Llega el otoño, los días se acortan, las luces se encienden antes de la cena y el contador empieza a girar con alegría. El problema es que el recibo ya venía calentito de serie. La factura del usuario medio acogido a la tarifa semirregulada (PVPC) alcanzó en septiembre los 104,31 euros, la más cara en cuatro años, según el análisis de FACUA-Consumidores en Acción. Para encontrar un recibo más abultado hay que volver a septiembre de 2022, en plena crisis energética, cuando se pagaron 137,93 euros. En solo cinco meses, la factura se ha inflado 39 euros, y eso que el frío de verdad todavía no ha llamado a la puerta.
El escaso calado de las medidas del Gobierno
La respuesta del Ejecutivo suena a disco rayado. El Consejo de Ministros aprobó el pasado 30 de septiembre un real decreto que rebaja el IVA de la luz del 21% al 10% y el Impuesto Especial de la Electricidad del 5,11% al 0,5% a partir de noviembre, siempre y cuando el IPC energético de septiembre supere el 15%. Es decir, una medida condicional, temporal y, a la vista de los números, bastante modesta. FACUA la califica sin rodeos de claramente insuficiente: si se hubiera aplicado ya en septiembre, el recibo medio solo habría bajado 13,65 euros, hasta los 90,66 euros. Seguiría estando por encima de cualquier mes de 2025. Un alivio que se queda en tirita para una herida que no deja de sangrar.
La factura del usuario, en escalada desde mayo
La curva no deja lugar a dudas. En abril, el usuario medio pagaba 64,96 euros. En mayo saltó a 75,63; en junio, a 79,08; en julio, a 93,65, y en agosto, a 96,65 euros, cifra que parecía el techo del año hasta que septiembre la ha desbancado con un nuevo arreón del 7,9%. Frente a los 81,49 euros de septiembre de 2025, la subida interanual es del 28%. La comparación con septiembres anteriores (76,37 euros en 2023 y 70,62 en 2024) deja claro que el respiro de los últimos años se ha esfumado.
El desglose por tramos tiene su punto de ironía. En septiembre, el kWh salió a 30,05 céntimos en punta, 20,52 en llano y 23,31 en valle. Respecto al año pasado, la punta ha subido un 20,1%, el llano un 31,7% y el valle, ese refugio nocturno de quien pone la lavadora de madrugada para ahorrar, un 47,8%. Ni trasnochando se libra uno.
La rebaja de impuestos no consigue mucho: reducir ingresos sin afrontar el problema
Tocar impuestos es tocar la superficie. La medida replica las bajadas fiscales que el Gobierno viene aplicando a ratos desde junio de 2021, junto al tope al gas que estuvo vigente entre finales de 2021 y julio de 2024. El Estado deja de ingresar, sí, pero el mecanismo que dispara los precios sigue intacto: una subasta diaria en la que tecnologías baratas como la nuclear y la hidráulica cobran al precio de la más cara, con los consiguientes beneficios caídos del cielo. FACUA propone sacarlas de esa subasta y fijarles un precio revisado periódicamente por el Ejecutivo.
La asociación también reclama un IVA reducido estable y permanente para la luz, porque no tiene sentido gravar con el tipo máximo un suministro esencial. Y apunta cómo cuadrar las cuentas: compensar la menor recaudación con más impuestos directos para quienes más ganan, empezando por las grandes empresas, sin recortar en sanidad o educación.
El perfil del usuario
Conviene saber de quién hablamos. El usuario medio de FACUA no vive en un chalet con piscina climatizada: tiene 4,4 kW de potencia contratada y consume 366 kWh al mes, un perfil construido a partir de decenas de miles de facturas de viviendas habitadas. Su reparto de consumo sigue la referencia de la CNMC: un 45% en valle, un 29% en punta y un 26% en llano. De lunes a viernes, la punta va de 10 a 14 y de 18 a 22 horas; el llano, de 14 a 18 y de 22 a 00, y el valle, de 00 a 8. Fines de semana y festivos nacionales, todo es valle. Es, en definitiva, una familia corriente.
Invierno, euríbor y cesta de la compra: suma y sigue
Y esa familia corriente no solo paga la luz. Llega el invierno con la calefacción en el horizonte, la cesta de la compra que no termina de abaratarse, una inflación que se resiste y un euríbor que vuelve a apretar a quienes tienen hipoteca variable. Cada recibo, por sí solo, quizá se pueda absorber. Todos juntos, mes tras mes, son una carcoma lenta del presupuesto doméstico. Que la factura eléctrica supere los 100 euros justo cuando más energía se necesita es el peor momento posible.
¿Cómo enderezar lo que pagan los usuarios?
Hay margen más allá del parche fiscal. FACUA insiste en que el Ministerio para la Transición Ecológica lance de una vez campañas potentes sobre el bono social: año tras año, la mayoría de sus beneficiarios potenciales no lo solicita porque no sabe que existe o cree que no tiene derecho. También pide fomentar que los hogares ajusten la potencia contratada, ya que los consumidores domésticos pagan cerca de 1.000 millones de euros de más cada año por kilovatios que no usan. Información, ajuste de contratos y, sobre todo, valentía para meter mano a la formación de precios. Lo demás es esperar a que la primavera haga el trabajo que el Gobierno no hace.