El pasado día 14 de octubre, con nueve valores diarios del Euríbor a doce meses, se obtenía un valor medio del índice de -0,458, situándose ya en los albores de una nueva catástrofe para los bancos, aunque nieguen la posibilidad. Son los diferenciales menores del 0,45%, que ya comienzan a ser abundantes los problemáticos. Tendrían un balance negativo en las hipotecas y los bancos tendrían que pagar intereses en lugar de cobrarlos, pero las entidades españolas lo niegan y aseguran que el suelo es el 0%.

En una muestra del dislate que los tipos de interés negativos están produciendo en el negocio bancario. Las entidades han comenzado a cobrar por los depósitos y si la ley fuera igual para todos- que hablando de la banca jamás lo es-  deberían comenzar a pagar a los clientes cuyas hipotecas de tipo variable han quedado en negativo. De momento estos hipotecados han dejado de pagar intereses, pero si la situación se prolonga podría haber un vuelco.  Sobre todo porque el diferencial más bajo al que se firmaron las hipotecas en España ronda el 0,17% y de ahí para arriba. Así que en estas hipotecas ya se aplican intereses negativos.

Todo comenzó el mes de marzo del 2016, cuando el Banco Central Europeo fijó sus tipos de interés en el 0%, es decir, comenzó a prestar dinero a las entidades financieras de forma gratuita. A la vez, el BCE mantiene la facilidad de depósito en el -0,5% desde el mes de septiembre del pasado año. Esto quiere decir que las entidades financieras deben pagar un interés del 0,5% si quieren depositar allí su dinero. Eso sí, a partir de un mínimo estipulado. Es decir, tienen dinero muy barato, gratis, pero tienen que pagar para guardarlo en la caja fuerte. Por eso se lo prestan entre ellos con intereses negativos, aunque menores que los que les cobraría el BCE.

Para soslayar el problema las entidades financieras esgrimen que la nueva Ley Reguladora de Contratos de Crédito Inmobiliario, que entró el 16 de junio del 2019, asegura que los tipos de interés no podrán ser negativos, al precisar algo que ya está en la naturaleza del contrato de préstamo, donde se ha pactado un tipo de interés como contrapartida a la financiación obtenida”, señala José Luis Martínez Campuzano, portavoz de la Asociación Española de Banca (AEB).

Pero muchos abogados, de esos que han tratado a los bancos de tú a tú y les han echado abajo el negocio de las cláusulas abusivas, aseguran que la ley no tiene carácter retroactivo y habrá que mirar cada contrato hipotecario anterior para ver si lleva incluida esa cláusula 0%, que ya algunos bancos como el BBVA, previendo una situación adversa,  comenzaron a poner hace unos cinco años. De momento, el Banco de España no ha emitido una decisión válida para todo el sistema financiero acerca de cómo deberían actuar los bancos cuando las tasas de interés sean negativas.

Pero con esta taxativa declaración en la que afirman que no van a pagar nada por esos diferenciales negativos, ya que “es un contrasentido pagar a un usuario que tiene una hipoteca”, nuestros queridos amigos bancarios vuelven a aplicar la ley del embudo que les gusta tanto. Y es que al revés si que lo practican.

Porque ya no es sólo que el BCE les cobre dinero por depositar capitales en sus cuentas, es que ellos ya están cobrando a las empresas y administraciones por los depósitos que superan una cierta cantidad. Comenzó a hacerlo Bankia y le siguieron CaixaBank, Bankinter, BBVA y Sabadell. Todos reconocen que están cobrando por los depósitos de grandes empresas , pero que no tienen ningún plan para extender este cobro a los particulares, autónomos o microempresas. Esta posibilidad es una línea roja que ninguno quiere traspasar.

Las familias españolas huyen de las imposiciones a plazo y prefieren la liquidez y los depósitos a la vista. De esta forma tienen en depósitos a plazo casi 150.000 millones de euros, contra algo más de 700.000 millones de euros en cuentas a la vista, según datos del Banco de España.  La rebaja hasta prácticamente cero de la remuneración de los depósitos y la creciente aversión al riesgo de las familias españolas, cada vez más preocupadas por la crisis económica producida por la pandemia, está incrementando la capacidad de ahorro y acelerando el trasvase de estos ahorros a cuentas a la vista.

