La economía española está viviendo un cambio de ciclo que, por primera vez en décadas, invita al optimismo. La productividad, tradicional talón de Aquiles del modelo económico nacional, se ha convertido en uno de los principales motores del crecimiento y ha permitido a España situarse a la cabeza de la expansión económica en Europa. Un giro de fondo que marca distancia con el modelo previo a la crisis de 2008, cuando el crecimiento se apoyaba de forma excesiva en el ladrillo, el empleo de baja productividad y la acumulación de activos inmobiliarios poco eficientes. Hoy, los datos muestran una economía más sólida, más eficiente y mejor preparada para afrontar los retos estructurales del país, incluidos los que afectan directamente al mercado de la vivienda.
La productividad total de los factores (PTF) crece en España a un ritmo medio del 1,4% anual desde la pandemia, una cifra inédita desde mediados de los años noventa y muy superior al estancamiento que registra la Unión Europea en su conjunto. Este avance explica buena parte del dinamismo del PIB y refuerza la idea de que el crecimiento actual no es coyuntural ni está sustentado en burbujas especulativas, sino en una mejor utilización del capital y del trabajo, dos elementos clave para un desarrollo económico sostenible.
El PIB per cápita español es el segundo que más ha aumentado desde la pandemia entre los países europeos más avanzados
El impacto de esta mejora en la productividad se refleja con claridad en la evolución de la renta. Desde 2020, el PIB per cápita español crece a un ritmo del 3,78% anual, el segundo más elevado entre las economías europeas avanzadas, solo por detrás de Italia y muy por encima de la media de la UE-27. Alemania, tradicional motor económico del continente, apenas alcanza un crecimiento del 0,65% en el mismo periodo. Este diferencial evidencia que España no solo crece más, sino que lo hace de forma más eficiente.
Este cambio es especialmente relevante en un país que arrastra una brecha histórica de renta respecto a Europa. Aunque España sigue por debajo de la media comunitaria en PIB per cápita, el actual patrón de crecimiento permite avanzar en la convergencia real, algo que no ocurría cuando la economía dependía casi exclusivamente del aumento del empleo y del capital inmobiliario. La creación de más de 2,4 millones de puestos de trabajo desde 2020 ha ido acompañada, esta vez sí, de mejoras claras en eficiencia, lo que refuerza la calidad del crecimiento.
¿Cuál ha sido el camino de la economía española hasta llegar a este incremento de la productividad?
Para entender la relevancia del momento actual es imprescindible mirar al pasado reciente. Durante los años previos a la crisis financiera de 2008, el crecimiento económico español se basó en una intensa acumulación de empleo y capital, especialmente en activos inmobiliarios, pero sin avances significativos en productividad. La inversión se concentró en el ladrillo, mientras se descuidaban los activos intangibles, la innovación y las tecnologías de la información, elementos clave para competir en una economía globalizada.
La Gran Recesión dejó al descubierto las debilidades de ese modelo. Tras años de ajustes, la economía inició una recuperación a partir de 2014, que volvió a interrumpirse con la pandemia. Es precisamente desde 2021 cuando se consolida un cambio estructural en las fuentes del crecimiento. Entre 2021 y 2024, la mejora de la PTF explica un 33% del crecimiento del PIB, mientras que el empleo aporta cerca del 60%. La inversión pierde peso relativo, pero esta caída se compensa con una utilización mucho más eficiente del capital existente.
Este nuevo patrón contrasta de forma nítida con el modelo de 2008 y tiene implicaciones directas para sectores clave como el inmobiliario. Una economía que crece por productividad y no por especulación reduce el riesgo de burbujas y genera un entorno más estable para el acceso a la vivienda, el crédito hipotecario y el consumo.
El incremento de la productividad en las comunidades autónomas
La mejora de la productividad no es homogénea, pero sí generalizada. Tras la pandemia, todas las comunidades autónomas, salvo Extremadura, han registrado avances en eficiencia productiva. Destacan especialmente Baleares y Canarias, que han pasado de liderar las caídas de productividad antes de 2020 a encabezar ahora las mayores ganancias, impulsadas por la recuperación del turismo y la modernización de sus actividades económicas.
También muestran un comportamiento sólido regiones como País Vasco, Cataluña, Galicia, Castilla y León y la Comunitat Valenciana, que combinan sectores tradicionales con una mayor incorporación de activos intangibles y mejoras organizativas. Madrid, País Vasco y Cataluña siguen liderando en niveles de productividad del trabajo, mientras que otras comunidades ganan posiciones gracias a una mayor eficiencia empresarial, más allá de su especialización sectorial.
Los diferentes sectores económicos en el entorno internacional
A nivel sectorial, las mayores ganancias de productividad se concentran en actividades privadas orientadas al mercado. Destacan la fabricación de material de transporte, la industria de maquinaria y equipo, el transporte, la hostelería y determinadas industrias manufactureras. En cambio, sectores como la construcción, el comercio o algunos servicios públicos siguen mostrando dificultades para mejorar su eficiencia, un aspecto clave si se quiere evitar repetir errores del pasado ligados al crecimiento extensivo del sector inmobiliario.
En el ámbito internacional, la competitividad española se apoya cada vez más en las exportaciones de servicios, que ya representan más de un tercio del total. Este dinamismo reduce la dependencia del ciclo inmobiliario y refuerza la estabilidad macroeconómica, un factor esencial para el equilibrio del mercado de la vivienda y el acceso al crédito.
La utilización de la IA en la empresa española
La inteligencia artificial aparece como uno de los grandes vectores de crecimiento futuro de la productividad. Aunque su adopción en España aún es inferior a la media europea, las empresas que la utilizan muestran niveles de eficiencia claramente superiores. El reto pasa por extender su uso más allá de experiencias piloto y acompañarlo de inversión en formación, organización y talento, especialmente en pymes y sectores tradicionales como la construcción o el comercio.
El informe del Observatorio de la Productividad y la Competitividad Española insiste en que la IA no es una solución mágica, pero sí una herramienta clave para consolidar el cambio de modelo productivo. Su correcta integración puede contribuir a una economía más eficiente, menos dependiente de ciclos especulativos y mejor preparada para afrontar desafíos estructurales como el acceso a la vivienda.
En definitiva, España atraviesa un momento económico que rompe con viejos esquemas. El crecimiento actual se apoya en la productividad, la eficiencia y la mejora del capital humano, y no en el ladrillo como ocurrió en 2008. Consolidar esta senda será determinante no solo para la competitividad del país, sino también para avanzar hacia un mercado inmobiliario más equilibrado, sostenible y alineado con las necesidades reales de la sociedad.