La vuelta del verano ha traído, como era de esperar, un aluvión de información económica de la situación originada por la pandemia. Y con ser importante el dato de los 800.000 empleados que siguen en ERTE o el descalabro turístico de julio al que le seguirán los peores datos de la historia en agosto, todo ha quedado eclipsado por la prevista fusión de Bankia y Caixabank y con ella el nacimiento del mayor grupo bancario por activos en España (650.000 millones de euros) y el décimo en la UE. Un hecho del que se habla desde el año 2011, pero que ahora, en el 2020, tiene una enorme trascendencia, no sólo en el campo económico, sino también en el político y el social. El Estado pasaría de tener el 61,81% de Bankia, a poseer el 14% de la nueva entidad resultante, cuyo principal accionista sería Fundación La Caixa, que tendría en torno a un 30%.

Hace ya meses que desde el BCE, Luis de Guindos, hablaba de lo conveniente que sería una mayor concentración bancaria en España, queda por saber para quién es conveniente, porque algunas cosas de la idoneidad de la fusión no están muy claras. Por ejemplo que el sector bancario español es ya uno de los más concentrados de Europa.

Lo que parece evidente es que con los tipos de intereses actuales, que parece van a prolongarse en el tiempo, la posibilidad de ganar dinero con el tradicional modo bancario de captarlo y venderlo, puede quedar muy corta. Y ya lo llevamos sufriendo un tiempo con el incremento de todo tipo de comisiones. Sin hablar de las provisiones que ya han comenzado a hacer los bancos por la crisis de morosidad que traerá la pandemia.

Con lasfusión habrá un ahorro de costes, se generarán sinergias y mayores posibilidades por el mayor tamaño, aunque siempre es preciso contemplar el riesgo que tiene la quiebra de un banco de ese tamaño, que se llevaría por delante al Estado…y la crisis económica del coronavirus no sabemos la profundidad que puede tener. Caixabank y Bankia no son complementarios sino que su negocio es muy similar y apenas tienen proyección fuera del mercado español. Una crisis prolongada puede ponerles en dificultades, tanto si van por separado como juntos.

Por supuesto nadie habla de la conveniencia para los consumidores, que perderán por la mayor concentración; menor competencia, cierre de oficinas bancarias, pérdida de puestos de trabajo y tejido comercial e inmobiliario. Es preciso saber que entre Santander, BBVA y la nueva Caixa-Bankia ya suponen entre el 60% y el 70% del negocio bancario en cualquiera de sus aspectos.

Pero vayamos por partes. Hace ya más de 8 años, el Gobierno del Partido Popular rescató a Bankia, que tras su salida a bolsa en julio del 2011 iba a la quiebra, con 22.424 millones de euros y a la absorbida BMN con otros 1.645 millones. De toda esta enorme suma sólo se han recuperado contablemente 3.800 millones a través de dos procesos de venta parcial y vía dividendos, en concreto 346 millones desde Bankia y 143 desde BMN. Por venta de participaciones en BFA en 2014 y 2017, han llegado 2.122 millones. Y otros 961 millones en dividendos entre el 2014 y el 2018. Si la fusión se realiza con las valoraciones con las que se comenzó a hablar, una prima del 20%, se ingresarían otros 3.000 millones, pero los hombres de Gortázar están buscando excusas, sobre todo en la reputación de la entidad, dañada por los juicios que ya ha tenido y los que vienen y ofrece ahora el 15%.

La participación de dinero público en Bankia, que es de casi el 62%, vale hoy a precios de mercado, con la acción a 1.376 euros, tan sólo 2.583 millones. Situación muy distinta a la del primer semestre del 2014, cuando los títulos se situaban por encima de los 6 euros y el capital alcanzaba los 10.000 millones.

Y si en el aspecto económico la situación es complicada, en el político lo es aún más. Los dos socios de Gobierno tienen diferentes pareceres en cuanto a lo que debería ser Bankia. Podemos lo ha dicho muchas veces, quiere un banco público que garantice los derechos de los usuarios a través de una institución ética y libre de fraudes y abusos.

