El sector cementero español cierra el primer semestre del año con un mensaje que combina el alivio moderado con la resignación estructural. Oficemen, la patronal que agrupa a los fabricantes de cemento en España, ha presentado sus previsiones para 2026 y estas apuntan a un consumo de 17 millones de toneladas, un 2% más que el año anterior. La cifra, sin embargo, llega acompañada de un matiz importante: la propia patronal ha rebajado en un punto porcentual la estimación que manejaba a comienzos de año, en un ejercicio de prudencia que delata hasta qué punto el sector vive pendiente de la vivienda y de la política.

Un crecimiento que se modera por la ralentización de los visados

El presidente de Oficemen, Ricardo de Pablos, ha sido claro a la hora de explicar el ajuste a la baja: la ralentización observada en los visados de vivienda y la incertidumbre del contexto político nacional e internacional son las culpables de que la previsión inicial se quede corta. El escenario que maneja la patronal para 2026 contempla alrededor de 150.000 viviendas visadas, 5,6 millones de metros cuadrados de edificación no residencial y una inversión en infraestructuras próxima a los 13.000 millones de euros. Son cifras que, puestas sobre el papel, suenan robustas, pero que en la práctica se traducen en un crecimiento del consumo de cemento bastante más discreto que el registrado en los últimos ejercicios.

Los datos de los primeros cinco meses del año ilustran bien esa irregularidad. El consumo creció un 7,1% hasta mayo, alcanzando los 6,78 millones de toneladas, pero el recorrido no ha sido nada lineal: enero y febrero se mantuvieron estables, marzo y abril dispararon el crecimiento a dos dígitos gracias en parte a la recuperación de la actividad que las lluvias habían frenado a comienzos de año, y mayo volvió a caer ligeramente, un 0,3%. En términos de año móvil, de junio de 2025 a mayo de 2026, el crecimiento se mantiene en un notable 12,4%, aunque Oficemen ya avisa de que este ritmo se moderará en el segundo semestre, cuando toque compararse con los elevados niveles de consumo del verano de 2025.

España necesita más de 20 millones de toneladas al año para atajar el déficit de vivienda

Aquí es donde el discurso de Oficemen se vuelve más incómodo para quien quiera leer estas cifras en clave triunfalista. El propio De Pablos se ha encargado de poner el dato en perspectiva: 2025 cerró por encima de los 16,5 millones de toneladas, un 11,3% más que 2024, pero eso no implica ninguna recuperación completa del sector. Estamos hablando de un consumo prácticamente idéntico al de 1985 y muy inferior a la media histórica de la serie, que desde 1960 hasta el cierre de 2025 ronda los 22 millones de toneladas, frente a los 13,7 millones de media de la última década.

La conclusión de Oficemen no deja lugar a dudas: aunque 2026 cierre con 17 millones de toneladas, la cifra sigue siendo insuficiente para responder al déficit de vivienda, estimado en 750.000 unidades, y a las necesidades de infraestructuras de un país con 49 millones de habitantes y casi 100 millones de turistas al año. Según la patronal, un consumo superior a los 20 millones de toneladas sería más coherente con estos retos. El mensaje, en el fondo, es que el sector de la construcción sigue operando muy por debajo de sus capacidades históricas, precisamente en el momento en que más se necesita.

La desventaja eléctrica, el gran lastre de la competitividad del sector

Más allá del consumo interno, Oficemen ha querido poner el foco en un problema que lleva tiempo enquistado: el sobrecoste eléctrico que soporta la industria cementera española, cifrado en 90 millones de euros anuales. De Pablos ha sido contundente al señalar que la industria «ha hecho los deberes» y se sitúa entre las más eficientes de Europa, pero que la desventaja eléctrica estructural —que supone más del 30% de los gastos operativos de las fábricas— está lastrando la competitividad del sector.

