La subida certifica que la inflación energética no da tregua

El bolsillo de los hogares españoles vuelve a sufrir el zarpazo de la electricidad. Según el último análisis de FACUA-Consumidores en Acción, la factura del usuario medio con tarifa PVPC va camino de superar los 100 euros por primera vez en cuatro años. Si se mantienen los precios registrados en la primera quincena de septiembre, el recibo se situará en 106,57 euros, una cifra que solo tiene precedente en el convulso septiembre de 2022, cuando la factura llegó a los 137,93 euros en plena crisis energética derivada de la invasión de Ucrania. Un aviso serio de que el respiro de los últimos meses ha terminado y de que el otoño arranca con el recibo eléctrico otra vez como protagonista del malestar económico de las familias.

Una escalada que se inició en mayo

El repunte no es un sobresalto puntual, sino una tendencia que lleva meses cocinándose. La escalada del precio de la luz arrancó en mayo, cuando la factura alcanzó los 75,63 euros frente a los 60,99 euros de abril. Desde entonces la subida ha sido constante e implacable, mes a mes, sin una sola tregua: 79,08 euros en junio, 93,65 euros en julio y 96,65 euros en agosto, hasta ahora el mes más caro del año. Cinco meses seguidos de subidas dibujan un patrón que ya no puede explicarse como un pico aislado de consumo estival, sino como una corriente de fondo que amenaza con instalarse en el sistema eléctrico durante todo el segundo semestre.

La guerra comercial de Trump aprieta los precios de la energía

Detrás de esta escalada hay un factor que trasciende lo puramente doméstico: la presión sobre los mercados de materias primas y productos energéticos derivada de la guerra impulsada por Trump. Los aranceles y las tensiones geopolíticas asociadas han encarecido el gas y los combustibles fósiles a escala global, y ese sobrecoste termina repercutiendo, vía mercado mayorista, en el recibo de cualquier familia española que ni siquiera sabe dónde queda Washington. Es la prueba de que, en un mercado eléctrico interconectado como el europeo, las decisiones comerciales de otro continente acaban pasando factura, literalmente, en la cocina de cualquier vivienda española.

Una subida anual del 30,5%

Los números interanuales no dejan lugar a dudas sobre la magnitud del problema. En esta primera quincena de septiembre el recibo ha subido un 30,5% con respecto al mismo periodo de 2025, cuando la factura mensual equivalente se situaba en 81,49 euros. Y si se compara con agosto —que ya batía récords este año— el incremento alcanza el 10,3%. Solo hay que remontarse a febrero de 2025, con 95,70 euros, para encontrar un recibo más caro que el actual. En apenas doce meses, el coste de mantener encendida la nevera, la calefacción o el termo se ha disparado casi un tercio, una subida muy superior a la de los salarios o las pensiones, lo que erosiona directamente la capacidad adquisitiva de cualquier familia media.

¿Cuál es el perfil medio de usuario?

FACUA elabora sus análisis a partir de un perfil de usuario medio: una vivienda habitada con una potencia contratada de 4,4 kilovatios (kW) —la misma en horario punta y valle— y un consumo mensual de 366 kilovatios hora (kWh), calculado tras el estudio de varias decenas de miles de facturas reales. Para repartir ese consumo entre los tres tramos horarios de la tarifa, la asociación toma como referencia el reparto publicado por la CNMC en 2021: un 45% del consumo se concentra en el horario valle, un 29% en el punta y un 26% en el llano. En la práctica, de lunes a viernes se paga más caro entre las 10 y las 14 horas y entre las 18 y las 22 horas —el temido horario punta—, mientras que los fines de semana y festivos nacionales rige las 24 horas el precio valle, el más barato. El dato que de verdad preocupa es que el precio medio del kWh ha subido un 24,6% en punta, un 34,5% en llano y un 53,6% en valle respecto a septiembre de 2025, lo que demuestra que la escalada no perdona ni siquiera a quienes intentan ahorrar desplazando su consumo a las horas valle.

Previsiones para lo que queda de año

Este no es un problema que se quede en la factura de la luz. La energía es uno de los componentes con más peso en la cesta de la compra y su encarecimiento se traslada, tarde o temprano, al resto de precios: transporte, alimentación, producción industrial. No es casualidad que la inflación de agosto se disparara hasta el 4,3%, un dato que obligó al Banco Central Europeo a subir un cuarto de punto los tipos de interés para intentar contener una escalada de precios que, en buena medida, lleva sello energético. Pagamos la luz más cara y, además, pagamos más caras las hipotecas para intentar frenar el efecto de esa misma luz cara: un círculo vicioso del que las familias españolas llevan meses sin poder escapar. Si la tendencia de las últimas semanas se mantiene, octubre y noviembre podrían batir nuevos récords, y la factura de diciembre —tradicionalmente una de las más altas por el aumento del consumo en horario punta durante las tardes— podría acercarse peligrosamente a los niveles de 2022. FACUA insiste en su reclamación de siempre: que el Gobierno saque a la energía nuclear y la hidráulica del sistema de subasta diaria y las someta a un precio fijado y revisado periódicamente, en lugar de dejar que sean las tecnologías más caras las que marquen el precio para todo el sistema. Mientras esa reforma sigue sin llegar, los hogares españoles afrontan un otoño y un invierno en los que el «ahorro energético» dejará de ser una recomendación medioambiental para convertirse, una vez más, en pura supervivencia económica.