Compartir piso ya no es la opción barata que fue. Un análisis de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) realizado sobre 6.580 ofertas de habitaciones en alquiler publicadas en Idealista el 31 de agosto de 2026 confirma lo que cualquiera que haya buscado habitación este curso ya sospechaba: el precio medio de una habitación para estudiantes alcanza ya los 735 euros mensuales en Barcelona y los 689 euros en Madrid. Cifras que, dicho sea de paso, en muchos casos superan lo que hace apenas unos años costaba un piso pequeño entero. Eso sí, las diferencias entre barrios son muy amplias y pueden suponer hasta 3.600 euros de ahorro al año, así que quien sepa mirar bien el mapa todavía puede salir razonablemente bien parado.
Madrid y Barcelona, un pulso al alza en el precio de las habitaciones
Las dos grandes capitales del alquiler por habitaciones marchan en direcciones distintas pero con el mismo destino: más caro. En las zonas más buscadas de Madrid, las habitaciones más caras se encuentran en Universidad (759 euros), Nuevos Ministerios-Ríos Rosas (757 euros) y Argüelles (751 euros). En Barcelona, la escalada es todavía más pronunciada: Dreta de l’Eixample (832 euros), Sant Gervasi-Galvany (804 euros) y El Raval (800 euros) lideran la tabla. Por el contrario, los precios más bajos en la capital se localizan en Águilas (459 euros), Abrantes (483 euros), Vista Alegre (509 euros) y Palomeras Bajas (512 euros), mientras que en Barcelona destacan los menores precios en El Camp de l’Arpa del Clot (577 euros) y El Guinardó (583 euros). La lectura es evidente: Barcelona empuja los precios con más fuerza, pero ambas ciudades comparten el mismo problema de fondo, una demanda que no deja de crecer frente a una oferta que apenas se mueve.
La cercanía a la universidad dispara el precio del alquiler
No hace falta ser muy perspicaz para notar el patrón: cuanto más cerca del campus, más cara la habitación. Universidad, Argüelles o Nuevos Ministerios en Madrid, y Dreta de l’Eixample o Sant Gervasi en Barcelona, no son precisamente los barrios más económicos de sus respectivas ciudades, pero sí los que concentran facultades, residencias y una demanda estudiantil cautiva que tiene pocas alternativas si quiere minimizar el tiempo de desplazamiento. Los propietarios lo saben, y lo cobran. Ahí es donde el mercado deja de parecerse a un mercado y empieza a parecerse a una subasta con un único comprador posible: el estudiante que no puede permitirse perder dos horas al día en transporte.
Barrios caros y barrios asequibles: aprender a elegir
El dato más revelador del informe de OCU no es el precio medio, sino su evolución. En los barrios con datos comparables desde 2023, los precios han aumentado entre un 17% y un 33% en apenas tres años. Palomeras Bajas ha pasado de 385 a 512 euros mensuales, y El Raval ha subido de 625 a 800 euros. Son subidas que ninguna revalorización salarial ni ninguna beca puede compensar, y que dejan claro que el actual desequilibrio entre oferta y demanda sigue impulsando los precios al alza sin que nada, de momento, lo frene. Para quien busca alojamiento con un presupuesto ajustado, la estrategia sigue siendo la de siempre: ampliar la búsqueda a zonas menos céntricas y comparar barrios, condiciones, número de compañeros, superficie disponible y gastos incluidos antes de firmar nada.
Compartir piso, la opción más barata frente a la regulación que se avecina
La comparación con el alquiler de una vivienda completa también revela diferencias notables. Compartir entre tres personas un piso de 80 metros cuadrados suele salir bastante más barato que alquilar una habitación suelta: el coste oscila entre unos 347 y 938 euros mensuales por persona, según el barrio elegido. Es, sin duda, una alternativa a tener en cuenta, aunque conviene dejar clara desde el principio la responsabilidad de quienes firman el contrato y cómo proceder para sustituir a quienes se marchen antes de tiempo.
Y aquí conviene decir alto y claro lo que muchos propietarios prefieren no reconocer: el alquiler por habitaciones no solo responde a la escasez de vivienda disponible, sino que en no pocos casos es una fórmula que permite sacar más rentabilidad a una misma propiedad y, de paso, esquivar los límites que la regulación impone al alquiler residencial en zonas tensionadas. Cataluña y Navarra ya han aprobado medidas para evitar precisamente eso, equiparando el alquiler por habitaciones a los topes aplicables a la vivienda completa. El Gobierno central estudia extender esta regulación si los resultados en esas comunidades cumplen los objetivos marcados, y OCU ha anunciado que seguirá muy de cerca su evolución. Mientras esa regulación no llegue de forma generalizada, el mensaje para quien busca habitación sigue siendo el mismo: comparar, preguntar y no dar nada por sentado, porque en este mercado cada barrio, y cada propietario, juega con reglas distintas.