Transcurrido un mes de la catastrófica DANA que ha asolado Valencia, causando también daños y muerte en Castilla La Mancha y Andalucía, los daños humanos son terribles, con 222 fallecidos y cuatro desaparecidos, que podrían ser más, porque siempre puede haber algún pobre desgraciado por partida doble, que haya desaparecido y que nadie se haya dado cuenta. En cuanto a los daños materiales poco se puede concretar porque cada día que pasa vuelven a subir.

Han sido 75 los municipios afectados por la DANA en la provincia de Valencia, con algo más de 1,8 millones de residentes. Daños débiles en la ciudad de Valencia, concentrados en los barrios cercanos al nuevo cauce del Turia, pero terribles en los municipios más afectados como Catarroja, Paiporta, Chiva, Massanassa o Alfafar.

Las cifras económicas de Valencia tras la DANA

Haciendo un pequeño recuento de los grandes capítulos, en total se estiman en más de 120.000 los domicilios situados dentro de las zonas damnificadas y de los que casi 80.000 podrían estar afectados con daños que fácilmente superarán los 2.500 millones de euros. Es preciso subrayar que tres de cada diez viviendas perjudicadas por la DANA en Valencia fueron construidas en zonas inundables.

Por otro lado, el Ejecutivo estima que la DANA afectó a unos 125.000 vehículos. Una destrucción masiva de los automóviles de los vecinos afectados en l’Horta Sud, que se pretende paliar con un plan para la renovación del parque automovilístico dañado, dotado con 465 millones de euros.

Además, la Diputación de València calcula daños en infraestructuras y servicios de la provincia por un valor superior a 1.300 millones de euros.

En la misma zona, que concentra una parte importante del tejido industrial valenciano, cerca de 2.400 empresas y 2.888 naves y locales industriales se han visto seriamente afectadas, las cuales suponen el 20% del total de la provincia de Valencia. Empresas que generan más de 7.000 millones de euros anuales de facturación y dan empleo a más de 30.000 personas.

Y siendo terribles los daños en vehículos y en infraestructura empresarial, los vecinos se enfrentan a un problema inmobiliario que puede tardar mucho en resolverse y es que, con la actual situación de falta de vivienda en venta y más aún en alquiler, parece que llueve sobre mojado.

Las medidas del Estado para aportar ayudas

El Ejecutivo, a través de los distintos ministerios implicados, está en contacto con la Comisión Europea, a la que se ha pedido que se pongan en marcha todos los mecanismos que están a disposición de los Estados miembros cuando sucede un desastre de esta naturaleza, como en las inundaciones sufridas en 2021 por Alemania y Bélgica.

Estos mecanismos de ayuda tienen que ver con la utilización del Fondo de Solidaridad de la Unión, la reasignación de fondos estructurales y los préstamos del Banco Europeo de Inversiones, todo con el objetivo de relanzar la economía de la zona afectada en el menor tiempo posible.

El ministro de Economía, Carlos Cuerpo, aseguraba hace unos días que se han contabilizado más de 202.000 reclamaciones al Consorcio de Compensación de Seguros por daños de todo tipo, entre los que sobresalen los vehículos y las viviendas.

El Ministerio de Vivienda y Agenda Urbana, a través del SEPES, ha destinado 25 millones de euros que la entidad pública utilizará para adquirir inmuebles que estén en condiciones de ser ocupados de forma «inmediata» o en un plazo «compatible» con la «urgencia» de la tragedia. SEPES busca viviendas ubicadas en alguno de los 75 municipios afectados, que estén listas para vivir o necesitadas tan solo de pequeñas reformas y que no se encuentren en zonas inundables.

Seguros, ayudas, subvenciones, créditos blandos… todo va a ser necesario para paliar los efectos de la DANA y que la población afectada salga adelante lo más pronto posible, porque el calvario puede resultar demasiado largo.

