivienda en España, la advertencia de Eurofound no puede ignorarse: si no se actúa sobre la oferta, la regulación y el uso real de la vivienda, la brecha generacional seguirá ampliándose. Europa ya ha encendido la luz roja. Ahora falta voluntad política para convertirla en soluciones reales.