La producción del sector de la construcción volvió a caer en julio y encadenó ya siete meses consecutivos de descensos interanuales. Según los datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE), el nuevo Índice General de Producción de la Construcción (IPCO) retrocedió un 9,8% respecto al mismo mes del año anterior. Es una moderación frente al -12,3% de junio, sí, pero moderar una caída no es lo mismo que dejar de caer, y conviene no confundir ambas cosas cuando se leen estos datos con ganas de encontrar el final del túnel.

 Tres meses de caídas mensuales que no logran remontar

Si se compara julio con junio, eliminando estacionalidad y calendario, la producción bajó un 0,3%, frente al -0,7% del mes anterior. Son ya tres meses consecutivos de descensos mensuales, un dato que pesa más que la fotografía interanual porque describe una tendencia, no un susto puntual. Dentro del reparto por divisiones, la construcción de edificios volvió a ser la más castigada, con una caída interanual del 35,2% y un retroceso mensual del 1,4%. La ingeniería civil bajó un 4,6%, mientras que la construcción especializada fue la única que sostuvo el tipo, con apenas un -0,8% interanual y un sorprendente +2% mensual. Aun con la serie corregida, la comparación interanual arroja un -13%, mejor que el -14,7% de junio, pero de nuevo: mejorar una caída del 14,7% no convierte el sector en una buena noticia.

Un sector que sigue siendo más pequeño que en 2008, y con más frentes abiertos que nunca

Aquí conviene salir del dato puntual y mirar el fondo del asunto, porque el relato simplón de «no hay suelo para construir» o «la burocracia lo frena todo» se queda corto. Es cierto que ambos problemas existen y llevan años sin resolverse, pero no son los únicos, ni probablemente los más urgentes. Falta, sobre todo, mano de obra, y las empresas constructoras —muchas de ellas pequeñas y con poco margen— lo notan cada vez que intentan sacar adelante una promoción. A eso se suma que la obra nueva ha dejado de venderse con la alegría de hace unos años: los precios son poco accesibles para buena parte de la demanda y los plazos de comercialización se alargan. El resultado es un sector que continúa siendo más pequeño que en 2008, con menos empresas dispuestas a asumir riesgo, y que ante la duda prefiere quedarse a la expectativa antes que lanzar nuevo suelo a producción.

Un nuevo indicador para medir la actividad: el IPCO sustituye al Eipic

Estos datos corresponden al nuevo Índice General de Producción de la Construcción (IPCO), que mide la evolución mensual de la actividad de las empresas del sector a partir de su valor añadido. Sustituye a la antigua Encuesta de Índices de Producción de la Industria de la Construcción (Eipic), elaborada hasta diciembre de 2025 por el Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible; para 2025 y 2026 el INE combina ambas fuentes para construir la serie. El nuevo indicador está homologado a los requerimientos europeos, lo que permite comparar la evolución española con la del resto de la Unión Europea. Para calcularlo, el INE parte de la cifra de negocios de las empresas y la deflacta, separando el efecto de los precios del de la producción real, además de simplificar la carga de información que deben aportar las compañías. Es un cambio metodológico razonable, pero no deja de ser una forma más precisa de medir lo mismo: un sector que lleva meses sin levantar cabeza.

La financiación, el problema que no deja de crecer

Si el diagnóstico de fondo ya era complicado, la parte financiera lo complica todavía más. Los costes hipotecarios siguen al alza y encarecen tanto la compra para el usuario final como la financiación de las propias promotoras, en un momento en el que ya no se vende la obra nueva con la alegría de las últimas campañas. Esa combinación —precios elevados, hipotecas más caras y ventas que se demoran— explica en buena medida por qué muchas constructoras, sobre todo las pequeñas, prefieren esperar antes que arrancar nuevos proyectos. No es solo un problema de suelo o de licencias: es un problema de rentabilidad y de riesgo que cada promotor calcula antes de mover una sola máquina.

Restringir la segunda residencia no convence al sector, pero ayudar al alquiler asequible sí parece un camino

En el terreno de las políticas públicas, las propuestas para restringir la compra de segunda residencia —especialmente a compradores extranjeros— no gustan nada al sector, que las ve como una medida que reduce demanda solvente justo cuando más falta hace. Tiene su lógica desde el punto de vista de la vivienda como derecho, pero también es cierto que retirar compradores del mercado sin ofrecer alternativas de producción no resuelve el problema de fondo. Más sentido parece tener apostar por ayudas para construir vivienda asequible en alquiler, una vía que incentiva la actividad constructora en lugar de limitarla, y que además apunta directamente al problema que de verdad urge resolver: la falta de vivienda accesible. Con un sector que encadena caídas, menos empresas activas y una financiación cada vez más cara, medidas que fomenten construir en lugar de solo regular parecen, cuando menos, la opción menos mala sobre la mesa.