Madrid se ha convertido en el epicentro del drama inmobiliario en España. Mientras la presidenta regional Isabel Díaz Ayuso se niega a declarar zonas tensionadas y rehúye cualquier control sobre los precios del alquiler, los datos que llegan del Colegio Oficial y Asociación de Agencias y Agentes Inmobiliarios de Madrid (COAPIMADRID – AIM) dibujan un panorama desolador para miles de familias: los alquileres podrían subir hasta un 15% a final de año.

La previsión no surge de la nada. Es fruto de un estudio sobre las Perspectivas de la Vivienda, elaborado con la opinión directa de los profesionales inmobiliarios, que además confirman algo que ya sufren los inquilinos a pie de calle: los precios no dejan de crecer porque la demanda es voraz y la oferta cada vez más limitada. Y claro, si la administración regional no mueve un dedo, el mercado hace su trabajo: apretar hasta el último céntimo de quienes buscan un techo.

Un 93,3% de agentes inmobiliarios destaca esta previsión de crecimiento de las rentas de alquiler

Los datos son demoledores. El informe refleja que un 93,3% de los agentes inmobiliarios atribuye la escalada de precios a dos factores que en Madrid son casi norma: la restricción de la oferta y la inseguridad jurídica. Traducido: cada vez hay menos viviendas disponibles para alquilar, y las pocas que quedan se blindan frente a inquilinos con contratos abusivos o directamente se destinan al mercado turístico.

A ello se suma la intervención mínima del Gobierno central, que con la Ley de Vivienda pretendía contener los precios, pero que en la Comunidad de Madrid se ha convertido en papel mojado. Ayuso y su Ejecutivo han optado por el inmovilismo: ni zonas tensionadas, ni límites, ni control alguno. Resultado: el mercado campa a sus anchas.

La paradoja es cruel. Mientras en los informes se habla de porcentajes, en la calle la realidad es otra: miles de madrileños sobreviven en habitaciones compartidas, algunos hacinados en pisos sin condiciones básicas de habitabilidad, y otros recurriendo a soluciones extremas como furgonetas, trasteros o infraviviendas.

El número de operaciones de compraventa de vivienda usada seguirá creciendo hasta un 10% anual

La otra cara de la moneda la aporta el mismo estudio: mientras los inquilinos se asfixian, el mercado de compraventa vive un momento dulce. Un 83,3% de los profesionales prevé que las operaciones de compraventa de vivienda usada crecerán hasta un 10% anual en este mismo periodo.

La explicación es sencilla: la bajada de los tipos de interés está reanimando el crédito financiero, lo que facilita la compra de viviendas. Pero, una vez más, este escenario no resuelve el problema estructural. Porque no todos pueden acceder a una hipoteca, y menos aún en una ciudad donde los salarios apenas han crecido y los precios de venta siguen disparados.

Aquí está el gran contraste: el mercado sonríe a quienes tienen capacidad de compra, pero deja en la cuneta a los que dependen del alquiler para vivir.

COAPI aprecia un gran dinamismo en lo que se refiere a la compraventa de viviendas de segunda mano

El informe lo resume con optimismo: se percibe un gran dinamismo en la compraventa de viviendas de segunda mano, con precios que podrían incrementarse hasta un 10% a final de año. De hecho, un 90% de los profesionales inmobiliarios confía en esta tendencia, porque la demanda de compra sigue creciendo mientras la oferta se mantiene contraída.

El problema es que este dinamismo se convierte en un espejismo para la mayoría social. ¿De qué sirve un mercado alegre si gran parte de la población queda excluida de él? La compraventa de segunda mano puede ser una buena noticia para las agencias, pero para los ciudadanos que no pueden hipotecarse ni encontrar un alquiler asequible, es poco menos que un insulto.

Madrid, además, sufre un déficit endémico de vivienda nueva. La construcción apenas despega, lo que impide equilibrar oferta y demanda. Sin nueva vivienda en el mercado, tanto de alquiler como en venta, los precios seguirán tensionados. Y mientras tanto, las políticas públicas se reducen a declaraciones de intenciones.

Una ciudad que expulsa a sus habitantes

La conclusión es evidente: Madrid expulsa a quienes no pueden seguir el ritmo de los precios. Jóvenes, familias con ingresos medios o bajos, migrantes y hasta profesionales cualificados que llegan a la capital se ven obligados a destinar más del 40% de sus ingresos al alquiler… cuando logran acceder a una vivienda.

El resto se resigna a alquilar habitaciones a precios desorbitados, vivir en pisos compartidos con desconocidos o, en los peores casos, caer en la economía sumergida de los arrendamientos ilegales.

No hablamos solo de estadísticas. Hablamos de vidas truncadas, proyectos vitales aplazados y generaciones enteras que ven cómo el derecho constitucional a una vivienda digna se convierte en un lujo reservado a pocos.

El silencio político ante el problema

La actitud del Gobierno de la Comunidad de Madrid resulta, como poco, preocupante. Ayuso ha optado por ignorar la declaración de zonas tensionadas que permite la Ley de Vivienda. Un instrumento imperfecto, sí, pero que al menos podría haber aportado algo de contención a los precios.

En lugar de aplicar medidas, se insiste en que el mercado se autorregule. Y el mercado, como ya sabemos, no entiende de derechos, sino de rentabilidad. La consecuencia: alquileres desbocados y un parque de vivienda pública prácticamente inexistente.

El futuro inmediato: más desigualdad

De cumplirse las previsiones, a final de año Madrid no solo será la ciudad más cara de España para alquilar, sino también la que más desigualdad genere. Porque la brecha entre propietarios y arrendatarios seguirá agrandándose, consolidando un modelo urbano que expulsa a los de siempre para dejar sitio a quienes pueden pagar.

La capital se vende como una ciudad dinámica, abierta y llena de oportunidades, pero la realidad es que cada vez son más los que no pueden vivir en ella. Una contradicción que debería avergonzar a cualquier administración que presuma de gestionar para todos.