El consumo de cemento en España ha elevado su crecimiento hasta el 8,1% al cierre de los ocho primeros meses del año, alcanzando un acumulado de 10.463.904 toneladas, es decir, 779.846 toneladas más que en el mismo periodo de 2024, según los últimos datos publicados por la Estadística del Cemento. Este indicador, uno de los más estrechamente ligados a la evolución económica, vuelve a ofrecer señales de dinamismo en un contexto de incertidumbre generalizada. Su comportamiento se utiliza, junto con el consumo eléctrico, como una de las principales referencias para medir la actividad económica y la evolución del sector de la construcción.

Crece también durante los meses de verano

Durante los meses de julio y agosto, tradicionalmente marcados por cierta desaceleración en la obra pública y privada, el consumo de cemento ha mantenido un comportamiento excepcionalmente positivo, con crecimientos de dos dígitos. En julio se registró un aumento del 11,6%, hasta las 1.520.843 toneladas, mientras que en agosto la subida fue del 13,1%, con 1.172.899 toneladas consumidas. En conjunto, durante los dos meses estivales se han consumido 293.731 toneladas más que en el mismo periodo de 2024.

Este incremento sostenido tiene una lectura relevante: la recuperación del ritmo de actividad constructora, especialmente en obra residencial y reforma, que sigue mostrando tracción a pesar del endurecimiento del crédito hipotecario y del contexto económico incierto. De hecho, en el caso de julio, habría que remontarse a septiembre de 2011 para encontrar un mes con un consumo superior al millón y medio de toneladas, un hito que refuerza la idea de que el sector está resistiendo mejor de lo esperado.

En cuanto al dato anualizado, el consumo en los últimos doce meses (sep’24-ago’25) se sitúa en 15.678.993 toneladas, lo que supone un crecimiento del 9,1% respecto al periodo anterior, con un incremento absoluto de 1.310.619 toneladas. Este dato muestra que la demanda interna de cemento se consolida y que el sector de la construcción continúa siendo un motor relevante dentro de la economía española.

Las exportaciones caen un 5,8% en los ocho primeros meses

No todo son buenas noticias. Las exportaciones de cemento y clínker han acentuado su descenso, con una caída del 5,8% en el acumulado de los ocho primeros meses del año. En total, se han exportado 3.056.782 toneladas, lo que representa una pérdida de 188.476 toneladas respecto al mismo periodo del año pasado.

El comportamiento de los meses de verano ha sido irregular: en julio se produjo un descenso del 20%, mientras que en agosto se registró un repunte del 14%, insuficiente para compensar la tendencia negativa general. Según el recién elegido presidente de Oficemen, Ricardo de Pablos, la evolución de las exportaciones está directamente condicionada por los costes regulatorios y medioambientales europeos.

Sin una solución eficaz y sencilla para las exportaciones, basada en la asignación gratuita de derechos de CO2 dentro del marco del Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono, las exportaciones extracomunitarias de cemento se verán gravemente comprometidas”, advirtió De Pablos.

El sector ha venido reclamando desde hace tiempo una política de transición energética más equilibrada, que permita mantener la competitividad de la industria cementera española frente a productores extracomunitarios con menores exigencias ambientales.

Las importaciones, por su parte, continúan en línea ascendente

Mientras las exportaciones retroceden, las importaciones de cemento y clínker mantienen una evolución positiva. En los ocho primeros meses del año, las importaciones han crecido un 11,9%, alcanzando las 1.110.198 toneladas, es decir, 117.747 toneladas más que en el mismo periodo de 2024.

Este aumento está vinculado a varios factores: la demanda estable del mercado interno, el abaratamiento de algunos productos procedentes de Asia y el norte de África, y el desequilibrio en los costes de producción entre los países europeos y extracomunitarios. En este sentido, el propio De Pablos subrayó que “la mejora de nuestros resultados, pese a las dificultades derivadas de las crisis recientes, contribuye a seguir avanzando hacia el objetivo de las cero emisiones netas, pero no puede hacerse a costa de sacrificar nuestra competitividad internacional”.

Cemento y economía: un termómetro fiable

El comportamiento del consumo de cemento es un indicador adelantado del pulso económico, especialmente por su estrecha relación con la construcción residencial, las infraestructuras y la obra civil. Un crecimiento sostenido como el registrado en los últimos meses sugiere una reactivación parcial de la inversión productiva y de la actividad inmobiliaria, incluso en un contexto de tipos de interés elevados y un mercado hipotecario más restringido.

La tendencia observada hasta agosto refuerza la idea de que la demanda de vivienda y de reforma sigue siendo elevada, impulsada por el déficit de oferta y la resiliencia del empleo en el sector. Sin embargo, la caída de las exportaciones y el repunte de las importaciones muestran que la industria cementera española se enfrenta a una competencia creciente y a un entorno regulatorio exigente, donde la sostenibilidad y la rentabilidad aún deben encontrar su equilibrio.

España consolida así un 2025 en el que la obra nueva y la rehabilitación energética marcan el ritmo de la construcción, mientras el cemento se mantiene como un termómetro fiel de la economía real, más allá de los vaivenes financieros o especulativos.

🏗️ El crecimiento del consumo de cemento no solo refleja la actividad constructora, sino también la capacidad del país para generar empleo, inversión y valor añadido. Si este ritmo se mantiene, podría convertirse en uno de los pocos indicadores estructurales de optimismo en un panorama económico todavía marcado por la cautela.

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