El Banco Central Europeo lleva siete reuniones consecutivas sin tocar los tipos de interés, con la tasa de depósito anclada en el 2%. Pero esa calma —tan trabajosamente construida durante el ciclo de bajadas iniciado en junio de 2024— empieza a parecerse peligrosamente a la calma que precede a los temporales. Y el temporal, según las voces más hawkish del Consejo de Gobierno, llega en junio.

El gobernador del banco central de Eslovaquia, Peter Kazimir, ha sido el más explícito: el endurecimiento de la política monetaria en la reunión del 11 de junio es, en sus propias palabras, «prácticamente inevitable».. No se trata de un farol ni de un globo sonda aislado. Christine Lagarde ya abrió la puerta en la rueda de prensa del 30 de abril, cuando el BCE decidió por unanimidad mantener los tipos pero debatió la posibilidad de subirlos. François Villeroy, gobernador del Banco de Francia, pide una política «prudente y vigilante». Luis de Guindos —que cierra su etapa como vicepresidente este mes de mayo— optó por la fórmula diplomática de «tener la cabeza fría y actuar reunión a reunión», pero tampoco descartó nada. El mercado, mientras tanto, descuenta ya más de tres subidas de tipos en lo que queda de año, con el pistoletazo de salida en junio. Bank of America y CaixaBank apuntan en esa misma dirección. Voces más cautelosas, como Renta 4 o JP Morgan AM, creen que el mercado se está poniendo nervioso en exceso. Veremos.

El precio del petróleo se mantiene al alza con las declaraciones de Trump

El origen de todo este nuevo dolor de cabeza europeo tiene nombre, apellidos y cuenta de Truth Social: Donald Trump. La guerra que Washington e Israel lanzaron contra Irán el 28 de febrero, con el estrecho de Ormuz bloqueado desde entonces, ha disparado el precio del crudo a niveles no vistos desde 2022. El Brent llegó a marcar máximos de 114 dólares por barril a principios de semana, aunque este miércoles moderaba la caída hasta el entorno de los 108 dólares, desde los 72 dólares a los que cotizaba antes del ataque conjunto contra Irán.

Las declaraciones de Trump mueven el mercado como un yoyó. Cuando anuncia «grandes avances» en las conversaciones con Irán, el crudo cae; cuando promete nuevas oleadas de ataques o se jacta de tener el petróleo «de sobra» y sugiere a los países europeos que se lo compren a él, sube. El mandatario ha llegado a asegurar que el estrecho de Ormuz se abrirá «de forma natural» cuando «el conflicto haya terminado», instando además a los países que dependen de ese paso a «cuidarlo, aprovecharlo y valorarlo» por su cuenta. El nivel de ayuda geopolítica que ofrece Trump a sus socios europeos es, como puede apreciarse, conmovedor.

El problema es que el cierre de Ormuz no es una anécdota: el estrecho concentra cerca del 20% del suministro mundial de petróleo, y mientras no haya acuerdo entre Washington y Teherán, el mercado seguirá funcionando bajo una volatilidad que castiga a todos, empezando por los consumidores europeos.

La inflación empujada por el precio del petróleo sigue subiendo

La inflación de la eurozona cerró abril en el 3%, cuatro décimas por encima del dato anterior, impulsada fundamentalmente por el encarecimiento de la energía. Este precio se disparó un 10,9% en comparación con el 5,1% de marzo, y esa ola no se detiene en la factura de la luz: se filtra a los costes logísticos, a los precios industriales, a la cesta de la compra. Como advierte Kazimir, la presión inflacionaria sobre los mercados energéticos se extenderá «inevitablemente» al resto de la economía.

Lo más irritante del asunto es que este no es un episodio nuevo. Tras la invasión rusa de Ucrania en 2022, el BCE tardó en reaccionar y esperó a julio para subir los tipos, permitiendo que la inflación alcanzara niveles superiores al 10% en algunos momentos. Los europeos pagamos ese retraso con años de empobrecimiento real. Ahora, el BCE dice que ha aprendido la lección. Lo dice, al menos.

El BCE para no ser menos incrementará el precio del dinero. Varias subidas previstas para este año

La reunión clave es el 11 de junio. Coincide con la publicación del nuevo cuadro macroeconómico del BCE —que actualiza sus previsiones trimestralmente— y con el primer aniversario natural de los tipos en el 2%. Toda la institución mira a esa fecha como el momento de la verdad.