El alojamiento de los afectados es prioritario

En los días siguientes a la aciaga jornada, muchos de los afectados encontraron acogida en casas de familiares y amigos, pero, conforme van pasando las semanas, se extiende la percepción de que en muchos casos la situación de estar sin casa puede prolongarse demasiado.

Y no solo porque en muchos casos los daños estructurales o de cimentación de las viviendas afectadas aconsejan su demolición, lo que junto con las que directamente arrasó el agua dejan el parque de viviendas muy disminuido, sino porque en otros muchos casos inmuebles aparentemente en buen estado son imposibles de habitar porque las redes de alcantarillado están colapsadas.

De esta manera los vecinos comienzan a buscar vivienda en otras zonas, produciéndose una migración hacía l’Horta Nord, donde ya sea en venta o en alquiler, los precios están subiendo. Un mercado que ya estaba tensionado lo va a estar aún más.

Nadie quiere vivir en las zonas inundables por un riesgo que ya es muy real. Por eso, el mercado inmobiliario va a cambiar en función de la seguridad y los mapas de riesgo, con bajadas de precio en las zonas de inundación e incrementos en las consideradas seguras.

Por si fuera poca la situación de ausencia de oferta que se está viviendo estos últimos meses, habrá que sumarle la desaparición de las viviendas afectadas y el incremento de demanda en zonas seguras.  El mercado va a quedar muy parado durante un tiempo, lo que va a ser desastroso para las inmobiliarias de la zona.

En la catástrofe se pueden ver todos los comportamientos

Todos hemos podido ver estas pasadas semanas ejemplos de heroísmo y de comportamientos que van mucho más allá del civismo. Como si las catástrofes y penalidades sacaran lo mejor de nuestro interior, hemos contemplado rescates arriesgados y personas compartiendo lo que tenían alrededor de improvisadas cocinas de campaña. También la constante riada de voluntarios desde Valencia y otras zonas libres del barro, que armados de palas, cubos y cepillos, junto con botellas de agua y lo que pudieran llevar a sus espaldas, se acercaban todos los días a dar lo mejor de sí mismos en las zonas afectadas.

Pero también se ha podido comprobar el polo opuesto, el que quiere aprovechar la desgracia ajena para hacer caja. Y me refiero a la inmobiliaria que montó su chiringuito para captar viviendas entre los afectados. Con la milonga de que estaban en contacto con los colegios notariales, los comerciales de EXPERCASA, enfundados en una camiseta verde en la que también se podía leer la palabra voluntario, se prestaban a realizar los trámites para recuperar las escrituras de las casas arrasadas por el lodo. Tomaban los datos de los interesados con bolígrafo en una libreta y a continuación iniciaban la captación para vender las viviendas de los afectados.  La inmobiliaria parece que tiene varias oficinas en Valencia registradas a nombre de Jolema SL.

No ha sido el único ejemplo de hasta donde puede llegar la degradación de las personas, que también hay ya ofertas de 20.000 euros por casas afectadas. Como siempre, los buitres revolotean tras el desastre.

La DANA debería marcar un punto de inflexión en los planes urbanísticos

La DANA del pasado 29 de octubre ha mostrado trágicamente lo vulnerable que puede ser el sector inmobiliario ante una catástrofe. Factores como zonas de inundación deberán preverse en el futuro a la hora de realizar los planes urbanísticos, porque seguro que los compradores y más las compañías de seguros, los van a tener en cuenta, buscando en otras localidades, subiendo las primas a las viviendas en determinadas zonas o negándose directamente a asegurarlas.

Con tan sólo ver las imágenes del barro y los daños causados, los inversores, compradores y promotores que tuvieran en su objetivo l’Horta Sud deben haber ya reconsiderado su opción. El riesgo y la creciente virulencia y frecuencia de estos fenómenos meteorológicos ya se ha incluido en las propuestas de inversión que irán a zonas consideradas seguras. Las escasas promociones ya en marcha no van a tener una buena publicidad y tal vez tendrán que tocar sus precios a la baja, aunque el coste final se incremente.

