Desde el año 2002 se estaba hablando de la burbuja inmobiliaria, pero España siguió empecinada en hacer dinero fácil ayudada en el empeño por la cuadrilla banqueros, políticos, especuladores y grandes constructoras. Estas ultimas fueron las más inocentes y sus deudas fueron suyas de principio a fin. Políticos y banqueros han sido más listos y se han protegido poniendo al país por delante. Así a los bancos se les ha rescatado con dinero público, facilitado por el poder político y a los partidos/políticos ni se les ha pedido ni se les pedirá que devuelvan lo obtenido.
Y así llevamos ya siete años de continua bajada en el valor de la principal riqueza de las familias españolas: el piso en el que viven. El pinchazo de la burbuja inmobiliaria ha traído también como principal consecuencia la destrucción de los casi 3,6 millones de empleos destruidos durante esta larga crisis a la que aún no vemos el final. Pero no sólo tiene el paro como consecuencia, también es la principal causa de los problemas fiscales del estado y del rescate a la banca. Podríamos seguir hablando de las consecuencias de ésta mala gestión del país, que comenzó con Aznar, siguió con Zapatero y continúa con Rajoy. Baste un apunte importante y es que el sector construcción secuestró una serie de recursos financieros que deberían haberse dedicado a fortalecer nuestro tejido industrial y sin embargo metimos esos recursos en ladrillos y ahí están: devaluándose todos los días.
Esta situación, según Bruselas, todavía tiene que dar serios quebraderos de cabeza a los particulares, empresarios, banqueros y gobernantes españoles. Esto es lo que señala al menos un informe de la Comisión europea al respecto.
“El ajuste del sector ha sido notable, pero aún no ha tocado fondo”, según el análisis de la Comisión. Pese a que la caída del precio de los pisos se aceleró en 2012, el número de viviendas en venta es aún muy elevado: 700.000 pisos nuevos esperan comprador. La atonía de la demanda no mejora: la incertidumbre, la crisis y el paro pasan factura, con la disminución de la renta disponible de los hogares y un preocupante descenso de población. Y los problemas de la banca hacen el resto: “Las condiciones financieras restrictivas y las expectativas de nuevas disminuciones de precios contribuyen también a deprimir la demanda”, apunta el informe, que señala otras causas como la retirada de la deducción para compra de vivienda y la presencia del banco malo —Sareb— en el mercado, deseando deshacerse de los activos tóxicos de la banca.
La estabilización de los precios de la vivienda no llegará hasta 2014, al menos como media: las condiciones son considerablemente diferentes en las distintas autonomías. En general Bruselas constata que a España aún le queda un trecho en esa larga travesía del desierto, desde que las primeras caídas de precios se registraran allá por 2008. Esta vez no es diferente: la historia económica demuestra que cuando un país se enfrenta a un pinchazo inmobiliario acompañado de una crisis financiera aguda —y España es un caso de libro—, el ajuste tarda siete años en completarse.
Los efectos de las rebajas de precios son múltiples y están interconectados. Los hogares, las empresas y los bancos siguen expuestos a unos altísimos niveles de endeudamiento en un activo que pierde valor a pasos agigantados. Los fallidos siguen aumentando, a pesar de los esfuerzos realizados para reducir el endeudamiento de toda la economía. España, en fin, continúa empobreciéndose conforme sigue cayendo uno de los activos en los que cimentó su crecimiento de finales de los noventa y buena parte de la década pasada: “La riqueza total sigue siendo elevada en comparación con la media internacional, pero las perspectivas a corto plazo, tanto para los ingresos como para el patrimonio, son negativas, ya que el desempleo sigue en aumento y se prevé que se mantenga la tendencia a la baja de los precios inmobiliarios”, indica el estudio.
Los precios casi se triplicaron entre 1997 y 2008: la caída en términos nominales (sin descontar la inflación) se sitúa en el 31%, y en términos reales en el 38%, por lo que aún queda margen pese a que las rebajas se han acentuado en los últimos trimestres.
Si por el lado de la demanda la situación es preocupante, por el lado de la oferta tampoco hay signos para el optimismo: la caída de la inversión y el empleo en el sector de la construcción continúa, impulsada por el descenso de la construcción de viviendas. La cuota de la inversión en vivienda en el PIB total cayó del 12,5 % del PIB en 2006 al 5,3% en 2012, por debajo del mínimo histórico del 7% alcanzado en 1997. Y el ajuste aún no ha concluido, a pesar de que el peso del empleo en la construcción es el más bajo desde 1976. “El sector podría no tocar fondo hasta 2014-2015”, según los negros augurios de Bruselas.
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