Estos depósitos se han convertido en un activo refugio, y la banca se aprovecha de esta particular inquina de los españoles a los productos de riesgo…demasiados escarmientos ha habido. Por ello nuestros banqueros pagan las menores remuneraciones de la zona euro sin que los españoles cambiemos de costumbres. Un 0,06% a particulares y el 0,16% a empresas, mientras que la media de la zona euro está en el 0,52% al pequeño ahorrador y el 0,35% a la empresa.

La misma tónica sucede con las hipotecas, que están entre las más caras de la eurozona. En concreto con un 2% de interés de media en España frente al 1,50% en la zona euro, debido sobre todo a esa nueva moda, que impulsada por la banca,  nos está decantando hacia las hipotecas de interés fijo.

La actual situación tiene toda la apariencia de no ir a ser pasajera. El BCE no se plantea subir los tipos de interés. No lo hizo hace un año cuando la situación era bastante mejor que la actual y ahora, con la absoluta fragilidad económica que ha traído el coronavirus, podría ser que tardara varios años en hacerlo, al menos hasta que la recuperación sea un hecho. Es más, las ingentes cantidades de dinero que se van a destinar a la recuperación europea podrían profundizar el negativo del Euríbor.

La banca influyó para que se incluyera la cláusula 0% en la nueva legislación bancaria, pero hay dudas de que sea legal. Esta cláusula establece que el interés más bajo, proporcionado por la suma del Euríbor más el diferencial aplicado, nunca podrá ser inferior a 0. Y con ello se curaban en salud cuando ya veían lo que venía, de tener que discutir la situación con un Euríbor a la baja. Pero la medida no está limpia de sospecha y ha generado una fuerte controversia entre la banca y las asociaciones de consumidores. La discusión recuerda demasiado a la de la cláusula suelo.

Las asociaciones de consumidores, OCU, Facua, Asufin…estiman que si la banca aplica de forma automática las subidas de tipos cuando las hay, también debe aplicar de la misma forma las bajadas, aunque perjudiquen sus intereses entrando en terreno negativo. Y es que, aseguran, no se altera la intención del préstamo ya que calculando sus resultados desde la constitución, siempre será favorable para la banca. Además, como en el caso de la cláusula suelo, el embudo funciona en una dirección y no existe una cláusula techo que iguale las condiciones y deje los riesgos repartidos entre las partes, como sucedió en el resto de las cláusulas consideradas abusivas.

Y ya han avisado que si la situación se hace perjudicial para los derechos de los consumidores saldrán a defenderlos como en los anteriores casos, para conseguir que los bancos cumplan los contratos y eliminen los abusos.

Por supuesto las entidades financieras dicen que de eso “naranjas de la China”, que un préstamo está para reportar beneficios y que la cláusula suelo del 0% es legal. Que no puede ser abusiva porque hay información clara y suficiente.

Y como los expertos, comenzando por el Banco de España que no se pronuncia, aseguran que hay un vacío legal, madre y padre de todos los juicios, y que las diferentes interpretaciones que se dan por las distintas partes, asociaciones y entidades financieras, son muy distantes,  no pueden llegar a otra situación más que a un nuevo juicio contra las prácticas bancarias. Hecho al que ya estamos muy acostumbrados.

Existen 300.000 millones de euros en hipotecas referenciadas al Euríbor, que han sido hasta ahora una de las principales fuentes de ingresos de las entidades financieras.  Pero la tortilla se ha dado la vuelta y esos beneficios obtenidos podrían empezar a desplazarse en la otra dirección, la de los hipotecados. Para evitarlo la banca ya ha puesto en marcha a funcionar su particular modo de ver las cosas, la ley del embudo. En años pasado y para incrementar sus beneficios manipuló el Euríbor perjudicando a los consumidores y apenas supimos nada de aquello.

Vista la incapacidad de nuestro Tribunal Supremo para juzgar con equidad cuando los intereses de la banca están en juego, y si la situación del Euríbor continúa avanzando en el terreno negativo, la discusión podría terminar en el TJUE, que ya debe estar hasta las narices de nuestro sistema financiero.

Eduardo Lizarraga

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