Y buscando un culpable de la situación devenida parece que la vicepresidenta tercera y ministra de Asuntos Económicos y Transformación Digital, Nadia Calviño, tiene un mucho que ver en el asunto del que Pablo Iglesias se ha enterado casi por la prensa. Está claro que se quiere decir a Bruselas que esté tranquila, que la situación económica está controlada y que las entidades nacionalizadas tras el rescate se volverán a privatizar lo antes posible, como se prometió.  Aunque se puede observar un curioso doble rasero ya que muchos países europeos tienen una banca pública y que funciona bien. Algunos ejemplos son Alemania, Francia, Italia, Suiza, Los Países Bajos o Holanda.

Ahora en el Gobierno vuelve a haber un desencuentro importante, tanto por la importancia social que Podemos daba a Bankia, en su afán de convertirla en banca pública, como por la argumentación de uno de sus discursos más redundantes, en los que acusa a la banca de contar con demasiados favores políticos, demasiado poder y un manifiesto control de los medios de comunicación. Para qué hablar del problema de los desahucios, que es una de las principales reivindicaciones de todo el sector de izquierda amalgamado en Podemos.

El aspecto social de la operación Bankia-Caixabank también es algo complicado. Sin temor a equivocarnos podemos asegurar que la fusión hará desaparecer numerosas oficinas, con la consecuente pérdida de miles de empleos y el deterioro de la ya mermada atención al consumidor, que durante los últimos años y sobre todo en poblaciones pequeñas, ha sufrido el cierre de muchos estos locales.

Los mercados se alegraron mucho con la noticia y las acciones de Bankia subieron un 30%, junto con un 10% las de CaixaBank y cantidades menores el resto del sector bancario contagiado por la euforia. Los analistas se entusiasmaron hablando de reducción de costes y mejora de la rentabilidad, que beneficiará a los accionistas y al capital. Pero nadie mencionó cuantos de los 51.000 empleados resultantes se quedarán sin trabajo -podrían ser hasta 10.000- y cuántas de las 6.000 oficinas que entre ambos bancos tienen en nuestro país echarán el cierre. Siempre me he preguntado porqué lo bueno para la Bolsa tiene que ser necesariamente bueno para las personas de éste país.

Pero el pase de Bankia a CaixaBank, que no tiene mucho ni de social ni de ética, tiene más puntos negativos y que harán sufrir a muchos españoles en los próximos años.  Es el problema de la vivienda, con una crisis económica y laboral que está entrando al galope y nos afectará de lleno este otoño, el que más preocupa. Bankia dispone de 3.766 viviendas en alquiler social, que podrían no renovarse y venderse a fondos buitre, como ha ido haciendo Caixabank estos últimos años.  No es que la entidad de Goirigolzarri sea un modelo a seguir, que tras la crisis hipotecaria ha vendido 7.399 viviendas procedentes de subastas judiciales a fondos como Lone Star, Cerberus y Kruk. Y este agosto ha contratado a Anticipa (Blackstone) para para gestionar una cartera de 2.000 hipotecas y viviendas.

Caixabank no sólo tiene intereses en la sanidad privada o en empresas de suministros básicos, sino que además ha gestionado la mayor parte de sus viviendas y deudas hipotecarias junto a fondos buitre (Cerberus, Lone Star), creando sociedades inmobiliarias como Coral Homes que se niegan a dar alquileres sociales.

La entrega de Bankia a Caixabank, para aliviar la situación de los bancos del IBEX y que aguanten la crisis económica derivada de la pandemia, con beneficios  y subiendo el valor de sus acciones, es una muestra más de la política que con la banca y las grandes empresas se sigue en nuestro país:  socializadora con el reparto entre todos de las pérdidas y capitalista con los beneficios que siempre quedan para ellos. Es el  conocido «modelo Florentino».  Con Bankia se vende un patrimonio que es de todos, en beneficio de unos pocos y se deja pasar la ocasión de disponer de una banca pública que será muy necesaria para que el país y sus gentes puedan pasar, con los menores daños posibles, los procelosos tiempos que vienen.

Eduardo Lizarraga

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