El dato que más llama la atención es la comparación con los países vecinos: España soporta cargos e impuestos eléctricos hasta cuatro veces superiores a Francia o Alemania, pese a contar con un potencial renovable superior. Oficemen reclama reformas estructurales capaces de reducir la factura eléctrica entre un 10 y un 30%, y valora positivamente la eliminación progresiva del impuesto sobre el valor de la producción de la energía eléctrica (IVPEE), aprobada la semana pasada por el Consejo de Ministros dentro del real decreto-ley anticrisis. Es una primera victoria, aunque probablemente insuficiente para cerrar una brecha que lleva años ensanchándose.

Las exportaciones se desploman y las importaciones se disparan

Si hay un dato que resume bien el deterioro estructural del comercio exterior cementero español, es este: las exportaciones han caído desde casi 10 millones de toneladas en 2016 hasta 4,5 millones en 2025, más de la mitad en una década. Y la sangría continúa: en los cinco primeros meses de 2026, todos los indicadores de exportación analizados por la patronal registraron caídas de dos dígitos, con un descenso acumulado del 16,7% hasta mayo.

Mientras las exportaciones se hunden, las importaciones viven su particular edad de oro. España se ha convertido en el país europeo donde más crecen: entre 2016 y 2025 se multiplicaron por más de 29, un 2.822% de incremento, muy por encima de Italia y Grecia, que rondan el 1.500%, y a años luz de Francia, que solo ha elevado sus compras exteriores un 123% en el mismo periodo. Solo en 2025 las importaciones crecieron cerca de un 60%, superando los 2,35 millones de toneladas, y en 2026, pese a la entrada en vigor del Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono (CBAM), el año móvil hasta mayo todavía refleja un crecimiento del 10%.

El detalle más inquietante es el origen de esas importaciones: alrededor del 70% procede de países extracomunitarios, no sujetos a una agenda de descarbonización equivalente a la europea, y en 2025 estos países concentraron el 90% del total, con un peso especialmente relevante del clínker. Oficemen advierte de un riesgo real de fuga de carbono que la Unión Europea debería tomarse en serio, y reclama un CBAM riguroso, verificable y orientado a evitar elusión y fraude.

Descarbonización, tecnologías CAUC e inteligencia artificial

El otro gran eje del encuentro fue la hoja de ruta de descarbonización del sector, validada por AENOR, que fija como objetivos reducir las emisiones un 42% por tonelada de cemento en 2030 y un 83% en 2040, antes de alcanzar la neutralidad climática en 2050. Para llegar hasta ahí, Oficemen insiste en la necesidad de desarrollar las tecnologías CAUC —captura, transporte, almacenamiento y uso del CO₂—, imprescindibles en una industria donde parte de las emisiones no puede eliminarse solo con electrificación. El problema es que España todavía no cuenta con una estrategia nacional específica ni con objetivos cuantificados para su despliegue, lo que resta certidumbre a las inversiones de largo plazo y deja al sector en desventaja frente a otros países europeos.

En paralelo, la patronal ha querido subrayar la apuesta de la industria por la innovación y la inteligencia artificial, aplicadas ya a la optimización de hornos y molinos, al desarrollo de modelos predictivos de averías y a la formulación de nuevos cementos y hormigones. Como muestra, se presentaron dos proyectos del Instituto Español del Cemento y sus Aplicaciones (IECA): eCONPAVE, centrado en la gestión inteligente de pavimentos de hormigón en aeropuertos, y PowerConcrete, que investiga un pavimento urbano capaz de soportar cargas y almacenar energía renovable para alimentar dispositivos como balizas LED.

El presidente de Oficemen cerró el encuentro tendiendo la mano a las administraciones públicas para diseñar planes conjuntos que afronten los retos de vivienda, infraestructuras y descarbonización. Queda por ver si esa mano tendida encuentra respuesta, porque entre el déficit de vivienda, el sobrecoste eléctrico y la falta de estrategia para las tecnologías CAUC, el sector cementero español parece condenado a seguir pidiendo lo mismo año tras año.