El mercado de la vivienda en España acaba de dar una sorpresa que pocos analistas habían previsto. Después de cinco meses consecutivos de caídas interanuales, un goteo que parecía anunciar el enfriamiento definitivo del sector, junio ha cerrado con 59.288 compraventas de viviendas, según las cifras provisionales publicadas por el Instituto Nacional de Estadística. El dato representa un incremento del 1,6% respecto al mismo mes de 2025 y, más llamativo aún, un 5% más que en mayo, lo que corta de raíz la racha de descensos que venía marcando el año.
No conviene precipitarse. Un solo mes no hace tendencia, y el propio acumulado del semestre lo recuerda con crudeza: entre enero y junio de 2026 se han firmado un 2,6% menos de operaciones que en el mismo periodo de 2025. Pero hay un matiz que merece subrayarse por encima de cualquier lectura pesimista: junio de 2026 ha sido, con estos números, el mejor mes de junio desde 2007, es decir, desde los años finales de la burbuja inmobiliaria. Que el mercado actual, condicionado por tipos de interés elevados y precios en máximos, logre acercarse a las cifras de aquella época dice mucho sobre la fortaleza subyacente de la demanda española de vivienda.
Un mercado que resiste, pese a todo
La composición del dato refuerza esa idea de resistencia. Las viviendas nuevas fueron las grandes protagonistas del repunte, con 12.766 operaciones y un crecimiento interanual del 6,3%, mientras que la vivienda usada, que concentra la inmensa mayoría del mercado, se mantuvo prácticamente plana con 46.522 compraventas (+0,3%). Dicho de otro modo: la obra nueva tira del carro, en un contexto en el que la escasez de producto sigue siendo el problema estructural que nadie termina de resolver.
Por tipo de vivienda transmitida, el 93,8% correspondió a vivienda libre, con 55.609 operaciones y un avance del 2,6%, mientras que la vivienda protegida retrocedió un notable 11,8%, hasta las 3.679 transacciones. Un dato que, de nuevo, apunta a las carencias de la política de vivienda pública en España, incapaz de generar un volumen de operaciones que compense siquiera mínimamente el peso de la vivienda libre.
Las comunidades autónomas dibujan un mapa muy desigual
El comportamiento territorial confirma que hablar de «el mercado español» como un bloque homogéneo es, cuando menos, impreciso. Navarra y Castilla-La Mancha encabezaron los incrementos, con subidas superiores al 22% interanual, una cifra que contrasta radicalmente con la media nacional. Les siguieron Asturias (+10,4%), Aragón (+9%) y Castilla y León (+8,6%), todas ellas comunidades donde el mercado parece haber encontrado un impulso propio, ajeno a la desaceleración generalizada.
En el extremo opuesto, Cantabria se dejó un 21,5%, la caída más pronunciada del país, seguida de Baleares (-11,7%), Galicia (-7,7%), País Vasco (-5,5%) y Extremadura (-1,6%). El contraste entre unas autonomías y otras es tan marcado que cabe preguntarse si estamos ante ajustes puntuales o ante el inicio de una divergencia regional más profunda y duradera.
El BCE, el nuevo obstáculo para la vivienda
La otra cara de la moneda tiene nombre propio: el Banco Central Europeo. En junio, Fráncfort decidió subir los tipos de interés por primera vez en casi tres años, una decisión que probablemente adelantó operaciones antes de que el crédito se encareciera todavía más. María Matos, directora de Estudios de Fotocasa, lo resume con claridad: «estamos a las puertas de un cambio de ciclo impulsado por el mercado hipotecario que comienza a mostrar ciertos ajustes».
Las entidades bancarias, tras un año de competencia feroz por captar hipotecados, empiezan a virar hacia productos más conservadores. Y las previsiones no invitan al optimismo para quien busque financiación: si se cumple el pronóstico, el BCE volverá a subir tipos en septiembre hasta el 2,5%. El euríbor ya lo está descontando, con un cierre de julio en el 2,85% y niveles por encima del 2,9% en los primeros días de agosto. Matos advierte que esta subida «reducirá la capacidad de compra de una parte de la demanda, especialmente de aquellos hogares más dependientes del crédito», que representan el 75% de los compradores actuales. En román paladino: quien no tenga ahorro suficiente lo va a notar, y lo va a notar pronto.
Herencias y donaciones ganan terreno
Mientras el mercado convencional se enfrenta a este nuevo obstáculo, otra vía de transmisión de vivienda gana peso de forma silenciosa pero constante: las herencias, que crecieron un 12,8% interanual hasta las 46.271 viviendas transmitidas, y las donaciones, que subieron un 14,4% y superaron ya las 5.000 viviendas transmitidas en vida. Un fenómeno que no es casual: ante el encarecimiento de la compra y el acceso restringido al crédito, cada vez más familias optan por adelantar el patrimonio inmobiliario entre generaciones, una tendencia que probablemente irá a más si los tipos siguen su escalada.
El fondo del problema, en cualquier caso, sigue sin resolverse: España continúa sin construir suficiente vivienda en las zonas donde realmente se demanda. Junio ha regalado un respiro estadístico, pero el desajuste entre oferta y necesidad de vivienda sigue siendo la asignatura pendiente de un mercado que, por mucho que resista, no deja de mostrar sus costuras.