La factura eléctrica de un hogar medio acogido al PVPC bajó en abril cerca de un 10% respecto a marzo, hasta situarse en 55,89 euros. Un alivio bienvenido, aunque frágil. Detrás de esa mejora hay una combinación de factores que conviene entender bien: mayor producción hidráulica gracias al buen estado de los embalses, crecimiento de la generación fotovoltaica y las rebajas fiscales aplicadas al IVA y al Impuesto Especial a la Electricidad. La pregunta es si esta tendencia tiene recorrido o si se trata de una tregua pasajera.
Los factores que impulsan el precio de la luz
El sistema de fijación de precios en España sigue siendo el talón de Aquiles del recibo. El modelo marginalista europeo establece que todos los megavatios/hora se pagan al precio del más caro, que habitualmente es el gas natural. Mientras ese mecanismo no cambie, cualquier tensión en el mercado del gas se traduce directamente en la factura del consumidor. A esto se suma la actualización anual de peajes y cargos, que en enero de 2026 implicó un incremento estimado del 4,1%, y las revisiones automáticas vinculadas al IPC para quienes tienen tarifas en el mercado libre, con subidas en torno al 3%.
Hay que sumar un elemento nuevo: el apagón del 28 de abril de 2025 dejó una huella duradera. Red Eléctrica Española lleva meses operando en modo de seguridad reforzada, recurriendo con mayor frecuencia a ciclos combinados de gas y limitando la aportación renovable. Esos sobrecostes de ajuste —que rozaron los 0,038814 €/kWh en marzo y bajaron a 0,02977 €/kWh en abril, aunque siguen siendo elevados— se trasladan al recibo. La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) ha señalado que es urgente revisar procedimientos e infraestructuras para que la seguridad del sistema no se pague de forma extraordinaria cada mes.
El riesgo de una guerra prolongada en Oriente Medio
El factor geopolítico sigue siendo el mayor elemento de incertidumbre. El bloque0 del estrecho de Ormuz y la continuidad del conflicto en Oriente Medio siguen tensionando los mercados internacionales de gas y petróleo. Si esa presión se mantiene y coincide con un descenso de las reservas en los embalses al llegar el verano, el efecto combinado podría borrar de un plumazo el ahorro acumulado en primavera. Las centrales hidráulicas tienen capacidad para regular sus vertidos y ofertar agua a precios equivalentes al gas cuando la situación lo permite; si no, simplemente la reservan. El resultado sería una factura significativamente más cara en los meses de mayor consumo.
A esta amenaza se añade la política comercial de la administración Trump. Las tensiones arancelarias afectan a los mercados de materias primas y energía de forma indirecta, encareciendo insumos y generando incertidumbre en las cadenas de suministro globales. No es un riesgo inmediato sobre la factura española, pero contribuye a ese fondo de volatilidad que hace tan difícil cualquier previsión firme a doce meses.
La apuesta por las renovables hace descender la factura
Aquí está la buena noticia, y es estructural. España tiene condiciones excepcionales para la generación solar y eólica: miles de horas de sol al año, viento atlántico en el norte y noroeste, y una red de parques que sigue creciendo. El incremento sostenido de la producción fotovoltaica ya está conteniendo los precios durante las horas centrales del día, precisamente cuando la demanda doméstica y comercial es más alta.
Las previsiones para 2026 apuntan a un precio medio en el mercado mayorista (OMIE) en torno a los 55 €/MWh, lo que supondría una caída cercana al 15% respecto al cierre de 2025. Los clientes en el PVPC con la nueva metodología —que incorpora un componente de precios de los mercados de futuros, más estables— son los que más se benefician de esta tendencia. A largo plazo, cada nuevo gigavatio renovable instalado reduce la dependencia del gas y, con ella, la exposición del recibo a las crisis externas. El camino es correcto, aunque la velocidad a la que se recorre sigue siendo insuficiente para los plazos que marca la transición energética.
Medidas fiscales impulsadas por el Gobierno
El escudo fiscal sigue activo, al menos hasta junio de 2026: el IVA de la electricidad se mantiene reducido al 10% —frente al 21% habitual— y el Impuesto Especial a la Electricidad permanece en el 0,5%. Estas medidas actúan como colchón frente a la volatilidad del mercado mayorista y explican en parte la moderación de la factura en los primeros meses del año. Lo que ocurra a partir de julio, si el Gobierno no prorroga estas rebajas, dependerá tanto de la situación energética como del contexto político.
Revisar las tarifas y ajustar la cuota de potencia
Una de las palancas más efectivas que tiene cualquier hogar para contener el gasto en electricidad es revisar su contrato. Los hogares con tarifas indexadas son los más expuestos a la volatilidad del mercado. La OCU recomienda apostar por tarifas con precio fijo durante al menos doce meses y evitar ofertas sin compromiso de precio o con revisiones muy cortas. Ajustar la potencia contratada a las necesidades reales del hogar —muchos contratan más de la necesaria— también puede suponer un ahorro apreciable. Y desplazar el consumo de electrodomésticos grandes (lavadora, lavavajillas, secadora) a las horas de mayor producción solar —mediodía y primera hora de la tarde— permite aprovechar los precios más bajos del sistema horario.
Previsiones para el resto del año
El escenario base es de estabilidad moderada, con una media anual inferior a la de 2025, cuando la factura media del PVPC alcanzó los 69,34 euros al mes —la cuarta más cara desde la creación de esa tarifa, solo superada por los años de la crisis energética de 2021-2023. Pero la palabra «estabilidad» hay que leerla con cautela: significa ausencia de grandes picos, no precio bajo garantizado. Los meses de verano, con mayor demanda de climatización y eventuales descensos en los embalses, serán la prueba de fuego. Si el conflicto en Oriente Medio escala o si los costes de ajuste del sistema se disparan de nuevo, esa previsión se deteriorará con rapidez.
Las ayudas que puedes pedir
Para los hogares con menos recursos, el Bono Social Eléctrico ofrece un descuento del 42,5% sobre el PVPC para consumidores vulnerables, y del 57,5% para los clasificados como vulnerables severos. El bono social térmico complementa esta ayuda cubriendo gastos de calefacción, agua caliente y cocina. Ambas medidas forman parte del escudo social prorrogado por el Gobierno hasta el 31 de diciembre de 2026.
Para el resto de consumidores, existen deducciones en el IRPF de hasta el 60% por obras de mejora de eficiencia energética realizadas hasta diciembre de 2026, siempre que cumplan los requisitos establecidos. Cambiar ventanas, instalar bomba de calor o mejorar el aislamiento de la vivienda no solo reduce el consumo: también permite recuperar una parte significativa de la inversión en la declaración de la renta. En un contexto en el que el precio de la luz difícilmente volverá a los niveles prepandemia, reducir el consumo es, hoy por hoy, la mejor tarifa disponible.