La construcción española vive una paradoja estructural: mientras el país necesita acelerar la producción de vivienda para aliviar la falta de oferta, la tensión en el alquiler y el encarecimiento de las compraventas, el sector arrastra un problema crónico de escasez de trabajadores. En este contexto, la inmigración se ha convertido en el auténtico pilar que sostiene la actividad edificatoria. Hoy, aproximadamente el 22% de la fuerza laboral de la construcción es extranjera, una proporción que explica por qué promotores y administraciones miran hacia la política migratoria como parte de la solución al atasco inmobiliario.

La vivienda no es un compartimento estanco: depende del empleo, del acceso al crédito, del precio de los materiales y, sobre todo, de la disponibilidad de mano de obra. Sin trabajadores suficientes, no hay obra nueva; sin obra nueva, no se amplía el parque residencial; y sin parque suficiente, los precios continúan presionando a familias e inversores. La ecuación es directa.

Los afiliados extranjeros crecen con fuerza en la Comunidad de Madrid

Los datos de afiliación a la Seguridad Social confirman la tendencia. A cierre de 2025, la construcción superaba los 316.000 afiliados extranjeros, y el 23,2% de los trabajadores del régimen general del sector son de origen extranjero, muy por encima de la media nacional del 14,07%. Solo en diciembre se alcanzaron 3,085 millones de cotizantes extranjeros en el conjunto del mercado laboral español, uno de los mejores registros históricos.

En territorios con fuerte dinamismo inmobiliario, como la Comunidad de Madrid, la dependencia es aún mayor. Allí, los trabajadores extranjeros llegan a representar hasta el 36% de la plantilla en construcción, una cifra que evidencia que, sin ese refuerzo, muchos proyectos simplemente dejarían de existir.

Necesitamos 700.000 albañiles

El sector estima que España necesita alrededor de 700.000 albañiles adicionales para atender la demanda actual y futura de vivienda, especialmente si se quiere impulsar de forma decidida la obra pública y la ampliación del parque de vivienda protegida. El envejecimiento de la plantilla y la falta de relevo generacional han dejado un vacío que los trabajadores nacionales no están cubriendo, en parte por la dureza física del oficio y por la búsqueda de empleos mejor remunerados.

Sin esa fuerza laboral, resulta difícil cumplir con los objetivos de construcción de vivienda asequible que distintas administraciones han puesto sobre la mesa. La política de vivienda necesita ladrillo, y el ladrillo necesita manos.

Promotores y constructores de vivienda han trasladado al Gobierno, la necesidad de una mayor apertura migratoria

La ministra de Vivienda y Agenda Urbana, Isabel Rodríguez, ha reconocido públicamente que promotores y constructores han pedido una mayor apertura migratoria para garantizar la continuidad de los proyectos. La regularización de personas que ya trabajan en el sector se plantea como una herramienta para dar estabilidad a la actividad y mejorar las condiciones laborales.

La cuestión no es ideológica, sino estructural. Si España quiere aumentar la producción de vivienda, contener precios y ampliar el parque público, necesita un marco laboral estable y suficiente.

Desafíos a los que se enfrentan estos nuevos trabajadores de la obra

Pese a su peso creciente, muchos trabajadores inmigrantes afrontan situaciones de vulnerabilidad. La propia ministra ha alertado de que los inmigrantes indocumentados son víctimas de abusos y especulación, especialmente en el acceso a la vivienda. Alquileres inflados, hacinamiento y condiciones precarias forman parte de una realidad que conecta directamente empleo y mercado inmobiliario.

Regularizar su situación no solo mejoraría su protección social, sino que permitiría integrar formalmente a miles de trabajadores que ya sostienen parte de la construcción.

La disponibilidad de mano de obra es clave en la construcción

La construcción y las actividades inmobiliarias representan aproximadamente el 11,1% del total de extranjeros que trabajan en España. Este peso no es marginal: es estructural. La economía española crece por encima de la media europea, en parte, gracias a la aportación de estos trabajadores.

En un momento en el que el mercado de vivienda sufre tensiones por falta de oferta, subida de costes y presión sobre el alquiler, la disponibilidad de mano de obra es una variable decisiva. La obra pública, clave para ampliar el parque asequible, depende igualmente de esa capacidad productiva.

La conclusión es clara: sin inmigración, falta mano de obra en la construcción, y sin mano de obra suficiente, la vivienda seguirá siendo uno de los principales cuellos de botella de la economía española. El debate migratorio, por tanto, no puede desligarse del debate sobre vivienda. Ambos forman parte de la misma ecuación estructural que marcará la evolución del mercado inmobiliario en los próximos años.