El último dato del Índice de Precios al Consumo (IPC), confirmado por el Instituto Nacional de Estadística para el mes de julio con una subida interanual del 2,7%, no cuenta toda la historia del encarecimiento de la vida en España. Así lo denuncia Comisiones Obreras (CCOO), que advierte de que el indicador no incluye el coste de comprar vivienda, pese a que su precio se disparó un 12,2% interanual en el primer trimestre de 2025.

Este desfase estadístico, según el sindicato, provoca una peligrosa distorsión: la inflación oficial puede parecer moderada, pero el gasto real de los hogares, especialmente en vivienda, supera con creces esas cifras. En un país donde la compra y el alquiler ya absorben gran parte de los ingresos familiares, la exclusión del precio de la vivienda en propiedad del cálculo del IPC oculta una de las principales causas de la pérdida de poder adquisitivo.

Subir salarios y amortiguar la “sangría” de rentas de la vivienda

Para CCOO, la solución pasa por subir salarios y reducir la jornada laboral, aprovechando que los márgenes empresariales siguen por encima de su media histórica. Según el Observatorio de Márgenes Empresariales, el valor añadido sobre ventas de las empresas se sitúa en el 23,4% y el margen bruto en el 11,7%, cifras superiores al promedio registrado entre 2009 y 2021 (21,9% y 10,5%, respectivamente).

“El encarecimiento de la vivienda desborda la capacidad de pago de los hogares, dispara el esfuerzo económico que deben asumir y les excluye de su acceso, ante la insuficiencia de políticas públicas”, señala el sindicato.

Para Mariano Sanz, secretario confederal de Salud Laboral y Sostenibilidad Medioambiental de CCOO, “un aumento de las rentas de las familias supondría un alivio a esta pesada carga. Existen márgenes para ello y sobran excusas para no hacerlo. La mejora salarial no puede seguir yéndose por el sumidero de las rentas de la vivienda”.

El encarecimiento de la compra o el alquiler desborda la capacidad de pago de los hogares

En los últimos años, tanto el precio de compra como el alquiler han crecido muy por encima del ritmo de los salarios y de las pensiones. Según datos oficiales, el precio medio de la vivienda acumula subidas anuales de dos dígitos en varios trimestres consecutivos, mientras que el salario medio apenas avanza por encima del 3% en el mejor de los casos.

Este desajuste estructural obliga a muchas familias a destinar más del 40% de sus ingresos al pago de la vivienda, muy por encima del 30% que recomiendan organismos internacionales como límite para no poner en riesgo la estabilidad financiera de los hogares.

En el caso de las pensiones, la situación es todavía más dramática: los incrementos anuales aprobados en los últimos ejercicios quedan muy por debajo del aumento del coste real de acceder o mantener una vivienda. Esto empuja a una parte de la población mayor a situaciones de dependencia económica de familiares o, en el peor de los casos, a perder su hogar.

Los márgenes empresariales y el incremento de la productividad lo permiten

Uno de los argumentos más repetidos por CCOO es que no hay razones económicas para frenar las subidas salariales. El sindicato recuerda que la productividad por asalariado ha crecido de forma sostenida desde 2018 y que este aumento se ha generalizado en la mayoría de los sectores, tanto en grandes corporaciones como en pymes.

Si se comparan estos datos con el aumento del valor añadido empresarial, queda claro que existe margen para repartir una mayor parte de los beneficios hacia las rentas del trabajo, aliviando así el peso que supone la vivienda en los presupuestos familiares.

Además, CCOO advierte de que la reducción de la jornada laboral no solo es viable, sino necesaria para mejorar la conciliación y repartir el empleo en un contexto de avances tecnológicos que permiten mantener e incluso aumentar la productividad con menos horas de trabajo.

La mejora salarial se diluye en el gasto de vivienda

Aunque las estadísticas de convenios colectivos muestran que los incrementos salariales en lo que va de año superan ligeramente el IPC, este avance es insuficiente cuando se observa el coste real de la vida. La vivienda actúa como un sumidero de renta, absorbiendo cualquier mejora salarial y dejando poco margen para otros gastos o para el ahorro.

De hecho, el sindicato alerta de que la falta de políticas públicas eficaces para contener los precios de la vivienda está cronificando un modelo en el que los hogares son cada vez más vulnerables a las subidas de tipos de interés, a la volatilidad del mercado energético y a la presión de un sector inmobiliario que continúa marcando máximos históricos.

Factores que presionan la inflación más allá del IPC oficial

CCOO también advierte que el actual acuerdo arancelario y comercial con Estados Unidos podría empujar la inflación en el futuro, sobre todo si mantiene la dependencia de fuentes de energía más caras que las renovables. Para el sindicato, apostar por la transición ecológica no solo es una medida medioambiental, sino también económica, ya que reduciría costes y vulnerabilidad ante crisis energéticas externas.

Mientras tanto, el propio IPC sigue reflejando subidas de precios significativas en vivienda (suministros del hogar) y hostelería, con incrementos superiores al 4% interanual en julio, impulsados en parte por el repunte de los carburantes tras las caídas registradas hace un año.

Un mercado que excluye y tensiona

La denuncia de CCOO se suma a la de otros colectivos que llevan tiempo señalando que el mercado inmobiliario español ha roto el vínculo histórico entre salarios y precios de la vivienda. Esto no solo dificulta el acceso a un hogar, sino que incrementa la desigualdad, ya que quienes poseen vivienda ven cómo su patrimonio se revaloriza, mientras que quienes intentan acceder al mercado se ven cada vez más lejos de conseguirlo.

En este contexto, la vivienda no es solo un bien de primera necesidad, sino también un factor determinante para la cohesión social. Si los precios siguen creciendo muy por encima de los ingresos, el riesgo de exclusión y pobreza habitacional seguirá aumentando.

La vivienda, la gran ausente en el IPC pero presente en la vida real

El debate abierto por CCOO pone sobre la mesa una realidad incómoda: el IPC oficial no refleja el impacto real del precio de la vivienda en la economía de las familias. Ignorar este factor puede llevar a diagnósticos incompletos y a políticas económicas ineficaces.

La solución, según el sindicato, pasa por repartir mejor los beneficios empresariales, mejorar salarios, reducir la jornada laboral y aplicar políticas públicas de vivienda más ambiciosas. Porque, mientras los precios sigan escalando por encima de los ingresos, cualquier avance estadístico en materia salarial seguirá evaporándose en el recibo del alquiler o en la cuota hipotecaria.