El cemento, ese termómetro gris que mide mejor que muchas encuestas el pulso real de la economía, ha vuelto a dar una mala noticia. El consumo de cemento en España cayó un 8,1 % en septiembre y se quedó en 1.367.833 toneladas. Son 120.177 toneladas menos que en el mismo mes de 2025, según la última Estadística del Cemento publicada por Oficemen. Ya son tres meses consecutivos de descensos, así que no parece un tropiezo puntual. Hay una tendencia, y conviene mirarla con atención.
El dato importa más de lo que parece. Igual que el consumo eléctrico, el de cemento sirve para leer la marcha económica del país sin esperar a que lleguen los grandes agregados macroeconómicos. Cuando se vierte menos hormigón, se levantan menos viviendas, se ejecuta menos obra pública y se reforman menos naves y locales. El cemento no admite maquillaje: o se consume o no se consume.
El contraste con la primavera es llamativo. En abril de este año el consumo creció un 13,2% y todo hacía pensar que 2026 podía superar con holgura las previsiones del sector. Desde el verano, en cambio, el freno es evidente.
El crecimiento acumulado anual se modera al 3%
La caída de septiembre se nota en el balance del año. En los nueve primeros meses de 2026 se han consumido 12.364.731 toneladas, un 3 % más que en el mismo periodo de 2025, con una ganancia de 357.916 toneladas. La cifra sigue en positivo, pero el colchón que se acumuló durante el primer semestre se va gastando mes a mes.
El indicador de año móvil, que va de octubre de 2025 a septiembre de 2026 y suaviza los vaivenes del calendario, todavía da una imagen más favorable: 17.010.838 toneladas, un 6,5 % más que en el periodo anterior, es decir, 1.038.317 toneladas adicionales. Sin embargo, ese indicador arrastra los buenos meses de finales de 2025 y comienzos de 2026. Si el otoño mantiene el ritmo actual, también irá perdiendo fuerza.
La propia Elena Guede, directora general de Oficemen, no lo esconde: “El consumo de cemento encadena tres meses consecutivos de descensos. La caída del 8,1 % registrada en septiembre es más acusada que nuestras previsiones para este mes y confirma la desaceleración que venimos observando desde el verano”. Que la patronal reconozca que el dato ha sido peor de lo previsto dice bastante sobre el momento del sector.
También disminuyen las exportaciones
Mientras el mercado interior se enfría, el exterior no ayuda nada. Las exportaciones cayeron un 20 % en septiembre, con una pérdida de más de 68.000 toneladas. No es un mal mes aislado. Los indicadores de exportación llevan tiempo en negativo y el acumulado de los nueve primeros meses retrocede un 15,2 %: se queda por debajo de los tres millones de toneladas, 522.964 toneladas menos que en el mismo periodo de 2025.
El año móvil confirma la tendencia, con un descenso del 16,1 % hasta las 3.964.062 toneladas. La industria cementera española, que durante años usó la exportación como válvula de escape cuando la demanda interna flojeaba, ve ahora cómo esa salida se estrecha. Pesan la competencia de países con costes energéticos y medioambientales mucho más bajos y un marco europeo de emisiones que encarece cada tonelada producida aquí.
Las causas de este descenso y la previsión a fin de año
¿Por qué se frena el cemento justo cuando el país necesita construir más vivienda que nunca? Las causas parecen sobre todo estructurales. La construcción residencial sigue atascada por los mismos problemas de siempre: falta de suelo finalista, tramitaciones urbanísticas eternas, escasez de mano de obra cualificada y costes de materiales y energía que no han vuelto a niveles previos a la crisis inflacionaria. Hay demanda de vivienda de sobra, lo que falta es capacidad para convertirla en obra.
A eso se suma la obra pública, que depende del calendario político y presupuestario y que suele alternar picos y parones. Un mes como abril pudo responder al empuje de proyectos concretos, y lo de ahora podría reflejar que ese impulso se ha agotado sin relevo a la vista. El resultado es una actividad a trompicones, poco compatible con los grandes anuncios de planes de vivienda que se multiplican en los discursos.
Para el cierre del año, la referencia sigue siendo la previsión de Oficemen, que estimaba un crecimiento del 2 % en el consumo de cemento para el conjunto de 2026. Con el acumulado ya en el 3 % y tres meses de caídas encadenadas, no hace falta mucha imaginación para ver que el ejercicio puede acabar justo en esa cifra, o incluso por debajo si octubre y noviembre siguen la estela de septiembre. Sería un crecimiento modesto y muy lejos del entusiasmo de la primavera.
La lectura de fondo es incómoda. España arrastra un déficit de vivienda que se cuenta por cientos de miles de unidades, y el indicador más fiable de lo que realmente se construye va marcha atrás. Mientras no se agilicen licencias, se libere suelo y se resuelva la falta de trabajadores, el cemento seguirá contando la verdad que a veces no aparece en las ruedas de prensa: se habla mucho de construir, pero se construye bastante menos.