Ya sea por la escasa o nula rentabilidad de los depósitos, ya por el consumo doméstico que está desbocado, o que los sueldos son bajos, el caso es que los ahorros de las familias españolas han cerrado 2018 en mínimos históricos. Y la situación es preocupante si como parece confirmar el enfriamiento de la economía, estamos abocados a un periodo de vacas flacas. De acuerdo a los datos publicados por el Banco de España, el porcentaje que las familias guardan de su renta disponible se situó en el 4,85%, el dato más bajo desde que arrancan las series a mediados de los sesenta. Estamos en una situación contraria de lo que pasó en la crisis, cuando se disparó el ahorro y la amortización de hipotecas.

Sin embargo, es preciso señalar que la deuda no ha aumentado y ello es debido a que las familias están tirando de ahorros para pagar los excesos del consumo. Las amortizaciones de hipotecas se igualan con lo que está subiendo el nuevo crédito hipotecario y los préstamos al consumo. En relación al PIB, la deuda ya se acerca a cotas europeas.

Esta situación particular de nuestro país, en donde el consumo ha subido más que las rentas, es la causa principal de la fortaleza de la economía española respecto a la de países de nuestro entorno. En España ahorramos con el ladrillo y este está subiendo de precio de manera regular. El consumo, y el Banco de España ya ha advertido a los bancos de que deben endurecer sus condiciones, debería ralentizarse en los próximos meses, sobre todo si tenemos en cuenta que más tarde o temprano los tipos de interés comenzarán a subir.