Baleares vuelve a situarse en el epicentro del debate sobre el precio de la vivienda en España. Según el Estudio de Vivienda Nueva de Sociedad de Tasación, las islas lideran el crecimiento interanual del precio medio de la obra nueva en junio de 2025, con un incremento del 8,9% hasta alcanzar los 2.936 €/m², el valor más alto de toda su serie histórica. A pesar de lo rotundo de los datos, todavía hay quienes siguen defendiendo que el mercado “se regula solo”, como si la magia de la autorregulación fuera capaz de construir viviendas asequibles por generación espontánea. El problema es que, cuando la realidad desmiente sus mantras, las consecuencias las pagamos todos. Porque si el encarecimiento afectara solo a los que niegan el problema, ya firmaríamos sin dudarlo.

Supera el 8% anual junto con Madrid y Cataluña

Junto a Madrid (8,9%) y Cataluña (8%), Baleares es una de las tres comunidades que crecen por encima de la media nacional del 7,5%. El precio medio de la vivienda nueva en España se sitúa en 3.151 €/m², mientras que en las islas el aumento semestral alcanza el 4,8%, por encima del 4,1% del conjunto del país. Los defensores de la autorregulación del mercado celebran este dinamismo como síntoma de “salud económica”, cuando en realidad es una fiebre que deja a miles de ciudadanos fuera del acceso a una vivienda digna. La oferta sigue siendo escasa, los costes de construcción elevados y la presión de la demanda —nacional y extranjera— mantiene los precios en una escalada que ni la estabilización del euríbor logra enfriar.

Palma de Mallorca lidera el incremento del precio de la vivienda nueva en Baleares

En términos absolutos, Palma de Mallorca encabeza el aumento del precio de la vivienda nueva en las islas con un incremento del 8,9%, alcanzando los 2.936 €/m². La capital balear se convierte así en la segunda capital de provincia de España donde más se ha encarecido la vivienda nueva en el último año, empatada con Madrid y solo por detrás de Málaga (9,3%). La diferencia es que, mientras las grandes capitales pueden amortiguar el impacto con un mercado más amplio, Palma sufre un efecto embudo: suelo limitado, viviendas escasas y una demanda que no deja de crecer. El resultado es un escenario de exclusión creciente en el que los residentes permanentes compiten en desigualdad con compradores extranjeros de mayor poder adquisitivo.

Hacen falta 20 años para comprar una vivienda

El Índice de Esfuerzo Inmobiliario revela una cifra demoledora: adquirir una vivienda en Baleares exige destinar 19,5 años de salario íntegro, frente a los 7,6 años de media en España. En Madrid, el esfuerzo se sitúa en 9,5 años, lo que convierte a las islas en el territorio más inaccesible para la compra de vivienda. Este dato no es una anécdota; es una alerta. Significa que, aun con empleo estable, buena parte de la población no puede acceder a una vivienda en propiedad sin hipotecar su futuro durante dos décadas. Pero según los defensores del mercado libre, esto no es un fallo del sistema, sino una consecuencia natural del “equilibrio económico”. Un equilibrio que, curiosamente, siempre se inclina hacia el mismo lado.

El precio en los diferentes municipios

Los datos por municipio no dejan lugar a dudas sobre la magnitud del problema. Ibiza registra el precio medio más alto, con 3.417 €/m² y una variación anual del 8,1%. Le siguen Palma de Mallorca (2.936 €/m²), Calvià (2.618 €/m²), Alcudia (2.480 €/m²), Sant Antoni de Portmany (2.330 €/m²), Maó (2.148 €/m²) y Manacor (1.823 €/m²). Siete de los nueve municipios analizados han alcanzado su valor máximo histórico, consolidando un escenario de precios que no se justifica por el crecimiento de los salarios ni por la oferta disponible. Aun así, el discurso negacionista persiste: “no hay burbuja, solo más demanda que oferta”. Como si la falta de vivienda asequible fuera un accidente meteorológico y no el resultado de una estrategia económica sostenida en el tiempo.

Sube el Índice de Confianza Inmobiliario de Sociedad de Tasación

El informe también recoge un aumento del Índice de Confianza Inmobiliario de 1,2 puntos en Baleares, hasta los 55 puntos, situándose por encima del umbral del equilibrio (50) y solo ligeramente por debajo de la media nacional (57,6). Este indicador refleja el optimismo de los profesionales del sector, impulsado por la relajación de los tipos de interés del BCE y la reactivación del crédito hipotecario. Sin embargo, el aumento de la confianza empresarial no equivale a una mejora del acceso a la vivienda. Lo que para el promotor es “una oportunidad de negocio”, para el ciudadano se convierte en “otra subida imposible”. Y mientras los informes celebran el dinamismo del mercado, miles de familias viven en alquileres tensionados o simplemente con hijos que renuncian a emanciparse.

El espejismo de la autorregulación

El argumento de la autorregulación del mercado inmobiliario se ha convertido en un refugio ideológico para quienes prefieren mirar hacia otro lado. Pero los datos son incontestables: cuando el precio de la vivienda crece un 8,9% y los salarios apenas un 3%, no hay equilibrio posible. La autorregulación, en la práctica, ha sido el permiso tácito para que la especulación sustituya al derecho a la vivienda. Los inversores internacionales compran en zonas donde el residente local ya no puede competir y los ayuntamientos se ven impotentes —o desinteresados— para frenar la turistificación y la falta de oferta pública. Si el mercado realmente se regulara solo, el acceso a la vivienda no sería el principal problema social del país.

La factura de la ceguera se va a prolongar décadas

Baleares no es una excepción, es un espejo que refleja el modelo fallido de vivienda en España. El aumento del precio de la obra nueva, la falta de suelo disponible y el desequilibrio entre demanda y salarios dibujan un escenario insostenible. Y aunque los defensores de la autorregulación insistan en que “el mercado se ajusta”, la realidad es que cada trimestre confirma lo contrario: la vivienda sigue siendo un bien de lujo en lugar de un derecho. Lo peor es que el coste del negacionismo no lo pagan quienes lo sostienen, sino los ciudadanos que ven cómo su posibilidad de acceder a una casa se aleja un poco más cada año. El problema ya no es solo económico, sino estructural y social. Y si seguimos negando la evidencia, pronto descubriremos que lo que el mercado autorregula, en realidad, es nuestra exclusión. #Baleares #PrecioVivienda #ObraNueva #Sociedaddetasación #MercadoInmobiliario #ViviendaEspaña #Aquimicasa