Los mercados esperan subidas de tipos en junio y septiembre, y el mercado descuenta en total que los tipos de interés subirán en 80 puntos básicos este año, algo más de tres subidas. Dicho esto, hay analistas que frenan el entusiasmo: dada la debilidad del crecimiento económico —el PIB de la eurozona apenas creció un 0,1% intertrimestral en el primer trimestre— y el carácter esencialmente energético de esta oleada inflacionaria, el BCE no querrá repetir el error de 2011, cuando Trichet subió tipos en plena crisis de deuda soberana y tuvo que retractarse semanas después.

La cuerda está tensa. El BCE quiere parecer firme sin ahogar una economía que ya respira con dificultad.

La influencia de la situación en el mercado inmobiliario

El sector inmobiliario español llega a este escenario en una posición paradójica: los precios no han dejado de subir —el precio medio de transacción subió un 12,2% interanual en el primer trimestre de 2026, con récords históricos en Madrid, Barcelona, Baleares y Canarias— pero la demanda empieza a notar la fatiga. El euríbor a 12 meses cerró abril en el 2,747%, encareciéndose respecto al mes anterior, que cerró en el 2,565%, y respecto al año pasado, cuando se situaba en el 2,143%.

Cada subida del BCE se traduce directamente en cuotas hipotecarias más altas para quienes tienen hipotecas variables —que siguen siendo una parte significativa del mercado, aunque la fija ha ganado terreno— y en condiciones de acceso más estrictas para los nuevos compradores. El tipo de interés medio en las nuevas hipotecas sobre vivienda se situó en enero de 2026 en el 2,87%. Si el BCE sube tipos en junio, en septiembre y quizás una vez más antes de que acabe el año, ese número se moverá al alza, y con él, el número de operaciones que no llegan a cerrarse.

Las inmobiliarias ya lo están notando: los tiempos de venta se alargan, las negociaciones se endurecen y algunos propietarios empiezan a comprender que vender en 2026 con un ligero descuento puede ser mejor negocio que esperar a 2027 con hipotecas al 4%. Los más listos ajustarán precio ahora. Los más obstinados esperarán a descubrirlo solos.

El incremento de la inflación nos hará descubrir a la vuelta del verano que somos más pobres

Hay una verdad incómoda que los datos macroeconómicos envuelven en capas de tecnicismos pero que acaba llegando a todos los bolsillos: cuando la energía sube, todo sube. Menos los sueldos, que suben más despacio, y menos la vivienda en venta, que de momento sigue subiendo por su cuenta y sin pedir permiso.

El mecanismo es conocido. La energía cara encarece el transporte, el transporte encarece la distribución, la distribución encarece los productos en el lineal del supermercado. Las empresas trasladan costes. Los salarios no responden a la misma velocidad. El resultado es que a la vuelta del verano —exactamente igual que ocurrió tras la crisis de 2008— muchas familias españolas comprobarán que su capacidad adquisitiva ha mengüado sin que nadie les haya comunicado formalmente la noticia.

¿Cuál será la posible evolución de la situación hipotecaria para este año?

El panorama hipotecario para el segundo semestre de 2026 depende de tres variables encadenadas: hasta dónde sube el BCE, hasta cuándo se mantienen altos los precios del petróleo, y hasta cuándo dura el conflicto en Oriente Medio. Las tres son inciertas, y las tres apuntan en la misma dirección.

Una subida de tipos implicaría un encarecimiento de la financiación que reduciría la demanda de compra y podría enfriar el mercado, pero también incrementaría el esfuerzo financiero de quienes ya están hipotecados. Para los que tienen hipoteca variable, el golpe sería directo e inmediato. Para los de tipo fijo, el impacto sería indirecto: precios de vivienda que no bajan, sueldos que no suben y un mercado que se va volviendo progresivamente más inaccesible.

El escenario optimista —conflicto resuelto antes del verano, petróleo normalizado, BCE estabilizado— existe sobre el papel. Pero a la vista de que Trump lleva semanas prometiendo que «lo difícil ya está hecho» mientras el Brent sigue por encima de los cien dólares, convendría no apostar el piso en ese pronóstico.

Lo que sí parece claro es que quienes estén pensando en vender tienen ante sí un margen de tiempo que se va estrechando. Y quienes estén pensando en comprar, deberían hacer sus cálculos con un escenario hipotecario algo más caro del que se vendía hace seis meses. Siempre suponiendo, claro, que el señor Trump no encuentre un nuevo estrecho que bloquear.