La Sociedad de Gestión de Activos Procedentes de la Reestructuración Bancaria, más conocida como la Sareb o simplemente el banco malo, va a entregar 597 viviendas repartidas por toda Baleares a la Administración General del Estado, que a su vez las pondrá en manos de Casa 47 para destinarlas a alquiler social y alquiler asequible. Lo cuenta Última Hora, y conviene detenerse en los detalles, porque no todo lo que rodea a esta operación es tan sencillo como suena en el titular.

El traspaso arrancó en 2025 y se prolongará, según lo previsto, hasta que la propia Sareb complete su liquidación, un proceso que en teoría debería cerrarse en 2027, aunque en la práctica todo apunta a que se alargará bastante más. La entidad, creada en 2012 tras el rescate bancario, fue durante años el vertedero ordenado donde entidades como Bankia, la Caixa o BMN —esta última fusionada previamente con Sa Nostra— depositaron sus activos tóxicos. Aquello costó a las arcas públicas más de 50.000 millones de euros. Ahora, más de una década después, una parte de ese agujero se reconvierte en política de vivienda.

La prioridad será para las familias vulnerables

Del total de las 597 viviendas baleares, buena parte se destinará a alquiler social para familias en situación de vulnerabilidad, con una renta que no podrá superar el 30% de los ingresos de la unidad familiar. El resto irá a parar a alquiler asequible, pensado para quienes no están en riesgo de exclusión pero tampoco pueden asumir los precios del mercado libre, que en las Islas llevan años instalados en cifras que hacen sonreír con amargura a cualquiera que busque piso.

El president Prohens ya se encargó de dejar caer que estas viviendas no serán solo para quienes acumulan más de 15 años de empadronamiento en Baleares, una precisión que suena razonable sobre el papel pero que conviene vigilar de cerca. Porque una cosa es fijar criterios de vulnerabilidad económica y otra bien distinta es que, en la práctica, los requisitos de arraigo territorial acaben decidiendo quién entra y quién se queda fuera de una lista que, con toda seguridad, será mucho más larga que las 597 viviendas disponibles.

 ¿Qué es la Sareb y cómo funciona?

Conviene recordar qué es exactamente la Sareb, porque el nombre suena a todos pero pocos saben cómo funciona. Nació en 2012 como sociedad mixta, con capital mayoritariamente privado en sus primeros años, con el objetivo declarado de vender cuanto antes los activos heredados de la crisis para intentar recuperar la inversión. La creación del banco malo fue, de hecho, una de las condiciones que impuso Bruselas a cambio del préstamo de más de 40.000 millones de euros con el que se rescató al sistema financiero español.

El giro llegó en 2022, cuando el Estado pasó a controlar la mayoría del capital de la sociedad. A partir de ahí, la utilidad social empezó a ganar peso frente al criterio puramente mercantil, y la Sareb sumó entre sus objetivos la cesión de vivienda a las administraciones públicas. El resultado, según el Ministerio de Vivienda, son ya más de 7.700 contratos de alquiler social firmados en toda España desde entonces. Una cifra que suena bien hasta que se compara con el tamaño real del problema habitacional en el país.

Un parque inmobiliario repartido por todas las islas

En Baleares, la Sareb ha llegado a gestionar cerca de un millar de viviendas desde su creación y todavía conserva la titularidad de algo más de 400, a las que hay que sumar aquellas cuya situación sigue pendiente de resolución judicial. Con la nueva transferencia, el parque que acabará en manos de Casa 47 alcanzará las 597 viviendas, unas 160 más de las que la sociedad mantiene hoy en propiedad. Estarán repartidas por municipios como Alaró, Alcúdia, Manacor, Mahón, sa Pobla o Santa Margalida, lo que en teoría debería aliviar la presión en distintos puntos del territorio, aunque no está de más recordar que en toda España Casa 47 recibirá de la Sareb unas 40.000 viviendas y 2.400 solares con capacidad para levantar otras 55.000, así que la operación balear es, en el fondo, una pieza pequeña dentro de un tablero mucho más grande.

Una gran parte para alquiler a familias vulnerables

El reparto entre alquiler social y asequible tendrá que lidiar, además, con la heterogeneidad de un parque que arrastra más de una década de historia. Entre los activos de la Sareb en Baleares hay viviendas sin cédula de habitabilidad, inmuebles ocupados, pisos con inquilinos ya instalados y hasta promociones que quedaron a medio construir cuando estalló la crisis. La propia sociedad reconoce que algunos de estos casos presentan una complejidad especial por procesos judiciales todavía abiertos, incluidos contratos de alquiler que se han detectado como fraudulentos.

Con todo, la llegada de estas 597 viviendas al circuito del alquiler social y asequible supone que una parte de lo que el rescate bancario dejó atrás termine teniendo, por fin, un destino vinculado a las políticas de vivienda en las Islas. Queda por ver si el proceso se gestiona con la agilidad que exige la emergencia habitacional balear o si, como suele ocurrir con este tipo de operaciones, la letra pequeña acaba retrasando lo que sobre el papel suena a buena noticia.