Llega el frío, bajan los termómetros y, como si se hubieran puesto de acuerdo, sube la luz. Los hogares con el Precio Voluntario para el Pequeño Consumidor (PVPC) estrenan la temporada de calefacción con una factura más cara, otra vez. Según los cálculos de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), el recibo de la tarifa regulada se ha encarecido un 7,2% en octubre. En el último año acumula una subida del 28%. El momento no podría ser peor: justo cuando las familias empiezan a encender radiadores, bombas de calor y braseros eléctricos.

La subida de este mes de octubre

Las cifras no dejan mucho margen a la interpretación. Para un hogar medio, con 4,6 kW de potencia contratada y un consumo de 292 kWh al mes, la factura pasa de 86,22 euros en septiembre a 92,44 euros en octubre. Son algo más de seis euros de diferencia en un solo mes. Puede parecer poco, pero se suma a una escalada que dura ya un año entero y que vuelve a poner la tarifa regulada en el centro de las críticas.

El origen está en el mercado mayorista de electricidad, cuyo precio medio ha subido hasta los 165 euros/MWh, un 15,4% más que el mes anterior. Como el PVPC está ligado a ese mercado, cada sobresalto del pool llega al recibo casi de inmediato. Es la ventaja de la tarifa cuando los precios bajan, y su gran desventaja cuando suben, que últimamente es casi siempre.

Causas del encarecimiento de la tarifa

El responsable principal tiene nombre conocido: el gas natural. Su precio ha pasado de 74 a 98 euros/MWh en apenas un mes. Detrás de ese salto vuelve a aparecer la guerra de Irán y la tensión que provoca en los mercados energéticos internacionales. Es algo que ya hemos vivido antes: un conflicto a miles de kilómetros termina pagándose en la cocina de cualquier vivienda española.

El problema es estructural. Las centrales de ciclo combinado, que funcionan con gas, han fijado el precio de la electricidad en muchas horas de octubre. Su peso ha crecido además por la bajada de la producción fotovoltaica, habitual en otoño con días más cortos, y por una producción eólica que este mes ha sido discreta. Con menos sol, poco viento y un gas cada vez más caro, el resultado era previsible. Y año tras año, las renovables siguen sin poder sostener solas el sistema cuando más se necesitan.

La fiscalidad no ayuda

Cabía esperar algún alivio por la vía de los impuestos, pero no llegará, al menos de momento. El Real Decreto 18/2026 prevé rebajar el IVA al 10% y el Impuesto sobre la Electricidad al 0,5%. Sin embargo, esas rebajas no se aplicarán a las facturas emitidas en noviembre por los consumos de octubre. El motivo es que la condición vinculada a la evolución del IPC no se ha cumplido este mes.

Es una forma bastante curiosa de proteger al consumidor: el alivio fiscal existe sobre el papel, pero depende de un indicador que no ha acompañado, y desaparece justo cuando la factura sube. El hogar medio paga más por la energía y también más impuestos sobre esa energía más cara. Un ejemplo de cómo la letra pequeña de las medidas anticrisis puede volverse en contra del ciudadano.

¿Cómo reducir la factura?

Con este panorama, la recomendación de la OCU es revisar con calma las condiciones del contrato eléctrico. Esto vale para quienes tienen tarifa fija y, sobre todo, para quienes tienen una tarifa indexada, ya sea en el mercado libre o en el regulado con el PVPC, porque son los más expuestos a la volatilidad. Usar un comparador de tarifas es hoy más útil que nunca. Conviene dar prioridad a las ofertas con precio estable garantizado durante al menos doce meses, que protegen mejor frente a nuevas subidas.

La organización también anima a apuntarse a su X Compra Colectiva de Energía. El objetivo es reunir al mayor número posible de usuarios para negociar mejores precios de luz y gas con las comercializadoras. Cuantos más consumidores participen, más capacidad de negociación tienen. Además, revisar la potencia contratada y llevar los consumos más altos a las horas valle sigue siendo la forma más sencilla de ahorrar sin cambiar de compañía.

Previsiones para finalizar el año

Las perspectivas para los dos últimos meses del año no invitan al optimismo. El invierno trae más demanda de electricidad, menos horas de sol y, mientras siga la inestabilidad en Oriente Próximo, un gas sometido a fuertes vaivenes. Si no aparece un viento generoso que haga bajar el pool, todo apunta a que noviembre y diciembre mantendrán precios elevados. La rebaja fiscal dependerá de que el IPC cumpla una condición que este mes no se ha dado.

Para muchas familias, la cuesta de enero puede adelantarse. Y la pregunta vuelve cada invierno: si en un país con tanto sol y tanto viento la factura de la luz tiene que seguir dependiendo de lo que pase en los yacimientos de gas del Golfo Pérsico.