Con estas premisas y los mapas de riesgo existentes, el precio de muchas de las viviendas situadas en zona inundable caerá drásticamente, al menos en los próximos años,  hasta que si no vuelve a pasar nada la DANA se olvide. Pero tengo el presentimiento que, al igual que el Caribe entra en temporada de huracanes, el Mediterráneo, sobre todo el occidental y el oriental por su cercanía a zonas de llegada de bajas presiones y temperaturas frías, podría entrar en meses de DANAs al finalizar el verano.

La ausencia de vivienda en venta o alquiler va a volverse dramática

Y si el mercado inmobiliario de la compraventa va a experimentar fuertes cambios, con bajadas y subidas de precio según el mapa de riesgos, el mercado del alquiler va a sufrir mucho más, sobre todo en estos dos próximos años. En Valencia capital no hay apenas oferta de obra nueva y el mercado del alquiler está disparado. La solución más plausible para muchos de los afectados que no quieran alejarse demasiado de Valencia o de sus puestos de trabajo es l’Horta Nord, con sus buenas comunicaciones o la comarca del campo del Turia. Para algunos será temporal, mientras dure la rehabilitación de sus viviendas, para otros definitivo.

Ante esta situación, la Generalitat deberá aprobar a la mayor brevedad posible su plan de VPO. rebañar viviendas donde las encuentre, y ponerse manos a la obra con rapidez, porque se necesita y se va a necesitar mucha más vivienda asequible y segura.

Tampoco va a poder dejar en el olvido negacionista la incorporación de planes que incorporen infraestructuras de prevención como tanques de tormenta, sistemas de drenaje naturales, protección de las infraestructuras en zonas de riesgo y el diseño de prácticas sostenibles en las zonas naturales. Si Japón tiene un protocolo de construcción muy avanzado frente a los terremotos, determinadas zonas de España debieran protegerse frente a fenómenos meteorológicos como DANAs o temporales marítimos como Gloria.

Quien hace un cesto hace ciento

Cuestión aparte es considerar qué si Carlos Mazón fue, con su negligencia irresponsable, causante de muchas de las muertes acaecidas por no dar la alarma a tiempo y desaparecer en las horas cruciales, puede no ser el presidente que se necesita para dirigir la recuperación. Un esfuerzo que debe contemplar muchos de los conceptos qué hasta ahora, tal vez por influencia de sus necesarios apoyos parlamentarios, ha ignorado. Más que nunca parece necesaria la desaparecida Unidad de Emergencias Valenciana… ¿la volverá a crear? ¿entenderá que los costes de las infraestructuras hidráulicas son más necesarios que las escuelas y festejos taurinos? ¿qué un director de riesgos debe ser un experto en la materia y no un enchufado? ¿que los asesores deben ser profesionales y no cuñados?  ¿que el dedo está para rascarse y no para repartir contratos? Yo creo que no.

En poco tiempo el beneficio económico volverá a aparecer sin tapujos y contemplaremos la repetición de los errores interesados, se volverá a edificar en zonas inundables, se especulará con terrenos ganados al mar, se construirán en primera línea hoteles y apartamentos, se llenará la costa de espigones y puertosdeportivos que cambien la dinámica de las corrientes…Se hará más caso a los negacionistas, que redoblan sus esfuerzos con argumentaciones tan vacías como la de un señor mayor de barba cenicienta que, andando entre el barro, aseguraba que las DANAS no existen, que en Valencia siempre han sido riadas y que el cambio climático es para asustar… -como si el nombre tuviera importancia-,  que a los científicos que aseguran un recrudecimiento en intensidad y frecuencia de estos fenómenos meteorológicos.

Y no pasará nada, porque cuando llegue el próximo desastre la culpa será de un fallero que pasaba por allí.  Los muertos salen demasiado baratos porque nadie se hace responsable y al final el botín económico es demasiado jugoso y los buitres numerosos para que te permitan dimitir.

Periodista económico

Eduardo Lizarraga

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