Los datos del Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible, recogidos por Europa Press, arrojan una imagen que invita tanto al optimismo cauto como a la preocupación persistente: los visados de dirección de obra de vivienda nueva alcanzaron las 24.991 unidades en los dos primeros meses de 2026, lo que supone un incremento del 9,26% respecto al mismo periodo del año anterior, cuando se contabilizaron 22.872 unidades. Una cifra que, a primera vista, suena bien. Casi un 10% más. Titulares fáciles para quien los quiera escribir.

Pero el diablo, como siempre, vive en los detalles. Porque si se mira el mes de febrero por separado, la música cambia de tono: solo en ese mes se concedieron 11.413 visados de obra nueva de vivienda, un 0,9% menos que en febrero de 2025. Es decir, que el acumulado del bimestre se sostiene gracias a un enero relativamente generoso, mientras que febrero ya empieza a mostrar la fatiga de un sector que sigue sin encontrar el impulso definitivo. Nadie debería extrañarse demasiado, pero tampoco debería mirarse hacia otro lado.

Los visados de obra nueva por tipología: el bloque tira del carro

Desglosando los datos por tipología, queda claro que el crecimiento no se distribuye de forma homogénea. La vivienda en bloque —pisos, en el lenguaje de toda la vida— concentra la mayor parte del empuje: 20.372 visados hasta febrero, un 10,24% más en tasa interanual. Son los que mueven la estadística, los que dan color al titular y los que, en teoría, deberían aliviar la presión sobre la demanda de alquiler en las grandes ciudades.

La vivienda unifamiliar, por su parte, registró 4.537 visados, con un crecimiento más modesto del 3,32%. Un avance real, pero menor, coherente con un mercado en el que construir una casa individual se ha convertido en un privilegio económico al alcance de cada vez menos familias, ya sea por el precio del suelo, los costes de construcción o la dificultad para obtener financiación.

Hay además una categoría residual —82 visados para otro tipo de edificaciones no encuadradas en las categorías principales— que contrasta con el único visado registrado en el mismo periodo del año anterior. Un dato anecdótico en términos absolutos, pero que refleja cierta diversificación en las tipologías que se están visando.

Si se desagrega solo el mes de febrero, la vivienda unifamiliar aguantó mejor el tipo con 2.366 visados, un 4,74% más, mientras que la vivienda en bloque retrocedió hasta los 9.045 visados, un 2,29% menos que en febrero de 2025. Ahí está la señal de alerta real: el segmento que más vivienda produce, el que más necesita el mercado, es también el que primero afloja el paso en cuanto el contexto aprieta.

Lo que dicen los visados sobre la superficie construida

Los datos de superficie media aportan otro ángulo de lectura. En enero, las viviendas unifamiliares alcanzaron una superficie media de 185,6 metros cuadrados, mientras que las viviendas en bloque se situaron en torno a los 102,2 metros cuadrados. La brecha entre ambas tipologías no es ninguna sorpresa, pero conviene tenerla presente: el mercado residencial está construyendo, en su mayoría, viviendas de tamaño medio-estándar en altura, lejos de los pisos de 60 metros cuadrados que protagonizan las peores historias del mercado del alquiler, pero también lejos de poder resolver el problema de acceso de los perfiles más vulnerables.

Una superficie media de algo más de cien metros cuadrados para la vivienda en bloque sugiere que el sector sigue orientando buena parte de su producción hacia segmentos de demanda media-alta, no precisamente hacia los compradores o inquilinos que más aprieta la crisis de vivienda. El mercado construye lo que puede vender. Y lo que puede vender, a estos precios, no es precisamente vivienda asequible.

 ¿Qué cabe esperar del resto del año extrapolando estos primeros meses?

Proyectar el comportamiento anual a partir de dos meses siempre tiene sus riesgos, pero los visados son un indicador adelantado y su evolución en el arranque del año dice cosas. Si el ritmo del bimestre se mantuviese, el sector podría cerrar 2026 en torno a los 150.000 visados de obra nueva, una cifra que mejoraría lo registrado en años recientes pero que seguiría muy por debajo de las necesidades estimadas por organismos como el Banco de España, que ha situado la demanda potencial en cifras notablemente superiores.

El problema es que febrero ya ha enseñado las orejas. Si el enfriamiento de ese mes se consolida en los siguientes trimestres, el acumulado anual quedaría por debajo de lo que el bimestre prometía. Y hay razones para pensar que la desaceleración no es un accidente puntual: los costes de construcción siguen siendo elevados, el acceso al crédito promotor no ha mejorado sustancialmente, y la demanda solvente tiene un techo que los precios actuales están empezando a rozar.

Los visados suben en el papel, pero el mercado de vivienda nueva sigue sin producir lo suficiente ni al ritmo necesario. El 9,26% de incremento acumulado en enero y febrero es una buena noticia relativa en un contexto de escasez estructural. Lo que estos datos no pueden ocultar es que, al paso que vamos, 2026 volverá a terminar con menos vivienda nueva de la que el país necesita. Y eso, a estas alturas, ya no sorprende a nadie. Lo preocupante es que tampoco parece urgir a quien debería urgir,