Hay encuestas que descubren algo y encuestas que ponen sello oficial a lo que cualquiera sabe desde hace años. El Barómetro de Vivienda 2026 del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) es de las segundas, con un matiz: pone cifra a un malestar que ya ha llegado a las calles, a las plazas y al calendario electoral. Al 87% de los españoles le preocupa la vivienda. Al 51,6% le preocupa “mucho” y al 35,4% “bastante”. Solo uno de cada diez dice estar tranquilo. Pocos asuntos en España reúnen hoy un consenso parecido. La vivienda lo consigue, aunque sea en la angustia.
Un porcentaje que no deja de crecer desde que apareció en los resultados
La vivienda no siempre estuvo entre los grandes desvelos nacionales. Durante años fue un asunto de segunda fila en los barómetros del CIS, por detrás del paro, la economía o la clase política. Desde que entró en la lista de principales problemas no ha dejado de subir puestos, hasta convertirse en el gran agujero en el bolsillo y en el ánimo de millones de hogares. El 87% de ahora no es un pico repentino. Es la consecuencia lógica de una tendencia que nadie supo, o quiso, frenar a tiempo.
¿Cómo es la encuesta?
Es la primera vez que el CIS dedica un estudio monográfico a la vivienda. El trabajo, con el número 3532, nace de un convenio firmado en agosto con el Ministerio de Vivienda, dotado con 288.000 euros. Se basa en 6.019 entrevistas telefónicas en 1.243 municipios de las 50 provincias, con un error muestral de ±1,3%. Cuando se firmó el convenio, nadie imaginaba que los resultados verían la luz en plena precampaña. En política, las casualidades rara vez lo son del todo.
Un momento político clave para la vivienda
El barómetro llega en el peor momento posible, o en el mejor, según quién lo lea. Maricarmen Abascal tenía 87 años, la misma cifra que mide hoy la preocupación del país. Fue desahuciada de su casa en Madrid hace dos semanas, y su muerte ha convertido un caso judicial de años en un símbolo. Después llegaron dos reales decretos-ley y su rechazo en el Congreso. Pedro Sánchez respondió con el adelanto electoral al 29 de noviembre, y CCOO, UGT y el Sindicato de Inquilinas convocaron una huelga general el 11 de noviembre. El Gobierno ha vuelto a aprobar los decretos con retoques. El que paraliza los desahucios de personas vulnerables en viviendas de fondos ya está en vigor. El de la prórroga forzosa de los alquileres depende de la Diputación Permanente. El estudio incluye incluso intención de voto, con el PSOE en el 20%, el PP en el 14,8% y Vox en el 9,2%, y un 21,9% de indecisos. Por si alguien dudaba de qué van a tratar estas elecciones.
Los dos modelos que se debaten
El debate de fondo enfrenta dos recetas. La primera es la intervención: topes, congelaciones, prórrogas y más vivienda pública. La segunda apuesta por la oferta y la seguridad jurídica: más suelo, menos impuestos y más garantías para el propietario. Lo curioso es que la encuesta no da la razón en exclusiva a ninguna de las dos. El 95,4% quiere bajar los impuestos en la compra de la primera vivienda. El 85,7% pide más garantías para los propietarios frente a los impagos y el 84,3% quiere sacar suelo urbanizable al mercado. Pero el 83,1% también quiere recuperar la vivienda pública que se vendió a empresas privadas. Los ciudadanos no piden ideología. Piden que alguien haga algo, y que lo haga rápido.
La propiedad de la vivienda porque el mercado no permite otra alternativa
El 93,5% preferiría vivir en una casa en propiedad, frente a un escuálido 5,4% que elige el alquiler. No es fetichismo del ladrillo. Es que alquilar en España se ha convertido en una forma cara de no tener nada. El problema es que el deseo choca con la cartera. Entre quienes quieren comprar y no pueden, el 80,7% no tiene dinero para la entrada, el 71,3% no llega a las cuotas y el 63,5% no cumple los requisitos para una hipoteca. El comprador potencial está dispuesto a pagar de media 197.655 euros, que en una gran ciudad da, con suerte, para un sueño de pocos metros. Hoy el 55% de los españoles es propietario y el 24,1% es inquilino. Uno de cada tres inquilinos cree que paga por encima del precio de mercado.
¿Qué ha pasado estos últimos años para llegar hasta aquí?
Los precios han subido mucho más rápido que los salarios. La oferta no ha seguido el ritmo de creación de hogares. La vivienda protegida se ha quedado en algo residual, y la presión turística e inversora ha convertido barrios enteros en activos financieros. Solo el 8,6% de los encuestados vive en una vivienda protegida. El resultado se mide en experiencias concretas de los últimos cinco años. Al 13,5% le subieron el alquiler por encima de la inflación. El 10% sufrió prácticas ilegales de inmobiliarias o empresas de alquiler. El 9% estuvo alquilado sin contrato. Nada de esto ha pasado de un día para otro.
Los más afectados por la situación
El 41,6% asegura que la situación de la vivienda le perjudica directamente, mientras que solo el 4,4% dice salir beneficiado. El 24,2% ha vivido con frío o calor extremo en casa, y el 18,5% necesitó ayuda de la familia para pagar el alquiler o la hipoteca. El 14,7% tuvo que mudarse lejos de su gente y el 11,8% volvió a casa de la familia o a compartir piso. Los que no consiguen independizarse lo tienen claro: el 85,6% ve inalcanzable el precio de compra y el 84,9% el del alquiler. Completa el retrato la discriminación por edad a la hora de buscar casa, que señala el 10,4%.
Apoyo a la intervención pública
Con este panorama, no sorprende que el 79% quiera tratar la vivienda como un derecho constitucional, frente al 13,5% que la ve como un bien de mercado. El 91,4% pide más vivienda pública. El 76,3% respalda la intervención directa del Estado en el mercado, y el mismo porcentaje apoya crear una empresa pública estatal de vivienda. Congelar los alquileres dos años tiene el apoyo del 70,6%, limitar los pisos turísticos el del 75,6% y subir impuestos a los grandes tenedores el del 72%. El límite aparece con la expropiación de viviendas vacías, que rechaza el 54,3%. El mandato social es nítido. Queda por ver si el 29 de noviembre alguien sabe convertirlo en algo más que eslóganes.